Sábado 5 de enero 2002


Comentando
Corromper lo mejor
Carlos Mayora Re*

En estos días, los artículos de la prensa nacional e internacional hacen referencia a la alegría de las fiestas, la esperanza que inspira un nuevo año y la ponderación de los sucesos más importantes de 2001. Entre los que he leído, me ha llamado la atención uno escrito en el ABC por Ignacio Sánchez Cámara, justo el 24 de diciembre.

Se titula "Los enemigos de la Navidad", y desarrolla una idea que me ha parecido interesante. El texto replica a otras opiniones publicadas en España, en las que sus autores intentan quitar importancia a la Navidad, apoyándose en que, por los excesos en la manera de celebrarla, una fiesta eminentemente cristiana se convierte en una ocasión de desmanes casi paganos. Un poco lo que pasa en nuestras tierras con la Semana Santa, que para algunos llega a tener de santa, por las mismas razones, muy poquito más que el nombre.

La táctica de los que atacan la Navidad es, como se dice en el artículo, "una vieja estrategia: repudiar una realidad, no por lo que ella es, sino por sus corrupciones y degeneraciones". Se fijan en las desviaciones y juzgan por ellas la realidad que quieren desvalorizar; más aún, es el resultado de una estrategia, de la "actitud de quienes, probablemente por desesperanza o resentimiento, vacían de su auténtico sentido las más elevadas realidades, las degradan y prostituyen, para después, una vez realizada la fraudulenta operación de deformación, exhibir con complacencia la improcedente conclusión: la realidad valiosa carecía de sentido", lo demuestran -dicen los interesados en encontrar argumentos-, los "hechos".

Por ese procedimiento poco honrado se atacan muchas veces otras realidades, como por ejemplo a la familia, cuando se dice que, al haber "familias" formadas por personas del mismo sexo, o sólo por un cónyuge, la familia en general es una institución en decadencia… O se desvalora la vida del no nacido, pues como al embrión se le puede dividir y hacer que sus células no crezcan tal como lo habrían hecho sin intervención externa, luego, no es una persona humana… O se lucha por la legalización del aborto: como hay tantos abortos clandestinos, que son un serio peligro para la salud de la mujer, entonces hay que legalizarlo, para que sean llevados a cabo en un ambiente sanitariamente seguro… O se ataca al feminismo: como hay algunas feministas cuyas posiciones son tan radicales que destruyen a la mujer en lugar de reivindicar su verdadera dignidad, todo feminismo es perjudicial por el simple hecho de serlo…

En todos los casos es el efecto de haber perdido de vista lo que son las cosas, y haber cedido a la seducción de juzgarlas sólo por sus consecuencias, o por las propias conveniencias. Es la tentación del pragmatismo: vale lo que funciona para mí, no vale lo que no me da resultados satisfactorios. O del hedonismo: se identifica el bien con el placer y el mal con el dolor, a secas. O de la ley de la selva: es verdad lo que dice el más poderoso, el bien y el mal son establecidos por votación, o por la violencia… En fin, que es un modo de actuar que se apoya en la negación de lo esencial, del reconocimiento de que las cosas son como son y no dependen, tanto como quisieran algunos, de la opinión de la gente.

Como se escribe en el artículo que ha dado pie a nuestras reflexiones: "El resentimiento contra todo lo noble y excelente es la más nefasta patología que un hombre y un pueblo pueden padecer. No es extraño que el resentimiento se cebe con lo mejor e intente convertirlo en su presa", pues a fin de cuentas, detrás de la perversión de la verdad no se encuentran &emdash;con más frecuencia de lo que podría parecer&emdash;, sesudas argumentaciones racionales, sino posturas emotivistas o caprichosas, pero que precisamente porque hacen mucho ruido, terminan por parecer concluyentes o, incluso, verdaderas.

Y así, si se niega que la Navidad es la conmemoración del nacimiento del Hijo de Dios, que la familia es el modo natural en que el hombre y la mujer vienen al mundo y son educados, que el embrión es persona desde el momento en que es una célula fruto de la unión de los gametos masculino y femenino, o que es necesario un feminismo que lleve a la mujer a tener una conciencia clara de su dignidad como tal, y no en comparación con el varón, si todo lo anterior no son más que opiniones o puntos de vista y no verdades que es posible comprobar con un poco de buena fe y sentido común, entonces habremos caído en la trampa, pues parafraseando a un famoso autor: si la verdad no existe, todo está permitido.


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