Un
llamado
Celulares, ¿un
nuevo riesgo para los conductores?
Rodolfo
Chang Peña
Hace
un poco más de dos años, una
importante institución de los Estados
Unidos realizó una investigación,
que demostró que si una persona que
conduce un vehículo automotor habla
simultáneamente por el teléfono
celular, tiene la misma probabilidad de sufrir
un accidente de tránsito grave, que un
motorista que maneja en estado de ebriedad.
En efecto, como lo han demostrado
múltiples estudios en diversas partes del
mundo, el riesgo de ocurrencia de una
colisión, que puede ser fatal para la
persona que maneja, se incrementa en forma
directamente proporcional al grado de
distracción. Es decir que a medida que
aumenta la distracción, mayor es la
probabilidad de atropellar un peatón,
irrespetar un alto, embestir al vehículo
que va delante, colisionar con un
microbús o ser sacado de la vía
por un autobús interdepartamental.
Para responder una llamada telefónica
del celular, es natural que el conductor tiene
que concentrarse para escuchar y entender el
mensaje (peor si se trata de una
conversación kilométrica), a su
vez, también tiene que concentrarse para
decir lo que tiene que decir. Ese preciso
instante en que se desatiende de la carretera y
de los demás vehículos, es
suficiente para provocar una tragedia.
Las autoridades respectivas en los Estados
Unidos están preocupadas y buscando las
salidas legales que obliguen a los motoristas a
distraerse menos con el celular,
situación que no es fácil y que
por cierto en los últimos tiempos se ha
complicado, especialmente con el advenimiento de
tecnología que permite instalar en el
tablero del vehículo, una minipantalla
para Internet y hasta un microimpresor,
además de la radio y la casetera. Como
era de esperar, ya también reaccionaron
los defensores de las "distracciones", alegando
que si las autoridades intervienen,
estarán invadiendo la privacidad y
atentando contra las libertades
individuales.
En El Salvador, hasta hace relativamente
pocos años la gente no se comunicaba con
la frecuencia que lo hace ahora. Una vez que se
creó la necesidad la vida moderna exige
que el ciudadano, cualquiera que sea su nivel
cultural y condición económica se
mantenga en constante comunicación,
aún mientras come en un restaurante,
cuando sale o entra a un edificio, en el
interior de los servicios sanitarios, a las
puertas de la universidad, cuando se conduce en
el interior de un autobús o
microbús, cuando realiza sus ejercicios
en bicicleta, cuando le están haciendo un
corte de pelo y por supuesto,
simultáneamente mientras maneja su
vehículo.
En el país los accidentes
automovilísticos y la violencia
constituyen la fuente más importante de
fallecidos y lesionados, por encima de las
enfermedades cardíacas, cáncer,
diarreas e infecciones de vías
respiratorias. Los dos primeros se asocian con
el alcoholismo como lo prueban las grandes
batidas antidoping que realiza el Viceministerio
de Transporte. Este último debería
conocer el estudio citado, con la idea de ver
qué se podría hacer en El Salvador
desde el punto de vista preventivo, porque
¡ya suficientes problemas se tienen con el
alcoholismo, drogadicción, trogloditismo
sobre el asfalto, machismo del volante,
exhibicionismo juvenil y descortesía a
tiempo completo de buseros y microbuseros, como
para tener un factor de riesgo adicional en la
generación de accidentes y tragedias!
* Dr. en Medicina.