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Palabras
El
hombre de metal esperando taxi
Carlos Balaguer
Una
escultura en la avenida City Park, de New York, está realizada
con tanta naturalidad, que muchas veces confunde a los transeúntes
con un hombre de negocios que está deteniendo un taxi
Pienso hasta dónde ha de llegar ese irreal hombre de negocios.
No el de metal, de la City Park-inmóvil en su eternidad de
escultura-, sino al de carne y hueso, ese real, universal, que viene
traficando y trocando sus especies desde el tiempo remoto de las
estepas
Corriendo a prisa, sufriendo infartos, desórdenes nerviosos,
tratando de detener el tiempo o de volverlo al revés.
Frente a un banco de Stuttgart, una escultura de piedra, de un hombre
en actitud meditativa, versión de un moderno pensador
de Rodin, simboliza, por su parte, al hombre que piensa en sus tesoros,
en sus miserias, en sus dolores financieros
¿Hasta qué lugar logrará llegar el inmóvil
transeúnte de la City Park Ave., con sus documentos financieros
y sus sueños que no pueden volar por la misma materia de
que están hechos? ¿A dónde irá esta
civilización de ciudadanos de metal, de caudillos de bronce
en las plazas, cabalgando en sus inmóviles caballos?
Día
a Día
Se dice que cada pueblo hace lo que debe hacer, pero después
de ensayar todo lo demás. Y en esa búsqueda de la
sensatez se encuentran los argentinos, víctimas de la aberrante
herencia de un dictador populista, difunto por décadas, sin
visibles esperanzas para el futuro inmediato y enfrentando, día
a día, el problema de la subsistencia.
En un pasaje de La Rebelión de las Masas, Ortega
y Gasset habla de los demagogos, esa plaga de la humanidad que nos
amenaza a todos y que, en cosa de meses, derrumban lo construido
por generaciones. La única posible defensa, el débil
antídoto que no siempre es efectivo, son las instituciones
jurídicas y la moral. Por ello, para dejarnos amarrados al
poste, es que desde hace muchos años, en gran parte de Hispanoamérica,
se dejó de enseñar moral. Los maistros
se burlan de ella.
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