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El pavor de siempre

El seleccionado salvadoreño lució timorato en muchos pasajes del partido contra México. Lo malo es que quedó la duda de si estábamos para más.

Roberto Águila

El fútbol moderno establece que hay que achicar la cancha cuando se pierde la pelota y aparece la necesidad de recuperarla, y que hay que ampliarla cuando se tiene y nace la obligación de producir ataque a través de fabricar espacios de maniobra.

Repasando lo que el equipo nacional realizó frente a México en su derrota de 0-1, puede concluirse en que solamente se hizo lo primero. Y, de paso, se hizo muy mal porque se estableció la trinchera defensiva muy cerca de Santos Noel Rivera. en zonas de remate explotables y con escaso tiempo para respirar.

A partir de esta postura que nos metió en un claro ataque contra defensa, se cerró la posibilidad de fabricar ataque en serio porque las proyecciones ofensivas quedaron libradas a la soledad con que se movió Ronald Cerritos allá arriba, o al empeño de Marvin Benítez por ganar la línea de fondo y meter el centro.

Y frente a un equipo que no trató nunca de venir a pelear el partido en el medio campo, que no buscó nunca ejercer presión sobre los volantes rivales para quitarles la pelota y la comodidad del armado, México tuvo un paseo de campo por más que el marcador arroje cifras estrechas que hagan pensar lo contrario.

El temor a perder

Lo nuestro fue de nuevo el típico temor a perder que nunca desechamos en competencias de este tipo. Y esta vez prevaleció tanto que perdíamos 1-0 y no fuímos capaces de arriesgar en ataque, acaso pensando en que ya no importaba impedir la derrota sino la goleada.

Y fue tan tibio nuestro accionar después del gol de Jair García logrado por la falta de tino del arquero Rivera de no desviar la pelota al ‘córner’ como mandan los cánones, que al equipo mexicano le bastó proyectar su fortaleza más allá de los protagonismos personales, y se hizo realidad en el funcionamiento como bloque. Sus hombres, más que creativos, fueron creyentes de una manera de jugar que siempre produce lo que se busca: Conseguir la pelota y tenerla.

Javier Aguirre mantuvo en el fondo a Adrián García y a Gabriel de Anda -suficientes para quitarle la pelota a Cerritos-, y se manejó con el grueso de cinco hombres en el medio campo, y con tres en ofensiva. Bajo este planteo, México maniobró permanentemente en el último cuarto de cancha, dispuso siempre de gente en todos los frentes y alcanzó a ensayar todas las variantes de ataque de que fue capaz.

Sin embargo, no fue contundente en proporción a los arranques y llegadas que produjo, posiblemente porque se repitió mucho en los centros a la aglomeración que facilitaron nuestra labor defensiva.

Conclusiones

Con todo y la comodidad con que el equipo mexicano facturó la victoria, la impresión que me quedó al final es que este cuadro de “el Vasco” Aguirre no tiene la jerarquía que tanto dimensionamos y que nos despertó el temor a irrespetarlo.

Que bien puede ser presa de Guatemala, porque el equipo chapín no tiene la costumbre de ver fantasmas en donde no los hay, y casi siempre complica a la tricolor mexicana.

De manera que si las pretensiones de Carlos Recinos era de que no nos golearan por la posibilidad de que los chapines caigan ante México por más goles y así pasar a la siguiente ronda a través de un simple empate ante Guatemala, pueden resultar en cálculos demasiado apresurados.

Por otra parte, la imagen que dejamos en el “Rose Bowl” de ser un equipo timorato, apoltronado, sin ambición e incapaz de realizar tan siquiera una sola proyección ofensiva, no permite pensar en que seamos capaces de empatarle o ganarle a Guatemala.

Así los vimos

Portería: Santos Noel Rivera fue culpable directo del gol. No la desvió hacia otro lugar que no fuese su misma área chica, por cierto desprotegida. Luego, sacó varios tiros con olor a peligro, pero igual le cabe ese señalamiento.

Defensa: Lo mejor que tuvimos, sobre todo en el segundo tiempo, cuando pese al retroceso de literalmente todos los volantes, la suerte quedó cifrada en lo que pudiesen hacer Víctor Velásquez, Elmer y el todo corazón Marvin Benítez.

Mediocampo: Ni buena en la destrucción, ni mucho menos en la construcción. Adonay Martínez intentó juntarse con Cerritos, pero sin éxito. Santos Cabrera no fue extrañado luego del ingreso de Canjura, mientras que Cubías lució triste en la marca.

Delantera: Nada. Ronald Cerritos fue un ave solitaria, y Josué Galdámez no logró templar pelota como se esperaba tras su exhibición en el amistoso ante Maratón.

 

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