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"El
viaje de Copperpot"
La
Oreja de van Gogh se presentará en San Salvador el próximo
febrero, con lo mejor de su repertorio
Redacción
Escenarios
El Diario de Hoy
Goonies
se hacen llamar los niños, en una de cuyas peripecias peliculeras
se inspira La Oreja de Van Gogh, para dar título a su segundo
álbum: aquel que, sin duda, reafirma el éxito cosechado
con Dile al sol. Porque el grupo donostiarra continúa
tomándose el pop como un juego. Un juego, eso sí,
serio, pero sin reglas que lo vuelvan cejijunto, cosa de músicos
condenados a crecer y dejar de divertirse tocando...
En una de sus aventuras, los Goonies deben reunir dinero para evitar
que a sus padres les embarguen la casa. Entonces, siguen la pista
a un tesoro, cuyo mapa les lleva hasta el esqueleto de Chester Copperpot,
el arqueólogo que en vano intentó cobrárselo.
Y, aunque amateurs en la labor, al final son ellos quienes encuentran
el tesoro... Los Goonies llegan, pues, con sus enredos allí
donde los cazafortunas profesionales no pueden hacerlo.
Y lo mismo parece haberles ocurrido a los músicos de La
Oreja de Van Gogh, alcanzando, con sus estribillos espontáneos,
lo que no tienen aquellos grupos que se empeñan en redondear
grabaciones comerciales... Eso sin dejar de ser un grupo de amigos.
Amaia Montero a la voz cantante, Pablo Benegas a la guitarra y al
bajo Alvaro Fuentes, Xabi San Martín a los teclados y Haritz
Garde a la batería mantienen sin cambios su quinteto. Y,
lejos de que el cansancio de las giras o las rivalidades por el
protagonismo escénico les hayan afectado a las relaciones
personales, su progresiva compenetración ha dado forma a
una docena de nuevas canciones que rompen los esquemas de muchos.
Sobre todo, los de aquellos que achacaron su afortunado debut discográfico
a la suerte del grupo principiante...
Segundo disco
El viaje de Copperpot, en versión de La Oreja,
se inicia con ese juego de ritmos directos que atiende por Cuídate,
todo un primer single pensado para reenganchar a los fans de su
compacto anterior, pero, también, para ponerles en guardia
frente a lo que se les viene encima... Porque si sus oscilaciones
del reggae al pop descarado parecen suponer un suma y sigue musical,
se pinta sólo el canto a la soledad beat y un puntito blues,
que Amaia entona a continuación... Un tiempo medio en el
que La Oreja de Van Gogh logra que la palabra despedida
no suene triste.
Para seguir abriendo boca aparecen, después, los acordes
con sabor repentino a music-hall, cabaret y carrusel que encarrilan
su tonada a París. Una tonada sentimental que,
sin mayores referencias explícitas a la Ville Lumiére,
tiene también arreglos de cuerda y voces de regusto soul.
Nada que ver, sin embargo, con el divertido homenaje a la Bruja
Avería que trae consigo Dicen que dicen.
La Playa es un título que, a continuación,
transmite cierto sosiego, llegados al ecuador del compacto y con
las arenas de La Concha donostiarra en el recuerdo. Con todo, su
final resulta apoteósico y sirve de preámbulo a los
vientos que animan a La chica del gorro azul, otro de
los temas que podrían remitirnos al background popero que,
hasta ahora, era santo y seña del quinteto, con sus añoranzas
del cariño fugaz.
Ahora bien, el aviso para navegantes llega, otra vez, con el in
crescendo rítmico de Mariposa, una reflexión
de voz, teclado y loop, que paulatinamente se enriquece con la incorporación
de otros instrumentos a su tesitura.
Otro corte de slogan cinematográfico nos llega con Los
amantes del Círculo Polar. Nada que ver con la reciente
película del mismo título, pero sí con estrofas
de atmósfera sideral y envolvente, para dar cuenta de una
relación que nunca pudo ser.
Claro que, acaso, la canción no podría explicarse
en sus términos alegóricos, de no estar precedida
en el compacto por las logradas estrofas de Tantas cosas que
contar. Y, sobre todo, por el tiempo contemplativo de Tu
pelo, una nueva manera romántica de ver lo que siempre
ha mirado uno, los cabellos en la almohada del chico o la chica
con quien lleva ya años de convivencia en pareja.
Realmente, nada resulta casual en este compacto. Ni el orden de
sus canciones. Y lo prueba, a sus postres, la ironía que
le pone galones a la reflexión en La reina del pop.
He ahí un tema de ecos nuevaoleros, en el que La Oreja de
Van Gogh hila fino, entre el homenaje y la parodia, para referirse
al mundo de los divos. Un mundo de lentejuelas que nunca le hubieran
dejado soltura a un grupo para componer Desde el puerto.
Así se llama la canción marchosa que, compuesta y
estrenada ya en su pasado calendario de giras, cierra el compacto
de La Oreja, con un estribillo verdaderamente explosivo.
Aunque intentes programarte la vida, nunca sabes lo que
va a pasar, manifestó el artista que de niño
había soñado con seguir los pasos de Luciano Pavarotti
y Enrico Caruso.
Pero Safina también piensa en los tenores como el propio
Pavarotti, José Carreras y Plácido Domingo que han
incursionado en la música popular; o en Andrea Bocelli quien
ha concentrado su carrera combinando su voz de tenor con baladas
pop.
Y Safina ha querido ir un paso más lejos. Con sonidos de
sintetizador, banda de percusión y extravagantes coros, su
estilo y su ritmo lo enmarcan dentro de la actual escena pop.
Creo que puedo hacer las dos cosas, dijo al agregar:
Es bueno para mi álbum y mi álbum es bueno para
mi ópera. Además, es algo bueno para mí, para
mi mente y para los que trabajan conmigo. La ópera es mi
primer amor y no quiero perder esa primera pasión.
Junto a tí es la primera producción de
Safina para el continente americano.
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