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Adiós
al fin de la historia
Las incógnitas brasileñas
Joaquín Hernández
Alvarado
El Diario de Hoy
E-mail: alandazu@porta.net
Una de las preguntas que deberían ser respondidas a raíz
del proceso electoral brasileño que tendrá su culminación
el domingo 27 de este mes debería ser si este país
asumirá un liderazgo regional, rompiendo el aislamiento que
lo ha caracterizado, en términos generales, frente al resto
de países de América del Sur.
En el caso de que se respondiese afirmativamente, otras preguntas
son inevitables, así sea para poner las expectativas e imaginarios
en un nivel objetivo: ¿De qué tipo de liderazgo se
trataría? ¿Estarían los demás países
sudamericanos dispuestos a aceptarlo? Todo esto implica, por supuesto,
partir de que el liderazgo no es producto de una decisión
unipersonal, una especie de voluntarismo, sino que responde a consensos
de los diferentes grupos que componen la nación.
Implica, además, analizar las resistencias que se generan
frente a los liderazgos, no sólo externas, sino internas.
¿Conocemos a Brasil lo suficiente para responder adecuadamente
a estas preguntas?
Desde este punto de vista, especulaciones sobre si Lula será
el líder de una especie de movimiento de resistencia contra
Washington, como suele asegurarse a veces muy ligeramente, o si
el Brasil posterior al 27 de octubre asumirá una decidida
posición contraria al ALCA, son más dramáticas
que reales y exigen, antes de cualquier conclusión, el análisis
del contexto real del país y de lo que ha sido su historia
y su ubicación geográfica en América del Sur.
La historia de Brasil parecería explicar en parte su aislamiento
del resto del Cono Sur. Imperio esclavista y estable en medio
de una América Hispana republicana e inestable; país
continental con fronteras sólidamente establecidas frente
a vecinos que sufrieron alguna forma de síndrome de
territorio decreciente, único país lusófono
en un continente de habla castellana, celoso de sus derechos y orgulloso
de sus vínculos especiales -reales o imaginarios-con Europa
y EE.UU., país de economía dinámica, pero al
mismo tiempo subdesarrollado, atrasado y sin mayor integración
social o política interna, es la descripción
que presenta Sergio Danese en un artículo aparecido en Foreign
Affairs.
Las razones de este aislamiento van, por supuesto, más allá
de la voluntad de una persona y suponen, como indica Danese, vencer
las propias limitaciones como nación.
Todo liderazgo debe asumir una agenda y mostrar a los presuntos
socios los beneficios y los intereses compartidos que implica dicho
liderazgo. Reducir esa complejidad, en el caso bastante probable
de la victoria de Lula, el domingo 27, a un mero enfrentamiento
con Washington, que parecería ser, para algunos, la única
forma de asumir el liderazgo en la región, es una simplificación
excesiva.
Si Brasil quiere acercarse más al resto de países
del Cono Sur -ya lo ha hecho con diversa fortuna con los del Mercosur-,
tiene que romper, en primer lugar, resistencias internas y lograr
acuerdos de sus propios grupos dirigentes.
¿Podrá hacerlo Lula?
*Dr. en Filosofía
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