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Las fallas del socialismo en la economía
Un expresidente del Banco Central de Chile analiza por qué
fracasan las tendencias socialistas. La primera falla es no entender
el dinamismo de los mercados y los precios
Santiago
Alvaro Bardón
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Los socialistas no consiguen el desarrollo económico y social
porque no entienden que el progreso lo logran las personas interactuando
en un ambiente de libertad y de respeto por la propiedad, los contratos
y la palabra empeñada.
Cada persona tiene sus capacidades y habilidades obtenidas de variadas
formas. Estos individuos creando, produciendo, trabajando e intercambiando
consiguen ingresos, pero sólo si, a su vez, satisfacen las
necesidades de los demás.
Al trabajador no lo contratan por sus lindos ojos, sino porque
hace un aporte a la producción. Y el empresario más
sinvergüenza no conseguirá utilidades si su producción
no es demandada por los consumidores.
La competencia es cada vez más intensa, en especial por
la globalización, y significa precios más bajos, mejor
calidad, desarrollo, empleos y aumento del bienestar.
Libertad de acción
Las habilidades y el conocimiento lo tienen los individuos, y sólo
se podrán aprovechar socialmente si interactúan
con libertad en los llamados mercados, que no son algo cruel, frío,
misterioso, determinista ni impersonal, como creen muchos políticos,
intelectuales y hombres de Iglesia, sino las propias personas que,
al intercambiar de todo, generan los precios.
Estos son pura información para consumidores, productores,
comerciantes y trabajadores, información que se pierde cuando
las autoridades, desde presidentes elegidos a monarcas absolutos,
pasando por dictadores, intervienen fijándolos, con regulaciones,
impuestos, aranceles, regalos a grupos de interés o prohibiciones,
con muy nobles propósitos, en la ilusión de proteger
a desvalidos o guiar a personas que consideran como incapaces o
menores de edad.
Los gobernantes, por más sabios que sean, nunca lograrán
juntar en una oficina central la información y el conocimiento
dispersos en millones de individuos y por eso la planificación
central falla siempre.
La dinámica del mercado libre no se puede copiar y la pretensión
de programar a partir de precios que en la realidad sólo
duran un segundo está condenada al fracaso. Es lo que ocurre
en Chile en las áreas donde el Estado es activo, como la
educación y la salud. Y es lo mismo que ocurría en
el pasado, cuando los gobernantes llegaron a fijar hasta el precio
de las misas cantadas.
Nada es perfecto
La libertad es riesgo, otra cosa que los socialistas no comprenden
y tratan de evitar, legislándolo todo. No estamos en el Paraíso
y todo es imperfecto, pecaminoso y riesgoso, los mercados incluidos.
En estos, lo razonable es ampliar la competencia con el objeto de
eliminar las trabas, generalmente derivadas de leyes e intervenciones
oficiales.
El riesgo y la desigualdad son propios de la condición humana,
desde que Adán comió el fruto prohibido.
Los individuos van reduciendo los riesgos y la desigualdad, en la
dinámica de los mercados productivos o mediante la solidaridad,
atributo personal -no social-, que se desnaturaliza cuando se estatiza,
como les gusta a los socialistas, incluyendo a algunos sacerdotes
que olvidaron todo lo relativo al pecado original.
* Profesor de economía, Universidad Finis Terrae, fue presidente
del Banco Central de Chile. ©www.aipenet.com
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