Orientando
PARA EL ESPOSO
IMPOTENTE
Edgar
López Bertrand*
(Primera
parte)
Hace
unos meses, impartí seis conferencias
sobre el placer sexual matrimonial. La
número cinco fue una de las más
concurridas, y especialmente por varones, pues
trataba sobre la impotencia sexual; todas las
conferencias se grabaron y se pusieron a
disposición del público
después del evento. Increíble, se
han vendido hasta la fecha 4,650 copias de la
charla, además que asistieron 7,624
personas entre mujeres y hombres, el día
de la disertación.
Las cifras son variadas sobre la gran
cantidad de hombres impotentes en el mundo; en
un libro de sexología que leí hace
muchos años, me llamó la
atención cuando en su contenido me
encontré con un capítulo que
trataba de: "Sexo después de los
setenta", el autor explicaba meticulosamente,
todo lo necesario y concerniente para poder
tener, por lo menos, una vez por semana, una
relación sexual normal con su pareja, y
algo que sí me llamó la
atención de sobremanera fueron dos cosas:
Primero, la causa más marcada en la
impotencia del hombre es la traición de
su propia mente, más bien, el miedo que
con el tiempo se convierte en terror, a fracasar
y crear una situación embarazosa con su
pareja; segundo, que tenemos que ocupar nuestra
creatividad en las caricias pre-relacionales, y
enseñar a nuestra pareja que colabore y
nos dé todo su apoyo y continuidad hasta
lograr una erección satisfactoria para
ambos.
Rogelio A. se encontraba en un estado de
depresión, y no tenía
interés sexual en absoluto. Su esposa no
pudo decirle al médico si lo que le
había venido primero fue la
depresión o la indiferencia a la
relación sexual. Este hombre sufre de una
condición perturbadora que se conoce con
el nombre de impotencia. La impotencia sexual es
la incapacidad del marido para lograr y mantener
una erección suficiente del pene para el
acto sexual. En términos físicos,
el pene erecto contiene cuatro o cinco veces el
volumen de sangre que tiene cuando está
fláccido. Cuando el hombre experimenta la
impotencia por cualquier razón, lo que
sucede es que el mecanismo vascular reflejo no
bombea suficiente sangre, ni la mantiene
allí para hacer que el pene esté
firme y se mantenga erecto. Algunas veces el
hombre puede sentirse excitado y desea tener
relaciones sexuales, pero no puede estar en el
proceso del juego amoroso con su esposa, cuando
desaparece su erección y él
reacciona con pánico.
Algunos de los hombres más desanimados
que veo son los que acuden allí por causa
de su impotencia. Sin embargo, estos hombres
pueden tener esperanza, pues la mayoría
de los que dan pasos constructivos para
enfrentarse al problema y resolverlo vuelven a
lograr sus facultades sexuales. Incluso sus
vidas conyugales pueden ser mejores
después, pues la solución del
problema de la impotencia requiere la
cooperación amorosa de parte de la
esposa, que puede fortalecer grandemente la
comprensión mutua de la pareja y
enriquecer su expresión de amor.
Aunque un porcentaje muy pequeño de
hombres nunca ha podido volver a experimentar la
erección ni la eyaculación, la
gran mayoría de los que buscan
tratamiento para la impotencia se han
desempeñado, por lo menos bastante bien,
hasta que se les desarrolla alguna dificultad.
La impotencia aparece en todas las edades, en
todas las razas, en todos los niveles sociales y
en todos los grupos económicos.
A riesgo de simplificar exageradamente,
haré la observación de que la
impotencia usualmente es causada por los
pensamientos del hombre. Un hombre que tenga una
positiva actitud mental hacia las relaciones
sexuales rara vez sufre de esa condición,
aunque todo hombre en un tiempo o en otro pierde
la erección. La terapista Helen Kaplan
afirma que aproximadamente la mitad de la
población masculina ha experimentado
ocasionalmente la pérdida de la
erección, o ha pasado por momentos en que
ni siquiera logró la erección para
una relación sexual.
En muchos casos de impotencia, esta
experiencia más bien común de la
pérdida de la erección del pene
establece un ciclo vicioso de fracaso, ansiedad,
más fracaso, más ansiedad, hasta
que la impotencia llega a ser una respuesta
condicionada, en vez de ser una experiencia
sexual agradable. La ansiedad se reduce a
pánico a medida que continúa esta
condición, y cuanto más agudo sea
el temor y el dolor físico, tanto
más trata el sufriente de escapar
"cerrándose" a su esposa, virtualmente
expulsando las relaciones sexuales de su vida.
Cuidado con darse por vencido, cuando la Biblia
dice que "Dios tiene un plan maravilloso para tu
vida", está incluida una relación
sexual satisfactoria y duradera con tu pareja.
Así es Jesús con nosotros,
¡acéptalo hoy en tu
corazón!
*Pastor