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Mejora a paso lento
La situación de la niñez en El Salvador

Yanira Soundy

Al leer, hace unos días en este periódico, “Mejora condición de niños en el país”, según el informe sobre el estado mundial de la infancia dado por UNICEF, no pude evitar sentirme sorprendida.
Nuestro país, según datos de “Food for the poor, INC -Donde nosotros ayudamos-”, sigue estando entre los países con mayor densidad poblacional (la población es tres veces y media más densa que Guatemala y diez veces más que cualquier otra nación de Centroamérica). Y, según esta fuente, en nuestro país sólo la mitad de personas que viven en el área rural pueden leer y escribir.

Otro criterio expresado en La Prensa on The Web en el Informe elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, dice que los terremotos de enero y febrero dejaron a más de 225 mil nuevos pobres.

Frente a esta clase de datos es alentador conocer otros como los expresados por el Grupo del Banco Mundial en Internet, donde se dice que proporcionará hasta $270 millones en el transcurso de los próximos tres años para combatir la pobreza. La señora Donna Dowsett Coirolo, directora del Programa del Banco Mundial en Centroamérica, manifestó que esta estrategia ayudará a respaldar la meta de reducir la pobreza a un 35% o 40% antes del año 2005.

Para el Departamento de Desarrollo Sostenible del BID, en un artículo titulado: “Cambio estructural, políticas macroeconómicas y pobreza en El Salvador”, publicado en la web, la pobreza en El Salvador se distingue por su gran extensión y por ser un fenómeno mayoritariamente rural. Está localizada en áreas rurales más distantes de los centros urbanos, los cuales tienen un enorme déficit de infraestructura económica y social y servicios básicos.

En síntesis, a mi parecer, la situación de la niñez en El Salvador ha mejorado en ciertos sectores, pero continúa siendo caótica en otros. Día a día vemos la pobreza reflejada en los rostros de niños, niñas y ancianos que deambulan por las calles limpiando parabrisas, vendiendo chicles, pidiendo limosnas.

Los menores que “trabajan” de este modo en las calles, están en alto riesgo de incorporarse a grupos de niños y niñas adictos a la pega, que son abusados sexualmente y prostituidos a cambio de la droga.

Si bien es cierto, buen trecho se ha avanzado en cuanto a la salud en estos años de acuerdo con el informe presentado por UNICEF, al bajar la mortalidad infantil en niños y niñas menores de cinco años y al eliminar la poliomielitis, el tétano neonatal y sarampión gracias a la vacunación. También es verdad que existen numerosos casos de menores que no son atendidos en su totalidad en cuanto a problemas relacionados con su salud: niños que no miran, no oyen, no caminan, niños con problemas de atención, hiperactividad y dislexia, niños con sicomotricidad inmadura, menores que padecen algún tipo de retardo, entre otros tantos casos que no deambulan por las calles, pues simplemente son escondidos por sus familiares y en muchas ocasiones maltratados y abusados dentro de sus propios hogares, tanto en el área rural como en la ciudad.

Después de dos terremotos en este año, aunque hubo una sustancial reducción de la pobreza de acuerdo con el informe, pienso que ahora es cuando nuestro país necesita más ayuda internacional.

De acuerdo con el informe de UNICEF, El Salvador se refleja como un país que se destaca por la gran desigualdad que existe en la distribución del ingreso. A esto deberíamos agregar la enorme cantidad de desintegración familiar existente, los múltiples divorcios y separaciones, que llevan a las mujeres a sostener -en muchas ocasiones– solas a sus familias sin tener la confianza de contar con empleos estables ni con salarios iguales a los que reciben los hombres por los mismos puestos, siendo víctimas en muchas ocasiones de abusos de autoridad. Esto está representado por el millón y medio de niños que viven en hogares calificados de pobres sólo en el área urbana.

Debido a lo anterior, el tiempo que las madres brindan lactancia materna a sus hijos es mínimo, pues necesitan trabajar para sobrevivir junto a sus familias, aun cuando ellas cuenten con el apoyo de un compañero de vida, ya que en la actualidad un solo sueldo no mantiene un hogar y esto a su vez lleva a los menores a la desnutrición.
Ojalá los pronósticos de UNICEF se cumplan y los salvadoreños lleguemos a eliminar el analfabetismo en el año 2008, el control del embarazo haya alcanzado un ciento por ciento en el 2015 y que dentro de una década tengamos agua potable en el 95% de todos los rincones de El Salvador, lo cual es casi un sueño debido a tanta deforestación.

Hoy por hoy, al recorrer todas las tardes el Bulevar de Los Héroes, veo a niños y niñas que caminan junto a una anciana hasta los autos a pedir limosnas y vender frutas, chicles, flores, etc.

Cristian, un menor de trece años, no pide limosna. Llega a mi vehículo y limpia el parabrisas mientras me cuenta que ya pasó a octavo grado y que ojalá no lleguen otra vez a regañarlo los señores del Instituto de Protección al Menor, pues él necesita ese dinero para ayudarle a su mamá y seguir estudiando el otro año. Él parece contento en medio del bullicio de los carros. Son las cinco de la tarde. Cristian tiene los ojos negros y brillantes y la sonrisa “típica” del cipote que entra a la adolescencia. A pesar de estar en la calle bajo un sol insoportable, limpia alegre otro parabrisas y cuenta su historia a otro conductor, sin olvidar sus sueños de ser bachiller y estudiar después en la U, quizás… si Dios se lo permite, pueda lograrlo.
*Lic. en Derecho

 

 

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