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Nota
del Dia
Turbas
divinas contra el país
Publicamos ayer martes un artículo de doña Evelyn
de Sol, en el que denuncia la incalificable agresión verbal
perpetrada por una turba durante la misa conmemorativa de los cien
años del nacimiento de Mons. Escrivá de Balaguer.
La celebración religiosa coincide con las solemnes festividades
que se han realizado en Roma, con motivo de la canonización
del fundador del Opus Dei.
Todos tienen derecho a pensar como les venga en gana, pero no a
intimidar, amenazar o ultrajar a otros por hacer lo que nadie prohíbe
y a nadie perjudica. Los asistentes a la misa estaban allí
por voluntad propia, sin coaccionar a otros a quedarse fuera. Se
trató de un acto religioso público, sin que se dieran
ofensas contra nadie.
Profesar una religión es una de las libertades fundamentales
que reconoce una democracia, lo cual es parte de los privilegios
individuales del Orden de Derecho. Ningún grupo o gobierno
puede imponer a otro creencia alguna, o montar persecuciones para
evitar por la fuerza que se celebren actos religiosos. Lo actuado
por la chusma que se presentó a Catedral no se justifica
ni legal ni moralmente, y debe ser sancionado por la autoridad constituida.
El caso plantea varias interrogantes.
La primera es averiguar quiénes organizan y financian las
turbas agresoras, pagan por su transporte, escogen a quiénes
se va a atropellar y los acogen después del relajo. En tiempos
pasados, estos grupos se formaban, adoctrinaban y movían
en el campus de la Universidad de El Salvador.
Además uno se pregunta: ¿Cuál es el propósito
de impedir que otros hagan lo que es lícito y responde a
su deseo? Si en adelante nadie podrá celebrar una misa, reunirse
por motivos culturales, acuerpar a un partido político o
desarrollar actividades productivas, sin estar expuesto a que le
atropellen de hecho o palabra. ¿A dónde iremos a parar
como país? ¿De qué ha servido la lucha
por la democracia de la izquierda?
Quieren derrumbar la tranquilidad
¿Es que la izquierda hizo la guerra para tener la libertad
de montar desmanes y desórdenes en la vía pública,
y amedrentar a quienes no comparten sus ideas y objetivos? ¿Estamos
acaso viendo el inicio de acciones de turbas divinas
al estilo de las armadas y dirigidas por los sandinistas en Nicaragua,
o las que sirven a Hugo Chávez en Venezuela? Como bien saben
nuestros lectores, desde hace días chusmas variopintas, o
turbas divinas, agreden en Caracas casi a diario al
periódico El Nacional, como represalia por las críticas
de éste a Chávez.
¿Quedarán de ahora en adelante los salvadoreños
a merced de quienes montan y dirigen estas turbas de vociferantes
y talibanescos sujetos? ¿Qué auxilio pueden esperar
los ciudadanos de parte de las autoridades, cuando, sin aviso, frente
a sus negocios o viviendas se presenta una turba a insultarlos y
amenazarlos?
Las turbas son también una señal de que los movimientos
de extrema izquierda -pues son suyas las consignas y las tácticas
de los que llegaron a Catedral- están apostando por la violencia,
el terror ciudadano y el desorden ante las venideras elecciones.
O puesto en otra forma, quieren derrumbar la tranquilidad, lo que
tenemos de ella y crispar los ánimos de la ciudadanía,
Dios sabe con qué inconfesables propósitos, aunque
algunos de estos resultan obvios pese a que no lo declaren: generar
desconfianza, agravar los problemas económicos, incrementar
el desempleo, reducir las oportunidades a los salvadoreños
de progresar.
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