El Salvador en
los juegos Centroamericanos
De
más a menos
El abandono
estatal al deporte, en un primer momento, y,
luego, el conflicto armado de la década
de los 80's dejó a El Salvador enclavado
en las últimas posiciones del medallero
durante las primeras contiendas
centroamericanas. El país tuvo que
esperar 22 años para obtener cotas altas
en la justa regional.
Rodrigo
Baires Q. / El Diario de Hoy
La historia
reciente de El Salvador en los Juegos Deportivos
Centroamericanos se resume en el bicampeonato
obtenido en San Pedro Sula '97. La imagen de
Enrique Trabanino haciendo suertes en las
anillas mientras Eva María Dimas
destrozaba marcas regionales en los lanzamientos
y el levantamiento de pesas se convirtieron en
iconos del deporte salvadoreño: El
deporte ganador.
Sin embargo, los
Juegos no representaron un sinónimo de
victoria para el deporte salvadoreño
antes de 1994, cuando la realización de
la quinta edición de los Centroamericanos
recayó en manos nacionales y el gobierno,
luego de un abandono de 41 años,
volvió a apoyar de manera seria al
deporte.
En octubre de
1989, el entonces presidente de la
República, Alfredo Crisitiani,
avaló al Instituto Nacional de los
Deportes (INDES) y al Comité
Olímpico de El Salvador (COES),
regenteados por José Guandique y Melesio
Rivera respectivamente, para solicitar la sede
de los V Juegos Deportivos Centroamericanos.
El Salvador
perdió luego de tres rondas de votaciones
frente a Managua, Nicaragua, que buscaba
redimirse de no haber realizado la justa en
1980, cuando la revolución Sandinista
derrocó a general Agusto
Sandino.
Entonces
pesó la normativa de inclinar la sede a
las ciudades que núnca la habían
realizado, además de los temores que
despertaba la guerra civil en El Salvador, algo
que se vio magnificado con la ofensiva del
Frente Farabundo Martí para la
Liberación Nacional (FMLN), el 11 de
noviembre de 1989, a dos meses de la
votación.
Pero los
sandinistas fallaron al no ratificar la sede en
el tiempo estipulado por el reglamento de la
Organización Deportiva Centroamericana
(ORDECA), aduciendo problemas económicos,
y para enero de 1992, El Salvador tomó
las riendas de la organización de los
Centroamericanos.
El
ayer
Bajo el mando de
un grupo de empresarios, ligados al deporte en
su mayoría, el Comité Organizador
de los V Juegos (COQUIN) se anotó un gol
obteniendo cerca de ¢100 millones de
colones para la construcción de nuevos
escenarios deportivos además de la
reconstrucción de otros que se
encontraban dañados por el terremoto del
10 de octubre de 1986 y el desgaste de los
años.
De igual forma
logró obtener otros ¢100 millones de
colones para la organización del evento,
en el cual se esperaba 'ganar la medalla de oro
como sede' pero al mismo tiempo poder realizar
una 'actuación aceptable' a nivel
deportivo.
Además de
la lógica compra de implementos nuevos y
los beneficios que trajeron la
remodelación de la infraestructura
deportiva del país, el COQUIN
apostó a la contratación de
entrenadores foráneos, la
capacitación de elementos técnicos
nacionales, la asignación de fogueos en
el extranjero y un mayor apoyo económico
al deporte.
El espaldarazo
dio como resultado un panorama completamente
alejado de lo que había vivido el deporte
salvadoreño antes de 1994.
Para los
primeros Centroamericanos de Guatemala '73, a
cuatro años de la 'Guerra de las Cien
Horas' contra Honduras y los enfrentamientos
políticos al interior de la sociedad
salvadoreña, dibujaron un bosquejo de
tensión social alrededor de la
participación
salvadoreña.
Con todo, los
nacionales participaron con una
delegación de 235 personas -entre
atletas, delegados, periodistas y entrenadores-
bajo el patrocinio del mismo presidente de la
República, el coronel Arturo Armando
Molina.
