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Orientando
Para el esposo impotente

Edgar López Bertrand

En forma particular aprecio la oportunidad que tengo de ofrecer esta información sobre la impotencia, tanto a los maridos como a las esposas que puedan estar confrontando este problema. Ahora por medio de este artículo intento orientar a los que están involucrados en dicho problema, en su propia vida matrimonial privada. Para otros que nunca han experimentado esta condición, sugiero que lean cuidadosamente esto y estén prevenidos.

La sabia respuesta a una dificultad pasajera puede salvar lo que pudieran ser años de dolor, si se permite que la experiencia temporal llegue a ser una condición establecida. El asunto es que en la mayoría de los casos esto no debe ocurrir. Una experiencia ocasional de impotencia puede que tenga significación, a menos que el hombre o su esposa lo consideren como un problema serio. Por supuesto, hay que hacer frente a la impotencia que cambia la vida sexual.

¿Por qué es esta condición tan extremadamente devastadora para el hombre? Porque disminuye la estima que él tiene de sí mismo en la parte donde él es más vulnerable. Históricamente, la capacidad sexual ha sido considerada como la señal del hombre real, la señal del verdadero hombre. La impotencia involucra el órgano de su cuerpo que más representa su condición de hombre, y amenaza su propio yo con la idea de que ya no puede satisfacer a la mujer que ama.

Culturalmente, los hombres han sido descritos como los que siempre están listos para la relación sexual, como si continuamente estuvieran al borde de explotar de deseo sexual. El hombre común puede sentir que debe tratar de vivir según esta norma, sospechando que la intensidad de su ardor está un poco por debajo de ella. A esto hay que agregar la creciente presión que se ejerce sobre el marido para que cumpla en este día en que muchas mujeres están preocupadas por sus propias necesidades y en alta voz exigen que se les dé todo aquello que piensan que han perdido.

Luego tenemos los pulidos manuales que tratan sobre modos nuevos y elaborados (y a veces incómodos) para acercarse a la sensación, y todos los artículos que sobre este tema se publican en las revistas. Todo esto virtualmente mete al mundo en el dormitorio del hombre para verificar su actuación. Al fin y al cabo, en el mejor de los casos, el hombre puede sentirse inadecuado, y cuando sucede lo peor (la impotencia), los resultados son a la vez frustrantes y humillantes.

El error más grande que un hombre puede cometer cuando aparece la perturbadora impotencia es “tratar de pensar en ella”. Algunos hombres que sienten la libertad para hablar sobre sus temores con una esposa amorosa y comprensiva, vencerán la dificultad sin siquiera pensar en la necesidad de buscar la ayuda de un profesional. Si la condición persiste, el hombre debe consultar con su médico y decirle específicamente cuál es el problema, pues él no lo podrá adivinar. Cuando el médico sabe cuál es el motivo por el que el paciente está allí, realizará un examen físico más cuidadoso. Tal vez sea necesario un estudio urológico y endocrinológico completo.

En un cinco a diez por ciento de los casos de impotencia existe en realidad causas orgánicas, de modo que el médico querrá eliminarlas desde el comienzo. Por ejemplo, pudiera haber diabetes no diagnosticada, o una falta de equilibrio hormonal. A la diabetes hay que darle especial consideración cuando se trata de la impotencia. Masters y Johnson han descubierto que entre el cuarenta y el sesenta por ciento de los diabéticos es impotente, sin tomar en cuenta la medicación ni la edad.

El diabético impotente por lo general experimenta un ataque gradual de impotencia en un período de seis a doce meses. A causa de la destrucción selectiva de las fibras nerviosas, casi todos estos hombres pueden eyacular con normalidad, aunque no experimentan en absoluto la erección.

Esto significa que la cuidadosa comprensión y consideración de la esposa es esencial, ya que ésta es una de las pocas condiciones persistentes que siempre requerirán que tanto el marido como la esposa utilicen la excitación manual recíprocamente para la satisfacción sexual. (Nota: alrededor de un treinta y cinco por ciento de las mujeres diabéticas tampoco puede lograr el clímax sexual por ningún método. Esto significa que tales esposas diabéticas en particular tienen que aprender que pueden participar normal y activamente en la relación sexual, y disfrutar del calor y la satisfacción de complacer plenamente a sus maridos, pero la esposa simplemente no podrá llegar al clímax sexual).

En la actualidad existen ya medicamentos que pueden ayudar al hombre con este problema, que sufre el 35 por ciento de la población adulta, más que todo mayores de cuarenta años. Lo más importante es no dejarse amedrentar por la primera aparición de la impotencia, Dios tiene una salida para cada uno de nosotros en Cristo Jesús.
*Pastor.

 

 

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