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¡Se agotó el libro de Waldo!

Buenas y malas noticias: la mala, para los lectores, no necesariamente para el autor, es que la primera edición de la novela de aventuras, “Sonata de la Violencia”, de Waldo Chávez Velasco se agotó; la buena, es que se prepara una segunda edición. Es todo un “best seller”.

Rolando Monterrosa
Escenarios
El Diario de Hoy
rolando@elsalvador.com

El éxito del libro se debe, en apariencia, a que la gente está cansada de la producción literaria de interioridades o con carga ideológica. En cambio, el libro de Waldo es refrescante y entretenido.
Generalmente los personajes de este tipo de novelas no filosofan mucho; el lector sólo espera que que hagan el amor, luchen cuerpo a cuerpo, que asesinen, que conspiren y, los de Waldo, nunca descansan.

Waldo ha llegado a dominar el difícil efecto del “suspense”. El cierre de cada capítulo de su novela deja abierta la posibilidad de la catástrofe, de un descubrimiento o de una muerte segura. El autor suspende el hilo de la narración con el sentido de oportunidad con que Scherezada, cortaba sus historias en el momento culminante de éstas, dejando al califa ansioso por conocer el desenlace. Lo hizo durante mil y una noches, Waldo lo logra en cada uno de los 16 capítulos con que cuenta su novela.

Como inveterado degustador de la novela de misterio, le pregunté a Waldo si ha aprendido su técnica de los clásicos del género, Conan Doyle, Allan Poe y los contemporáneos Georges Simenon, Agatha Christie, John Le Carré y Lawrence San-ders, entre muchos otros.
Con el tono de voz y un tic verbal que me recuerdan a otro señor del suspense, al cineasta Alfred Hitchcock, Waldo me responde: “...el-ah... No. La técnica es mucho más antigua ...el-ah... Homero, ya la empleaba magistralmente ...el-ah...”

Me cuenta Waldo que cuando Ulises regresa a Ítaca, encuentra a su fiel esposa, Penélope, rodeada de una caterva de pretendientes. Llega disfrazado de mendigo para evitar que sus rivales le den muerte. Sin reconocer al visitante, Penélope ordena a una vieja haya, que le dé un baño con aceite. Cuando esta le unge la espalda advierte una antigua cicatriz que descubre, fuera de toda duda, la identidad del héroe. ¿Qué hace la criada al reconocer al amo que creían muerto? ¿Grita de alegría y delata su nombre a sus enemigos?

“...el-ah... En ese preciso momento, Homero corta el relato y dedica cuarenta páginas de La Odisea a contar ...el-ah... cómo adquirió Ulises la cicatriz, antes de revelar ...el-ah... el desenlace que, como todos saben, fue feliz”. Mientras trabaja en dos nuevas piezas de teatro, Waldo cumplirá 70 creativos años el Día de la Raza.
¡Felicidades, amigo!

 

 

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