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Mueren soldados de EE.UU. en Afganistán

El Pentágono achaca a un fallo mecánico la caída de un helicóptero que dejó un saldo de dos militares estadounidenses muertos


WASHINGTON
SERVICIOS CABLEGRAFICOS.--


El Pentágono perdió ayer un nuevo aparato militar y a dos de sus soldados en la guerra de Afganistán, al estrellarse un helicóptero con siete "marines" a bordo contra una montaña al norte de ese país.

El Departamento de Defensa achaca de momento a un fallo mecánico el suceso, ocurrido poco después de que el helicóptero, un CH-53 Grand Stallion que realizaba una misión de abastecimiento, abandonase la base militar de Bagram, aunque se ha comprometido a investigar el siniestro.

"En este momento, parece tratarse de un problema mecánico con el helicóptero", apuntó hoy el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, quien señaló que no hay pruebas de que el aparato hubiera sido alcanzado por fuego enemigo.

Dos soldados estadounidenses murieron y cinco resultaron heridos al caer el helicóptero a unos 60 kilómetros de la base de Bagram, en un área en la que el Pentágono cree que todavía hay miembros de Al Qaida y también partidarios de los talibanes.

"El corazón se rompe cada vez que ocurre algo así", manifestó el secretario de Defensa, quien ya hizo las mismas declaraciones el pasado día 9, cuando un avión cisterna norteamericano KC-130 se estrelló en Pakistán y causó la muerte de los siete "marines" que lo ocupaban.

Otros casos

Las tropas estadounidenses han perdido otros aparatos militares desde que el pasado 7 de octubre iniciaron la campaña en Afganistán, pero de momento nunca han atribuido esos sucesos a la artillería enemiga.

Además de la caída del avión en Pakistán, en diciembre otro helicóptero del cuerpo de Infantería de Marina se estrelló cerca del campamento Rhino, al sur de Afganistán.

El 19 de octubre, un helicóptero Black Hawk cayó en Pakistán, lo que causó la muerte de dos tripulantes.
El aparato que se estrelló ayer contra una montaña era un CH-53E Super Stallion, cuyo coste es de 26 millones de dólares y que suele utilizar la fuerza militar estadounidense para misiones de abastecimiento y carga.

Su longitud es de más de 20 metros, su altura de 7 metros y su autonomía de vuelo supera los 1.000 kilómetros.

El siniestro se produjo a una altitud de entre 2.000 y 3.000 metros. Las víctimas mortales y los heridos fueron trasladados a la base de Bagram por otro aparato que acudió rápidamente al lugar donde cayó el helicóptero.

Mientras, en la base naval estadounidense de Guantánamo (Cuba) persisten las tareas de un equipo del Comité Internacional de la Cruz Roja para certificar las condiciones en que el Pentágono mantiene recluidos a 110 prisioneros talibanes y de Al Qaida.

En un programa de televisión, Rumsfeld defendió hoy el trato que EEUU da a esos prisioneros afganos, ante las críticas recibidas de países europeos y de organizaciones de derechos humanos.

Son "terroristas duros" y el trato que reciben es "el adecuado.No tengo ninguna duda de que (el tratamiento) es humano, adecuado y consistente con la Convención de Ginebra en su mayor parte", comentó el jefe del Pentágono.

El Comité de Derechos Humanos de la Cámara de los Comunes británica expresó el sábado su "preocupación" por el trato que reciben los prisioneros de Guantánamo.

El ministro británico de Asuntos Exteriores, Jack Straw, también ha pedido a Estados Unidos que dé un trato "humano" a los prisioneros y "en concordancia con las leyes internacionales".

En respuesta a las críticas -que se han incrementado por la difusión de fotografías en las que se ve a los prisioneros con esposas y de rodillas-, el secretario de Defensa consideró que las censuras que ha recibido Estados Unidos por este asunto no responden a la realidad.

"Se trata de terroristas muy duros y bien entrenados", pero están recibiendo tratamiento médico, comida "culturalmente adecuada" y se les ha permitido que practiquen su religión, apuntó Rumsfeld.

"Se les ha vestido con ropas limpias y están seguros", concluyó el secretario de Defensa.

Afganistán espera su reconstrucción

La canciller japonesa, Makiko Tanaka, y el secretario estadunidense de Estado, Colin Powell, se reunieron ayer en Tokio, Japón, donde coincidieron en la urgente necesidad de apoyar la reconstrucción de Afganistán, según fuentes oficiales.

El encuentro de ambos funcionarios tuvo lugar un día antes de la Conferencia Internacional de Donantes, donde 60 países y más de 21 organizaciones internacionales se reunirán para establecer un fondo de ayuda económica para la reconstrucción de Afganistán.

La Conferencia, de dos días de duración, iniciará este lunes en esta capital y contará con la presencia del presidente interino de Afgnistán, Hamid Karzai, quien ya se encuentra en territorio japonés.

Tanaka y Powell insistieron en la necesidad de conformar un cuerpo miitar afgano y otro policial, a fin de mantener la seguridad nacional; así como en la erradicación de minas escondidas en ese país, que han causado graves percances a la población.

La canciller japonesa destacó la importancia de establecer una estructura educativa para ayudar a la niñez de Afganistán y el papel que todos los países participantes en la Conferencia Internacional de mañana jueves tendrán en dicha acción.

Powell también aprovechó su encuentro con Tanaka, para subrayar la importancia y el papel decisivo que jugará la economía japonesa en el crecimiento de la economía mundial.

El funcionario estadunidense llegó este sábado a Japón, después de visitar Kabul, Afganistán, así como la capital pakistaní de Islamabad, y tiene programado regresar a Washington en cuanto termine la Conferencia de Donantes el próximo martes.

En tanto, el enviado especial de Naciones Unidas (ONU) para Afganistán, Lakhdar Brahimi, hizo este domingo un llamado a toda la comunidad internacional para que ofrezca ayuda económica al gobierno de Kabul para la reconstrucción de Afganistán.

Brahimi subrayó que los fondos recaudados servirán para pagar los salarios de los trabajadores del gobierno afgano y para ayudar a regresar a los refugiados, así como para las necesidades más elementales de la nación.

"Qué credibilidad tiene un gobierno si no puede pagar los salarios de las personas que trabajan para él", declaró Brahimi, quien también llegó a Tokio este domingo para tomar parte en la conferencia para la ayuda de Kabul.

El Banco Mundial (BM) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estiman que en los próximos cinco años se necesitarán 10 mil millones de dólares para reconstruir Afganistán.

Quienes también ya se encuentran en Tokio para participar en la Conferencia de Donantes son el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan y el comisario europeo de Asuntos Exteriores, Christopher Patten.

En la capital japonesa se encuentra además el presidente del Banco Mundial, James Wolfensohn, mientras que se espera la llegada del secretario del Tesoro estadunidense, Paul O‘Neill y del canciller surcoreano Han Seung Soo.

Mientras, unas 59 Organizaciones No Gubernamentales (ONG’s) se reunieron este domingo para definir su postura en la conferencia de asistencia a Afganistán, y se proclamaron por la participación activa de la mujer afgana en el proceso de reconstrucción.

Con motivo del encuentro internacional las autoridades de este país desplegarán un dispositivo de seguridad con tres mil efectivos, entre los que se encuentran 150 expertos en explosivos para prevenir posibles atentados contra los líderes políticos.

 

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