Sábado 5 de enero 2002


La Nota del Día
 

Enero 3, 2001
El "mercado socialista" y el milagro chino

En un mundo que ha caído en la recesión, es alentador lograr índices positivos de crecimiento, una señal de que dentro de lo posible las cosas van bien. Hay sin embargo casos excepcionales, como el de China continental, que en los últimos tres o cuatro años ha superado un siete por ciento anual, lo que constituye "un milagro económico".

¿Cuál es el secreto chino? En palabras de algunos de sus dirigentes, la fórmula está en la "economía socialista de mercado". O poniéndolo en términos muy en boga, un "neoliberalismo marxista". Y en esto, como señalo von Hayek, al concepto sólido y sustancioso, mercado y neoliberalismo, se le agrega el apéndice político, en este caso lo de socialista, marxista o social.

Lo lamentable es que haya tantas personas que sigan hipnotizadas con la propaganda de la izquierda, que nos coloca teóricamente en el peor de los mundos: uno donde los ricos son cada vez más ricos, y los pobres, más pobres. Por si algunos no lo saben, la idea viene de Carlos Marx, pero fue pulverizada por Boehm-Bawerk hace más de ciento treinta años. La experiencia es la contraria: los pobres en los países con alguna medida de capitalismo son cada vez menos pobres, al igual que las empresas que les sirven son cada vez más grandes y numerosas.

Sobran testimonios al respecto. Hasta los años cincuenta, en las ciudades del país, y no digamos en las zonas rurales, la gente iba descalza o con "caites", vistiendo sus "cotones" de manta, con muy escasas posibilidades de incorporarse a la producción organizada. Hoy, por el contrario, grandes sectores laboran en fábricas y empresas, y la movilidad social es una de las características notables de nuestra vida como nación. Y si hay un incremento porcentual muy alto en la natalidad, se debe precisamente a que han mejorado las condiciones de vida.

Los gobiernos han hecho cosas muy buenas, les falta todavía superar el desastre ocasionado por las reformas de los años ochenta y de la agresión comunista, y no acaban de modernizar el Estado. Piénsese que de no haber sido por la guerra los salvadoreños tendrían un nivel de vida el triple de lo que es ahora; antes de la catástrofe nuestro país estaba despuntando como un productor de componentes electrónicos y la agroindustria era una esperanza muy real para nuestro pueblo.

El vaso medio lleno que toca rebalsar

Podríamos estar mucho mejor, pero también muchísimo peor, como los cubanos, o los nicaragüenses que no consiguen sobreponerse a las truculentas sinvergüenzadas de los sandinistas y los desmanes del presidente saliente. El beato Escrivá de Balaguer señaló que edificar una catedral puede tomar siglos, pero destruirla es cosa de un instante, como nos devastaron durante la década de los ochenta. Argentina se quita de encima la nefasta herencia del populismo peronista.

Hay bastante por hacer en nuestro país. Una cosa es lograr que el Ejecutivo salga de su aislamiento, para enterarse de cerca, con los sectores vivos, de problemas y soluciones reales; otra, es que se supere el pesimismo artificialmente mantenido que aflige a tantos; una tercera posibilidad es que la oposición contribuya a la gobernabilidad.

Pongamos todos empeño en sacar adelante a El Salvador, en capacitarnos para ser más productivos y eficientes, en superar el desaliento. El vaso está medio lleno, no medio vacío, y nos toca a nosotros rebalsarlo.


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