En
sintonía con Dios
El cielo es para
todos
Por el padre Eugenio
Hoyos
E-mail: FatherHoyos@utinet.net
Este
domingo celebraremos la fiesta de la
Epifanía o manifestación de
Nuestro Señor a los pueblos o fiesta de
los Reyes Magos que se presentaron a adorar al
Niño Dios.
Los Evangelios sólo hablan de "unos
magos venidos de Oriente".
La Iglesia, sin embargo, adoptó la
tradición en el siglo IV con base en los
Evangelios y asumió que, además de
magos, podían ser de estirpe real, dado
que la profecía de Isaías
establece que "caminarán los pueblos a tu
luz, los reyes al resplandor de tu aurora.
Levanta la vista en torno, mira: todos
ésos se han reunido, vienen a ti; tus
hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en
brazos. Entonces lo verás, radiante de
alegría; tu corazón se
asombrará, se ensanchará, cuando
vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te
traigan las riquezas de los pueblos.
"Te inundará una multitud de camellos,
de dromedarios de Madián y de Efá.
Vienen todos de Saba, trayendo incienso y oro, y
proclamando las alabanzas del Señor".
La luz se asocia con la estrella, los reyes
con los magos, y el oro y el incienso coinciden
con los regalos citados en el Evangelio.
Antiguamente, en Oriente, los magos eran sabios
o sacerdotes muy reputados por sus conocimientos
de los astros.
San Mateo dice que "la estrella que
habían visto salir (los magos)
comenzó a guiarlos hasta que vino a
pararse encima de donde estaba el Niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa
alegría. Entraron en la casa, vieron al
Niño con María, su madre, y
cayendo de rodillas lo adoraron...".
Este pasaje del Evangelio nos enseña,
desde un principio, que Dios había
previsto la salvación para toda la
humanidad. En la figura de los magos estamos
representados todos los seres humanos, de los
pueblos, raza y condición que seamos. Por
eso la fiesta se llamó Epifanía o
manifestación del Divino Niño a
los pueblos gentiles, a los no
judíos.
"También los gentiles son coherederos,
miembros del mismo cuerpo y partícipes de
la promesa en Jesucristo, por el Evangelio",
dice San Pablo.
Estos inmigrantes le ofrecieron el esfuerzo
de su viaje, su veneración y presentes de
oro, incienso y mirra. Nosotros,
¿qué le vamos a ofrecer a ese Divino
Salvador que "siendo tan rico, prefirió
ser pobre para enriquecernos desde su
pobreza"?
Démosle hoy mismo nuestra vida,
nuestra conversión, nuestro deseo de
cambiar y compartir con los demás, de
seguirlo cada día y de ser sembradores de
paz.
Desde hoy, piensa positivo y seguro de que la
salvación es para ti, y, como los magos,
busca incansablemente a Dios. ¡Animo!