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Las obligaciones de los acuerdos

El pliego de acuerdos incluían una gran variedad de cambios desde enmiendas constitucionales, desmovilizaciones de ejércitos, transferencia de tierras a ex combatientes, creación de nuevas instituciones y reformas en diferentes sistema.

Oscar Tenorio
El Diario de Hoy


A ocho años de haber entregado la Presidencia de la República al también conservador Armando Calderón Sol, Cristiani considera que los Acuerdos de Paz están cumplidos.

Su lógica es simple: El fin y la clausura de las oficinas en San Salvador de la misión de las Naciones Unidas para el Salvador (ONUSAL) y de la local Comisión para la Paz (COPAZ) “legitimaron y garantizaron” el cumplimiento de la mayoría de acuerdos pactados. Aunque también está consciente de que algunos compromisos no se han cumplido al cien por ciento, como el referente a los lisiados de guerra.

“Desde la perspectiva de la institucionalidad democrática y la integración política, los Acuerdos de Paz están cumplidos”.
También está claro que los acuerdos mismos eran imperfectos, si se analiza caso por caso. Pero reitera la gra ganancia del pacto: “lo má importante es que se terminó con el conflicto armado”.

La prueba

Dos de esos años de cambios, entre el 92 y el 94, Cristiani los supervisó y dirigió aún como mandatario. Ahora desde la nostalgia de las vitrinas de su casa, en donde conserva algunos recuerdos de la guerra y de la paz, repasa uno de los momentos más difíciles del cumplimiento de los acuerdos: la depuración de la Fuerza Armada.

Como estaba pactado, diferentes personalidades integraron la comisión Ad-Hoc, la que tenía como misión fundamental estudiar e investigar a diferentes militares, con el fin de retirarlos de la institución armada. Cristiani confiesa que el esperaba que la lista final de “depurables” tan sólo incluyera unos cinco o diez nombres.

Pero la sorpresa fue mayor: cuando recibió el informe encontró una recomendación para destituir a más de cien oficiales del Ejército. Entonces, entendió que tenían que resolver un “problema serio”, porque aquello era descomunal. La principal preocupación era cómo manejar un caso tan voluminoso y delicado.

Inmediatamente, levantó el teléfono y llamó al jefe de ONUSAL en San Salvador para pedirle ayuda. Necesitaba urgentemente reunirse con los dirigentes del FMLN para tratar el asunto. Posteriormente, varios grupos del ahora partido de izquierda aceptaron hacer una revisión a la lista y reducir el número de oficiales depurables.

Uno a uno, fue llamando a los militares, algunos de muy alto rango y a la vez colaboradores cercanos, para notificarles sus retiros y las condiciones para el abrupto retiro.“No es un trabajo sencillo decirle a alguien que se le acabo su profesión”.

Ahora, sorbe un trago de su café expreso y sonríe, satisfecho. Le agrada de sobremanera la forma en que la Fuerza Armada entendió su nuevo rol en la sociedad y se logró adaptar.

Más allá de los recuerdos y las anécdotas, el ex mandatario considera que ese proceso que inició el 16 de enero de 1992, debe mejorarse constantemente con un solo propósito: lograr una mayor institucionalidad democrática.

En este sentido, debe de hacerse un esfuerzo mayor en algunas áreas y poderes, como el sector justicia, en donde aún falta mucho por hacer.

Eso es lo que piensa Cristiani de los acuerdos que él mismo firmó en el castillo de Chapultepec, en ciudad de México. Desde la tranquilidad de su oficina, adornada con recuerdos familiares, el ex mandatario no tiene reparos para considerarse un jubilado de la política partidaria. Es mejor volver a ver hacia atrás con una sonrisa.

 

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