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La
muerte de una ofensa nacional
Hablemos del cierre del basurero de Mariona
Héctor Silva*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Por
más de 11 años, los habitantes de las ciudades de
Quezaltepeque, Nejapa y Apopa experimentaron la pesadilla de vivir
cerca o pasar diariamente frente al basurero de cielo abierto más
grande que jamás tuvo El Salvador: Mariona.
Inaugurado en 1991 por el gobierno municipal de la época,
recibió un aproximado de 1500 toneladas de basura diarias,
procedentes de las catorce municipalidades del Área Metropolitana
de San Salvador (AMSS), incluyendo desechos peligrosos hospitalarios,
industriales y domiciliares.
Cuando llegamos a la Alcaldía en 1997, contenía más
de 3 millones de toneladas de basura -no cabía una libra
más-, generando altos grados de contaminación en el
subsuelo y en la atmósfera y, por tanto, contribuyendo a
deteriorar aún más la salud pública.
Ello nos llevó a hacer malabares para ampliarle la vida útil
mientras buscábamos soluciones coherentes con las necesidades
ambientales del nuevo milenio no sólo para la capital, sino
para el AMSS.
En efecto, San Salvador y los municipios miembros del Proyecto Manejo
Integral de Desechos Sólidos (MIDES) inauguramos en 1998
el relleno sanitario más moderno construido en El Salvador
y en la región, iniciando de este modo el proceso de clausura
del basurero de Mariona.
En el relleno cuyo costo ronda los $60 millones y cuya vida
estimada es de 20 años no hay zopilotes, hediondez,
ni salvadoreños trabajando en condiciones infrahumanas. Además,
posee un lugar para los desechos peligrosos, el cual ya está
siendo usado por el MINSA y el ISSS.
La ONU y organismos internacionales como DUBAI lo han puesto como
ejemplo en la región.
En septiembre de 2002, las alcaldías agrupadas en MIDES decidimos
darle el tiro de gracia al engendro de Mariona: Ordenamos su cierre
técnico, el cual detuvimos por más de un año
por la negativa de Medio Ambiente de otorgar el permiso para construir
una Estación de Transferencia y Reciclaje.
Y es que el cierre de Mariona estaba condicionado técnica
y humanamente a la inauguración de la Estación de
Transferencia, debido a que la ETR es un componente fundamental
en la ingeniería del proyecto MIDES y porque significaba
la reinserción social de más de un centenar de pepenadores
en la planta.
El cierre técnico, por cierto, no es cercar el lugar, pasar
una aplanadora encima de la basura, echarle tierra o darle fuego.
Se trata de una serie de medidas científicas de mitigación
de los impactos ambientales causados por el botadero, cuyo costo
no es menor a 8 millones de dólares.
Estos son los pasos: 1- Recubrimiento y engramillado. 2-Drenaje
de aguas lluvias. 3- Zanja de recolección y laguna de tratamiento
de lixiviados. 4-Captación y evacuación de biogás.
5-Cerca de protección y accesos. 6-Seguimiento ambiental.
Mariona fue un foco de contaminación que afectó a
toda el área metropolitana, potenciando las enfermedades
de mayor consulta y defunciones, las diarreicas y respiratorias.
Aún más. Fue el mayor basurero de cielo abierto que
existió en el país lo que le hizo acreedor al título
de ofensa nacional, ofensa a la que, gracias a Dios,
ya se le entregó su carta de defunción.
Ojalá sigan por ese mismo camino centenares de basureros
con esas características, que todavía quedan en el
país para beneficio de todos los salvadoreños y salvadoreñas,
incluso para quienes los basureros expuestos al aire no significan
mayor cosa.
Los ministerios de Medio Ambiente y Educación deberían
institucionalizar excursiones de jóvenes y vecinos tanto
a Mariona como al relleno sanitario. Allí encontrarán
una viva muestra de lo que se puede hacer cuando de mejorar la calidad
de vida de la población se trata y contarle a sus nietos
que una vez en El Salvador existió una gran cochinada.
*Alcalde de San Salvador.
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