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Derecha
e Izquierda
Hoy vemos -y me parece que no caigo en juicios temerarios- que
la Relatividad a la que usted alude es más aceptada en la
Derecha política que en la Izquierda. Algunos sectores importantes
de la Izquierda todavía apelan al concepto de revolución
con un matiz de inevitabilidad, que es, como usted dice, un atributo
divino. ¿No le preocupa esta realidad?
Una
de las ventajas de la Derecha es que nunca ha existido un texto
catequístico, una especie de Biblia a la cual adherirse.
La Derecha se conformó como una vivencia pragmática
movida por intereses. Para un periodo de transición, eso
es mejor que verse en la obligación de seguir un texto.
La Izquierda está atrapada en fórmulas, mucho más
que la Derecha, porque propugnaba un cambio radical sobre la base
de una concepción muy definida, fundamentalmente marxista.
Transitar de ahí a una concepción más relativizada,
no es fácil. En eso están ahora.
¿Cómo prevé usted esa evolución?
En la Derecha, será fluida, porque la tendencia hacia lo
liberal es mucho más visible, aunque no menos dolorosa para
ciertas personas. La Derecha no tiene ese problema de fidelidades.
Por eso maneja mucho mejor la transición que la Izquierda.
En la Izquierda pasarán por una etapa en que pareciera que
hay una reafirmación de las fidelidades al viejo dogma, aunque
sea de una forma nostálgica. Esto ocurre porque cuando se
empieza a desdibujar una fórmula que durante mucho tiempo
se asumía como fe, brota un sentimiento de orfandad terrible:
el catecismo está ahí podemos leer los clásicos
marxistas cuando querramos, porque están en las bibliotecas,
pero aquel poder milagroso que se le atribuía ya no existe.
¿Y entonces, ahora, qué? Para evitar la orfandad,
se resisten a renunciar a sus textos sagrados. Antes
bien, reiteran su fidelidad.
¿Es lo que estamos viviendo ahora con las pugnas entre
renovadores y ortodoxos al interior del FMLN?
Sí. Pero los renovadores tampoco saben lo que quieren.
Lo que saben es lo que no quieren.
Sí, pero cuando se sabe sólo lo que no se quiere,
se debe ser muy prudente. Y me parece que la prudencia no es la
principal virtud de los renovadores. Para construir una cosa nueva
desde un esquema rígido de pensamiento, hay que atravesar
un proceso que combine las ideas con la realidad. Además,
la relación entre ortodoxos y renovadores está contaminada
por sentimientos personales muy fuertes, lo que la hace más
difícil.
Llegará un momento en que la Izquierda salvadoreña
tendrá que defir cuál es su ideario básico.
Izquierda va a haber siempre, y no puede vivir así como está.
Obstáculos
En el interior las dos principales fuerzas políticas del
país vemos sectores muy identificados con el sistema de libertad
política y económica acordado en 1992, y otros que
no. Hay elementos de la Izquierda se complacen con la violencia
terrorista y otros de la Derecha que se valen de su influencia política
y económica para entorpecer la justa competencia y los beneficios
sociales que ésta acarrea, con el apoyo tácito o explícito
de los gobiernos.
Tratar de resolver estos problemas desde fuera del proceso es muy
difícil. La corrección será implantada por
la dinámica misma.
Tenemos esa realidad que menciona. Hay dos actores principales
que pareciera no están muy seguros del libreto. Se equivocan
con frecuencia a la hora del parlamento. Pero creo que la dinámica
misma va empujando a que todos cumplan su verdadero papel, como
hemos visto en el Ejército, en la Iglesia y en los mismos
partidos, en gran medida. Y todo eso está determinado por
el proceder electoral de la gente.
¿Por las elecciones?
Sí. El comportamiento electoral de los salvadoreños
es poco aficionado a las aventuras. Somos muy impacientes en el
juicio de las cosas, pero a la hora de ir a votar, los salvadoreños
no se equivocan. En los últimos 20 años, su voto ha
acompañado el proceso con mucha más coherencia de
lo que se ha valorado. Fueron escogiendo lo que en cada momento
determinado era más coherente con la lógica de la
evolución.
En 1984, Duarte era mucho más importante para el proceso
que Roberto d´Aubuisson, sin desmerecer el papel histórico
de este último. En el año 89, optaron por Cristiani:
no podía haberlo hecho mejor, como se demostró. En
los años siguientes, escogió a los presidentes de
ARENA que, evidentemente, eran mejor opción que las apuestas
del FMLN, que todavía no saben qué quieren, como recientemente
ha quedado todavía más claro.
¿Qué hubiera pasado si el FMLN hubiera ganado en
el 94? Yo creo que el pueblo salvadoreño no se ha equivocado
al acompañar un proceso en los límites de la racionalidad
histórica. Nunca ha hecho una apuesta temeraria.
¿Puede este proceso alcanzar su madurez con partidos que
nacieron por y para el conflicto?
ARENA y el FMLN son hijos del conflicto, pero con ambos pudimos
hacer la Paz. No sabemos qué hubiera pasado si hubiéramos
tenido otros partidos. El pueblo salvadoreño debe pensar
cuánto le costará construir otros partidos y si no
se van a equivocar en lo mismo que estos dos.
¿Insinúa que es mejor lo malo conocido por lo
bueno por conocer?
No, no se trata de eso. Simplemente, estos tienen ya una caracterización;
ambos han evolucionado en algunas cosas en la medida que la realidad
les empuja, y lo van a seguir haciendo; no son iguales que hace
diez años. El pueblo salvadoreño ha exigido que esos
se modernicen, no tanto que sean sustituidos, porque tenemos la
tradición de sustituciones equivocadas. Mejor que estén
los que son, que están evolucionando.
Al final de las negociaciones de Paz, yo tenía la inquietud
de que el FMLN se incorporara a la vida pública del país
como fuerza social y no como partido político. Afortunadamente
no fue así, porque lo mejor era convertirlo en un actor político
que se ganara la vida en competencia.
Con la Derecha ocurrió por largo tiempo algo parecido: ejercía
el poder por interposita persona, hasta que el golpe
de 1979 los alejó y la Derecha se vio obligada a fundar un
partido político. Eso fue un notable avance.
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