Reportaje
especial Revista Vértice
Soldados en
cielo ajeno
Las
alas salvadoreñas del Plan
Colombia
En los últimos meses, personas
vinculadas a la controvertida empresa
estadounidense de fumigación DynCorp
llegaron al país a la búsqueda de
pilotos experimentados de helicópteros de
la Fuerza Aérea. Su intención es
que éstos participen en las arriesgadas
operaciones de irrigación de veneno a
plantíos ilegales que se desarrollan
dentro del Plan Colombia. A pesar de los
peligros que conllevan estas acciones, la
posibilidad real de un atractivo salario aparece
como la principal razón que ya ha llevado
a algunos a aceptar la oferta.
- Ana Lidia
Rivera
No
se instalaron en una oficina ni comenzaron a
repartir solicitudes. Las relaciones que se
establecieron entre pilotos salvadoreños
y asesores militares estadounidenses durante la
guerra bastaron para que a algunos oficiales de
la Fuerza Aérea Salvadoreña (FAS)
les naciera la oferta de un contrato por dos
años: siete mil dólares mensuales
(61 mil 250 colones), es decir 168 mil
dólares en 24 meses (un millón
470 mil colones), por pilotar los
helicópteros que custodian las
operaciones de fumigación de glifosato en
Putumayo y Caquetá, en el sur de
Colombia, donde además de coca y amapola
existe una nutrida presencia de guerrilleros,
paramilitares y narcotraficantes.
No importó el riesgo. Fruto de estos
contactos, dos ex oficiales de la FAS, con
amplia experiencia en vuelos de combate, ganada
durante el conflicto, se encuentran en estos
momentos participando de esas operaciones de la
mano de la empresa fumigadora DynCorp,
contratada por el Departamendo de Estado
norteamericano para esta tarea.
Los contactos funcionan por múltiples
vías además de la relación
con los estadounidenses. Oficiales colombianos
que coincidieron con pilotos salvadoreños
durante entrenamientos en bases militares
norteamericanas también han hecho sus
ofertas. Un ex capitan de la FAS, que en la
actualidad tiene su propio negocio, comenta que
un oficial colombiano procedente de Estados
Unidos le hizo hace unos meses el ofrecimiento,
en términos confidenciales. Él lo
rechazó.
"No acepté porque, gracias a Dios
tengo una buena posición con mi empresa.
Pero no puedo decir que de ese agua no
beberé", explica.
Según el oficial, cuyo nombre no
será revelado, como el de ninguno de los
involucrados en este reportaje, este tipo de
contactos funciona siempre bajo un estricto
carácter confidencial. "No es que
mandés tu currículum", bromea.
Para este oficial, que muestra ambigüedad a
la hora de valorar la determinación de
sus dos colegas pilotos que ya se encuentran en
Colombia, 7 mil dólares mensuales no
compensan una separación familiar y el
riesgo que implica una guerra.
"Puedo hacerlo en una guerra por mi
país, como lo hice por diez años,
pero esto es como si se tratara de mercenarios".
Sin embargo, el oficial, que no pasa de los 35
años y en cuya oficina lucen numerosos
diplomas de especialización en manejo de
helicópteros, se detiene en su comentario
y reflexiona sobre la posible razón que
llevó a sus compañeros a
involucrarse en aquella empresa.
"Creo que está mal ocupado el
término. Realmente, creo que el factor
económico es lo que los ha llevado a
tomar esa decisión, porque no estamos
hablando de operaciones comerciales, sino de
operaciones de guerra en otro país",
razona. "No están haciendo ningún
mal; al contrario, están aportando su
experiencia a una causa justa, como es la lucha
contra el narcotráfico".
Considera que la experiencia en operaciones
aéreas de helicópteros en El
Salvador superó incluso a la del
conflicto del Vietnam, por lo que afirma que los
pilotos salvadoreños se cotizan bien en
el mercado. "Aqui se mejoraron las operaciones
nocturnas; se hicieron misiones que no se
hicieron en Vietnam; nos cualificamos en el uso
de los visores infrarrojos y en evitar el
impacto de misiles tierra-aire.
Tácticamente, nos pulimos. Y eso se
cotiza", afirma.
Con
esperanza
Muchos pilotos, dentro y fuera de la FAS, se
entusiasman al pensar lo que significaría
para ellos ser contratatados por DynCorp.
Un oficial de pilotos en servicio activo,
actualmente jefe de una unidad, declaró
recientemente a un medio de prensa
estadounidense que espera un posible contrato
con la empresa. Hace un año, según
relató el oficial, vino al país el
asesor militar norteamericano David Campbell, a
quien conoció en una base militar de
Alabama y que ahora se encuentra destacado en
Colombia. "Buscan pilotos con 3 mil horas de
vuelo y con experiencia de combate", le
explicó.
En las declaraciones, el oficial reconoce que
la razón principal que lo llevaría
a participar en el Plan Colombia es
económica. "Cuando volábamos en El
Salvador, durante la guerra, lo hicimos por
valores patrióticos, para vencer al
comunismo. Ahora es por dinero".
Sorpresa
La información sobre lo que pasa entre
algunos de los miembros de la FAS tomó
por sorpresa a su principal jefe, el coronel
Milton Andrade.
Este veterano de la guerra, fundador del
Escuadron de Helicópteros en los
años ochenta, reconoce que los pilotos
que en su momento solicitaron la baja para
participar en el Plan Colombia &endash;"si es
que lo han hecho", matiza&endash;, actuaron a
título personal; "La institución
castrense no tiene en absoluto nada que ver",
afirma.
