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Tomando
la palabra
Los
comunistas, traedores de la derecha y traidores de la izquierda
Joaquín Villalobos
Oxford,
Inglaterra. La semana pasada se publicó en este periódico
una noticia titulada ARENA tima a renovadores. Se refería
a los acuerdos que llevaron a los renovadores del FMLN a dar sus
votos parlamentarios en asuntos de importancia estratégica
para el país. De inmediato los llamados ortodoxos (comunistas)
aparecieron burlándose de los renovadores. La situación
parecía darles la razón a los comunistas, y para ellos
tener la razón significa que la derecha sólo es capaz
de pactar a partir de la fuerza y la confrontación.
Independientemente del desarrollo posterior de los compromisos
entre renovadores y ARENA, una interpretación superficial
del hecho se puede considerar un error o ingenuidad de los renovadores
en el intento de construir una izquierda moderada; sin embargo,
un enfoque más profundo permite ver en esto una coincidencia
de intereses entre los comunistas y el sector más primitivo
de ARENA. La modernización de la izquierda es, por un lado,
una amenaza al poder de los comunistas al interior del FMLN y por
el otro, un reto a la permanencia de la derecha en el gobierno.
La hegemonía de los comunistas en el Frente es entonces lo
más conveniente para ARENA y que ARENA se mantenga en el
poder, es lo más conveniente para los comunistas.
Las razones que llevan a los sectores más conservadores
de la derecha y de la izquierda a coincidir son similares. En primer
lugar, en ambos lados hay renovadores y ortodoxos y también
depuraciones y autodepuraciones.
Al igual que pactar no es política de toda la izquierda,
incumplir pactos no lo es de toda la derecha. En 1992, quien escribe
realizó acuerdos con el gobierno de Alfredo Cristiani en
los que, por un lado, se avalaba la fórmula propuesta por
el Presidente para depurar el Ejército; por el otro, se obligaba
al cumplimiento de programas de reinserción para mandos y
combatientes del FMLN. El ERP entregó así los misiles
tierra aire y terminó su desmovilización. Pese a que
los misiles se destruyeron en un solo día, el gobierno cumplió
todos los acuerdos a lo largo de más de un año.
Esto no es sólo un asunto de palabra, sino de visión
de Estado. La base del acuerdo era la proyección de que en
el futuro, después de cada elección, todos pudiéramos
irnos a dormir tranquilos, cualquiera fuera el resultado.En 1995,
se firmó el Pacto de San Andrés con el gobierno del
presidente Calderón Sol, el resultado no fue igual.
En ese momento, desmantelar a la Democracia Cristiana y debilitar
a la izquierda moderada fue el propósito, a partir de considerar
que la hegemonía de los comunistas en el FMLN y la conversión
de éste en la oposición principal le permitiría
a ARENA seguir ganando elecciones. Tener una estrategia para conservar
el poder en forma democrática es completamente legitimo,
pero es un grave error desmantelar a la posición que está
a favor de la democracia para fortalecer a una que está en
contra de ésta. Lo anterior puede conducir a un colapso del
sistema de partidos y al surgimiento de variables improvisadas,
reactivas y populistas.
Uno de los argumentos de la derecha primitiva para debilitar a
la izquierda moderada en beneficio de los comunistas es que la izquierda
no es sensata. Los acuerdos con la izquierda moderada durante el
proceso de paz contrarrestaron rebrotes guerrilleros y permitieron
evitar reacciones del ejército ante la depuración.
En 1994, le dieron legitimidad a la institucionalidad del país
al asumir cargos directivos en la Asamblea Legislativa; en 1995,
respaldaron la reforma fiscal (IVA), que le dio viabilidad al actual
funcionamiento del Estado, y los recientes acuerdos con los renovadores
viabilizaron el plan de inversión pública que generará
empleo y reactivará la economía del país.
Todo esto casi a costa de un suicidio político, de ser llamados
traidores y, lo más importante, sin pedir dinero ni prebendas,
sino acuerdos políticos que benefician a terceros. Estos
riesgos fueron corridos por la gente que se jugó el pellejo
en los años duros, en contra de la opinión de comunistas
y politiqueros de izquierda que se mueven a su propia conveniencia.
Más claro no puede estar que en el país hay potencialmente
una izquierda sensata. Sin embargo, el fortalecimiento de esa izquierda
sensata obliga a mayores cambios en la derecha y esos cambios afectan
el clientelismo y la corrupción de los que vive la derecha
primitiva. Por lo tanto, ésta ve a la izquierda moderada
como su enemigo y a los comunistas, como sus amigos. Son los éxitos
electorales de la izquierda moderada los que han obligado a cambios
y depuraciones en ARENA. Cada vez que surge una izquierda moderada,
sectores de la derecha primitiva se apresuran a darles el abrazo
de la muerte, hablando bien de ella o la debilitan incumpliendo
acuerdos. Esta actitud se explica a partir de la defensa de su propio
interés en evitar cambios en su propio partido.
Con los comunistas el proceso es parecido: se opusieron a la lucha
armada, casi no pelearon en la guerra, sus acciones más importantes
no fueron militares, sino de guerra sucia; la negociación
la consideraron un asunto táctico con desenlace pendiente;
en 1994 se opusieron a la candidatura del Dr. Abraham Rodríguez,
quien hubiera producido mejores resultados, y luego hicieron lo
mismo en 1999 al oponerse a Héctor Silva. La fuerza del FMLN
y los progresos electorales de éste no se deben ni a estrategias
ni al trabajo de los comunistas.
La modernización de la izquierda y su ampliación
a sectores nuevos pone en peligro las posiciones de intelectuales
patéticamente mediocres y de activistas exaltados que necesitan
del grito y la pedrada para hacerse sentir. Al igual que el clientelismo
de la derecha primitiva se escuda en un anti izquierdismo radical,
los comunistas se escudan detrás de una pureza ideológica
que resuelve el hambre de ellos, pero no la de los pobres.
La moderación de la izquierda y la derecha conlleva una
lucha por conquistar la mejor intelectualidad del país en
detrimento de la militancia oportunista y mediocre que existe en
ambas. Concluyendo: la modernización de la izquierda pasa
por la derrota política del partido comunista y la modernización
del país requiere la derrota política de la derecha
primitiva. Ambos procesos avanzan de forma desigual, pero avanzan,
y como ya lo dijimos en otro trabajo, la izquierda tiene futuro;
los comunistas, no. Y en última instancia, ellos, con Shafick
Handal a la cabeza, no son otra cosa que traedores de la derecha
y traidores de la izquierda.
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