Palabras
La carrera de
Villeneuve
Carlos
Balaguer
El deseo de ir más allá,
inspira a las multitudes hasta en el deporte.
Gilles Villeneuve -piloto canadiense, as mundial
del volante-, por ejemplo, entregó su
vida, íntegra a su pasión, su
desmesurada pasión por la "vitesse"
(velocidad); por su loco ideal de veleta.
Cuando murió, tres rosas, una bandera
de cuadros negros y blancos -símbolo de
triunfo en las carreras de auto-, más su
casco y sus guantes fueron colocados sobre el
ataúd. Sólo eso quedaba de su
carrera. De su última carrera contra la
vida. ¿Hasta dónde condujo el carro
de su loco ideal de flecha?
Y el premio ¿qué? ¿Una
bandera, la rosa de la amada, la rosa del hijo,
la rosa del amigo, la fama, miles de
fríos trofeos
?
No. El trofeo que se lleva sólo es el
invisible
El que brilla en nuestro
interior. Ese trofeo irreal que recibe el
corazón ante un ideal alcanzado o una
flecha disparada en la pista de carrera.
Y para eso sirve la velocidad: para
transportar mensajes como los corredores Dak o
para alcanzar &emdash;mediante una velocidad de
hasta 300 kilómetros por hora&emdash; un
trofeo de metal y una bandera de cuadros negros
y blancos.