Viernes 18 de enero 2002


Orientando
PARA EL ESPOSO IMPOTENTE
Edgar López Bertrand*
(Primera parte)

Hace unos meses, impartí seis conferencias sobre el placer sexual matrimonial. La número cinco fue una de las más concurridas, y especialmente por varones, pues trataba sobre la impotencia sexual; todas las conferencias se grabaron y se pusieron a disposición del público después del evento. Increíble, se han vendido hasta la fecha 4,650 copias de la charla, además que asistieron 7,624 personas entre mujeres y hombres, el día de la disertación.

Las cifras son variadas sobre la gran cantidad de hombres impotentes en el mundo; en un libro de sexología que leí hace muchos años, me llamó la atención cuando en su contenido me encontré con un capítulo que trataba de: "Sexo después de los setenta", el autor explicaba meticulosamente, todo lo necesario y concerniente para poder tener, por lo menos, una vez por semana, una relación sexual normal con su pareja, y algo que sí me llamó la atención de sobremanera fueron dos cosas: Primero, la causa más marcada en la impotencia del hombre es la traición de su propia mente, más bien, el miedo que con el tiempo se convierte en terror, a fracasar y crear una situación embarazosa con su pareja; segundo, que tenemos que ocupar nuestra creatividad en las caricias pre-relacionales, y enseñar a nuestra pareja que colabore y nos dé todo su apoyo y continuidad hasta lograr una erección satisfactoria para ambos.

Rogelio A. se encontraba en un estado de depresión, y no tenía interés sexual en absoluto. Su esposa no pudo decirle al médico si lo que le había venido primero fue la depresión o la indiferencia a la relación sexual. Este hombre sufre de una condición perturbadora que se conoce con el nombre de impotencia. La impotencia sexual es la incapacidad del marido para lograr y mantener una erección suficiente del pene para el acto sexual. En términos físicos, el pene erecto contiene cuatro o cinco veces el volumen de sangre que tiene cuando está fláccido. Cuando el hombre experimenta la impotencia por cualquier razón, lo que sucede es que el mecanismo vascular reflejo no bombea suficiente sangre, ni la mantiene allí para hacer que el pene esté firme y se mantenga erecto. Algunas veces el hombre puede sentirse excitado y desea tener relaciones sexuales, pero no puede estar en el proceso del juego amoroso con su esposa, cuando desaparece su erección y él reacciona con pánico.

Algunos de los hombres más desanimados que veo son los que acuden allí por causa de su impotencia. Sin embargo, estos hombres pueden tener esperanza, pues la mayoría de los que dan pasos constructivos para enfrentarse al problema y resolverlo vuelven a lograr sus facultades sexuales. Incluso sus vidas conyugales pueden ser mejores después, pues la solución del problema de la impotencia requiere la cooperación amorosa de parte de la esposa, que puede fortalecer grandemente la comprensión mutua de la pareja y enriquecer su expresión de amor.

Aunque un porcentaje muy pequeño de hombres nunca ha podido volver a experimentar la erección ni la eyaculación, la gran mayoría de los que buscan tratamiento para la impotencia se han desempeñado, por lo menos bastante bien, hasta que se les desarrolla alguna dificultad. La impotencia aparece en todas las edades, en todas las razas, en todos los niveles sociales y en todos los grupos económicos.

A riesgo de simplificar exageradamente, haré la observación de que la impotencia usualmente es causada por los pensamientos del hombre. Un hombre que tenga una positiva actitud mental hacia las relaciones sexuales rara vez sufre de esa condición, aunque todo hombre en un tiempo o en otro pierde la erección. La terapista Helen Kaplan afirma que aproximadamente la mitad de la población masculina ha experimentado ocasionalmente la pérdida de la erección, o ha pasado por momentos en que ni siquiera logró la erección para una relación sexual.

En muchos casos de impotencia, esta experiencia más bien común de la pérdida de la erección del pene establece un ciclo vicioso de fracaso, ansiedad, más fracaso, más ansiedad, hasta que la impotencia llega a ser una respuesta condicionada, en vez de ser una experiencia sexual agradable. La ansiedad se reduce a pánico a medida que continúa esta condición, y cuanto más agudo sea el temor y el dolor físico, tanto más trata el sufriente de escapar "cerrándose" a su esposa, virtualmente expulsando las relaciones sexuales de su vida. Cuidado con darse por vencido, cuando la Biblia dice que "Dios tiene un plan maravilloso para tu vida", está incluida una relación sexual satisfactoria y duradera con tu pareja. Así es Jesús con nosotros, ¡acéptalo hoy en tu corazón!

*Pastor


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