| |

La
nota del día
El
aire sucio mata niños
No
es explicable la terquedad de las autoridades de no hacer nada,
hasta que esté en pie la red de estaciones de revisión
de vehículos
Las enfermedades pulmonares son la principal causa de las muertes
de niños en este país, sitial que antes ocupaban las
dolencias estomacales hasta el aparecimiento de los antibióticos
y la potabilización del agua. Pero por desgracia nada se
está haciendo para controlar la contaminación ambiental,
fuera de anunciar, para un incierto futuro, las estaciones de revisión
de vehículos.
Esto de las revisiones es un tema oscuro, sobre el cual abundaremos
más adelante. Lo aflictivo es que se monte un aparato técnico-empresarial
para examinar muchas cosas de los automotores, cuando lo urgente,
lo desesperadamente urgente, es o arreglar los vehículos
contaminadores, o ponerlos fuera de circulación. Y para arreglarlos
puede comenzarse con los que a simple ojo contaminan en demasía.
El asunto es similar al de limpiar las aguas de los ríos.
O se procede de manera científica, haciendo análisis
bacteriológicos y físicos de las aguas, o se hacen
inspecciones a ojo con las que gran parte del problema se resuelve.
Pues si en un río no hay peces, y las aguas son turbias,
hay que tomar medidas y averiguar dónde es que se vierten
suciedades en ellas. Más adelante, cuando se corrijan las
causas más gruesas y obvias, se va refinando
el procedimiento.
No se necesitan aparatos electrónicos, medidores de gases,
instalaciones con técnicos de gabacha blanca y equipos sofisticados,
para aliviar en un alto porcentaje el problema de la contaminación
atmosférica en nuestras ciudades. Esto lo venimos señalando
desde hace tiempo, sin que las autoridades, empecinadas en una innecesaria
y supuesta modernización, admitan que han complicado un asunto
que en su primera fase es simple. Y es simple como lo constata cualquier
automovilista y cualquier peatón: a pura nariz se detecta
cuáles vehículos son contaminadores en exceso, aunque
haya otros que se pasan de la raya pero sin ser amenaza.
La terquedad de no hacer nada
Es más que suficiente que la policía detenga a buses,
camiones, pick-ups, garnachas y automóviles que dejan tras
de sí oleadas de humo, para corregir buena parte del problema
de la contaminación ambiental. A los vehículos que
a simple vista, sin someterlos a pruebas de laboratorio, echan humo,
se les da un plazo para corregir el problema, o irse a la huesera.
Y para que un taller no alquile catalizadores y luego se los quite,
que los vehículos lleven la certificación del trabajo
realizado: si luego los detienen echando humo después de
los supuestos arreglos, se multan o van a la huesera.
En estos asuntos puede aplicarse sin ambages el principio de que
debe privar el bien colectivo sobre el interés individual.
Si mantener un motor en buenas condiciones tiene sus costos para
su dueño, el precio que paga la comunidad por culpa de aire
malsano, inmundo, es enorme.
A los problemas físicos (suciedad, mal olor, etc.) se agregan
los de salud, las pérdidas en productividad, y los derivados
de las muertes o incapacitaciones de muchísimas personas.
Hay que sumar a esto el costo de hospitales, médicos y enfermeros,
administración, medicinas, etc., en el que se incurre para
curar, o ayudar a bien morir, a quienes padecen de males pulmonares.
No es explicable la terquedad de las autoridades de no hacer nada,
hasta que esté en pie la red de estaciones de revisión
de vehículos. En otros términos, que siga muriendo
la gente, pero que se mantenga el esquema de salvación.
|
|