Sábado 5 de enero 2002


En sintonía con Dios
El cielo es para todos
Por el padre Eugenio Hoyos
E-mail:
FatherHoyos@utinet.net 

Este domingo celebraremos la fiesta de la Epifanía o manifestación de Nuestro Señor a los pueblos o fiesta de los Reyes Magos que se presentaron a adorar al Niño Dios.

Los Evangelios sólo hablan de "unos magos venidos de Oriente".

La Iglesia, sin embargo, adoptó la tradición en el siglo IV con base en los Evangelios y asumió que, además de magos, podían ser de estirpe real, dado que la profecía de Isaías establece que "caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora. Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti; tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos.

"Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor".

La luz se asocia con la estrella, los reyes con los magos, y el oro y el incienso coinciden con los regalos citados en el Evangelio. Antiguamente, en Oriente, los magos eran sabios o sacerdotes muy reputados por sus conocimientos de los astros.

San Mateo dice que "la estrella que habían visto salir (los magos) comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el Niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al Niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron...".

Este pasaje del Evangelio nos enseña, desde un principio, que Dios había previsto la salvación para toda la humanidad. En la figura de los magos estamos representados todos los seres humanos, de los pueblos, raza y condición que seamos. Por eso la fiesta se llamó Epifanía o manifestación del Divino Niño a los pueblos gentiles, a los no judíos.

"También los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio", dice San Pablo.

Estos inmigrantes le ofrecieron el esfuerzo de su viaje, su veneración y presentes de oro, incienso y mirra. Nosotros, ¿qué le vamos a ofrecer a ese Divino Salvador que "siendo tan rico, prefirió ser pobre para enriquecernos desde su pobreza"?

Démosle hoy mismo nuestra vida, nuestra conversión, nuestro deseo de cambiar y compartir con los demás, de seguirlo cada día y de ser sembradores de paz.

Desde hoy, piensa positivo y seguro de que la salvación es para ti, y, como los magos, busca incansablemente a Dios. ¡Animo!


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