El viaje a
tierras guatemaltecas arrojó logros
importantes como el 1-2 en florete individual de
David Mungía Payes y Herber Guardado
Juárez o la barrida en el tenis de mesa
de la mano de José Carlos Avelar y
Federico Aguilar Meardi.
Sin embargo,
aún con la buena actuación de los
levantadores de pesas y la medalla de oro de la
selección femenina de baloncesto, la
única presea dorada en deportes de
conjunto, el nivel salvadoreño
sólo fue suficiente para el cuarto lugar.
Arriba
habían quedado panameños, "ticos"
y "chapines", que habían marcado la
mayoría de los 16 disciplinas en
contienda.
Entre
conflictos
Las siguientes
tres ediciones, con excepción de los
Centroamericanos de San Salvador '77, no
depararon mucho más para los
salvadoreños.
Para noviembre
de 1977, los problemas políticos en El
Salvador habían tomado forma, y a pesar
de que durante los días de competencia no
se presentaron incidentes fuera de lo
común, con excepción del atleta
"tico" detenido por 'faltas a la moral' al salir
del hospital Rosales sólo con bata
porqué 'ya no quería estar
ahí' luego de ser tratado por una
lesión, la tensión se podía
palpar en las calles de la ciudad.
Sumada a la
medalla de oro en el fútbol
centroamericano, 'circo' para el pueblo, los
nacionales lograron apoyarse en su
público y mejoraron su posición en
el medallero final. Deportes como esgrima, judo,
levantamiento de pesas, natación y tiro
deportivo dieron16 oros más que en la
primera edición.
Volvieron a ser
figura el esgrimista David Mungía Payes,
los nadadores Oscar Moreno y los hermanos Piero,
Lucia y Antonio Ferracutti además de los
halteras Armando 'kimura' Ramos y Cecilio
Montalvo. Pero sus medallas tenían
impreso el sello del apoyo de su familia
más que del desarrollo deportivo
salvadoreño.
Con todo, la
selección salvadoreña se
ubicó en el segundo lugar 47 oros, 56
platas y 41 bronces. Arriba volvieron a quedar
los panameños.
Las cosas
cambiaron radicalmente con la llegada de los
años 80's. A nivel nacional, la guerra
civil entre el FMLN y el ejercito era una hecho
que tardaría más de una
década en encontrar una
solución.
La
situación de conflicto restó
importancia al deporte en general, que
aún concentrado en San Salvador,
empezó a perder espacios. Los torneos
nacionales de baloncesto, realizados en horas
nocturnas, terminaron desvaneciendose y en otras
ramas el número de participantes
empezó a mermar fueron ejemplo de
ello.
A la par se dio
un cambio radical en la forma en que era
manejado el deporte. El conflicto interno en el
seno del COES terminó con la
creación de la Ley General del Deporte y
el INDES, con repercusiones internacionales como
la expulsión de El Salvador de las
competiciones avaladas por el Comité
Olímpico Internacional entre 1980 y 1983
y convirtió al Comité nacional en
una mera embajada.
Con el divorcio
entre INDES y COES, dos instituciones de baja
renta y poco apoyo social, para los III Juegos
Centroamericanos de Guatemala '86, el
país llegó a la cuarta
posición de la contienda con 124 metales
de todo color, por debajo de la gran barrida
guatemalteca de 110 oros o el trabajo de Costa
Rica y Nicaragua, segundo y tercero en la
contienda.
Pero el rosario
de los deportistas salvadoreños
todavía tenía más cuentas
pendientes. Aún con el deseo y el
tesón con que se estaban preparando los
atletas nacionales para Tegucigalpa '90, la
segunda ofensiva del FMLN hizo mella en los
seleccionados cuando la guerra toco
directamente, por varios días, a San
Salvador.
A la larga, la
justa planteó el mismo orden en el
medallero -Guatemala, Costa Rica y Nicaragua-
pero también dejó claro el nivel
salvadoreño que logró ascender en
13 oros frente a lo que se había hecho
cuatro años después y con la
medalla del béisbol centroamericano se
abrieron puertas para pensar que 'no
habían imposibles' en materia
deportiva.
(EL
CAMBIO) SIGUIENTE
PAGINA
I PORTADA