Lunes 3 de septiembre de 2001


Un llamado
Celulares, ¿un nuevo riesgo para los conductores?
Rodolfo Chang Peña

Hace un poco más de dos años, una importante institución de los Estados Unidos realizó una investigación, que demostró que si una persona que conduce un vehículo automotor habla simultáneamente por el teléfono celular, tiene la misma probabilidad de sufrir un accidente de tránsito grave, que un motorista que maneja en estado de ebriedad.

En efecto, como lo han demostrado múltiples estudios en diversas partes del mundo, el riesgo de ocurrencia de una colisión, que puede ser fatal para la persona que maneja, se incrementa en forma directamente proporcional al grado de distracción. Es decir que a medida que aumenta la distracción, mayor es la probabilidad de atropellar un peatón, irrespetar un alto, embestir al vehículo que va delante, colisionar con un microbús o ser sacado de la vía por un autobús interdepartamental.

Para responder una llamada telefónica del celular, es natural que el conductor tiene que concentrarse para escuchar y entender el mensaje (peor si se trata de una conversación kilométrica), a su vez, también tiene que concentrarse para decir lo que tiene que decir. Ese preciso instante en que se desatiende de la carretera y de los demás vehículos, es suficiente para provocar una tragedia.

Las autoridades respectivas en los Estados Unidos están preocupadas y buscando las salidas legales que obliguen a los motoristas a distraerse menos con el celular, situación que no es fácil y que por cierto en los últimos tiempos se ha complicado, especialmente con el advenimiento de tecnología que permite instalar en el tablero del vehículo, una minipantalla para Internet y hasta un microimpresor, además de la radio y la casetera. Como era de esperar, ya también reaccionaron los defensores de las "distracciones", alegando que si las autoridades intervienen, estarán invadiendo la privacidad y atentando contra las libertades individuales.

En El Salvador, hasta hace relativamente pocos años la gente no se comunicaba con la frecuencia que lo hace ahora. Una vez que se creó la necesidad la vida moderna exige que el ciudadano, cualquiera que sea su nivel cultural y condición económica se mantenga en constante comunicación, aún mientras come en un restaurante, cuando sale o entra a un edificio, en el interior de los servicios sanitarios, a las puertas de la universidad, cuando se conduce en el interior de un autobús o microbús, cuando realiza sus ejercicios en bicicleta, cuando le están haciendo un corte de pelo y por supuesto, simultáneamente mientras maneja su vehículo.

En el país los accidentes automovilísticos y la violencia constituyen la fuente más importante de fallecidos y lesionados, por encima de las enfermedades cardíacas, cáncer, diarreas e infecciones de vías respiratorias. Los dos primeros se asocian con el alcoholismo como lo prueban las grandes batidas antidoping que realiza el Viceministerio de Transporte. Este último debería conocer el estudio citado, con la idea de ver qué se podría hacer en El Salvador desde el punto de vista preventivo, porque ¡ya suficientes problemas se tienen con el alcoholismo, drogadicción, trogloditismo sobre el asfalto, machismo del volante, exhibicionismo juvenil y descortesía a tiempo completo de buseros y microbuseros, como para tener un factor de riesgo adicional en la generación de accidentes y tragedias!

* Dr. en Medicina.


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