Según el jefe de la FAS, no es la
primera vez que sus pilotos solicitan la baja
para irse a trabajar al sector privado. Ocurre
frecuentemente con la aerolínea nacional
de Transporte Aéreos de Centro
América (TACA), donde en la actualidad
vuelan más de 50 pilotos provenientes de
la FAS.
Igual fenómeno se da con los
mecánicos de aviación de la FAS,
que también son atraídos por los
salarios que les ofrece esta empresa. El oficial
se lamenta por la pérdida de su gente,
por un lado por la experiencia que atesoran, y
por otro por la inversión estatal en
ellos. Los costos de la formación
completa de los pilotos de ala fija (aviones) y
rotativa (helicópteros) ronda los 250 mil
dólares (dos millones 187 mil 500
colones).
"Cada vez que TACA adquiere aviones, nosotros
temblamos, porque sabemos que gente
pedirá la baja". Andrade retoma el tema
sobre las razones que llevaron a sus pilotos a
pedir la baja en el caso de Colombia; "hay que
analizar de forma individual los casos para
poder entender sus razones", señala,
"pero de lo que sí estoy seguro es de que
lo que están haciéndo no es
ilícito". Hecha esta aclaración,
afirma que cree que la decisión
está bien.
Otro sorprendido por la contratación
de oficiales salvadoreños por DynCorp
para el Plan Colombia es el recién
nombrado agregado militar de Colombia en el
país, teniente coronel Noel Nieto
Polanco. El militar aseguró a
Vértice que las operaciones son
realizadas por agentes netamente colombianos.
"La verdad es que nosotros no sabemos de eso; no
sé nada relacionado con esa empresa".
"Además, los asesores estadounidenses
sólo capacitan a nuestra gente", afirma,
"y ayudan en el mantenimiento del equipo
militar".
¿Qué es DynCorp?
En la página web de la embajada de los
Estados Unidos en Colombia, DynCorp Aerospace
Technologies aparece como una empresa privada de
fumigación.
De Colombia llegan, anualmente, 300 toneladas
de cocaína pura a las calles de las
ciudades norteamericanas, y DynCorp fue
contratada por el Departamento de Estado para el
programa de irrigación aérea que
tiene como propósito erradicar el 50 por
ciento de los cultivos ilegales en ese
país, por un período de seis
años.
Pero, en las últimas semanas, la
publicación de una extensa
investigación en la revista colombiana
Semana, sobre irregularidades en la
contratación de esta empresa y el
involucramiento de algunos de sus miembros en el
tráfico y consumo de heroína y
cocaína, plantea muchas
interrogantes.
La investigación de Semana, titulada
"Mercenarios", consigna que en mayo de 2000 la
Policía Aeroportuaria destacada en El
Dorado, en Bogotá, inspeccionó una
carga que iba a ser enviada a Estados Unidos.
Los policías hallaron una caja de
cartón con dos frascos marcados "AOAP".
Contenían un líquido viscoso que
despertó sospechas. Se determinó
realizar un narcotest con una efectividad del
cien por cien. El reporte oficial
estableció la presencia de
heroína.
Lo que más sorprendió a las
autoridades fue el remitente de ese paquete:
DynCorp. Los frascos tenían como destino
la base aérea de Patrick, en Florida. A
pesar de la gravedad del hecho, la historia no
se conoció hasta un año
después, a través del diario
canadiense "The Nation". El artículo se
fundamentó en un documento interno de la
DEA, publicado después de que el
periódico acudiera a una ley que ampara
la libertad de información en EE.UU.
El hallazgo de El Dorado se
judicializó, pero la fiscal que lleva el
caso aún no se ha pronunciado. El pasado
julio, la embajadora estadounidense en Colombia
y ex embajadora en nuestro país, Anne
Patterson, negó la veracidad de la
información. El contenido de los frascos,
según la diplomática, era aceite
para helicópteros.
Pero sobre DynCorp pesa también la
sombra de la muerte de uno de sus
paramédicos, Michael Demons, de 29
años. Según los informes
publicados, Demons, asentado en la base militar
de Tres Esquinas, en Caquetá, Colombia,
falleció tras sufrir un ataque cardiaco.
Las pruebas forenses demostraron que la causa de
la muerte había sido una sobredosis de
cocaína. Los documentos de medicina legal
desaparecieron.
"Semana" plantea, además, que DynCorp
no está bajo el control de ninguna
entidad colombiana. Sus únicas relaciones
formales en Colombia son con la NAS, la oficina
que canaliza los recursos aprobados por el
Congreso de Estados Unidos. El Departamento de
Estado condicionó la ayuda a la presencia
de DynCorp.
Según el contrato, personal de DynCorp
va en helicópteros acompañando las
operaciones de fumigación. Se trata,
oficialmente, de pilotos y médicos, no de
artilleros. Estos contratistas dan apoyo a
operaciones antinarcóticos, y nunca
entran en combate.
Pero, a diferencia de los casi 200 asesores
militares de Estados Unidos en el país,
los hombres de DynCorp no tienen órdenes
de evitar combates. Los pilotos ingresan a
Colombia con visa de turistas y permanecen 15
días en bases militares. Pasados los 15
días, salen del país para
descansar dos semanas, y regresan de nuevo.
¿Soldados de fortuna?
Se hacen diversos análisis de la
participación de oficiales no colombianos
en este complejo conflicto.
El Director del Centro Latinoamericano y del
Caribe de la Florida International University,
Eduardo Gamarra, estima que son contratados como
profesionales. "Yo no los clasificaría
como mercenarios. Son gente especializada que
realiza un trabajo especializado", dice, y hace
una analogía: "Si tengo problemas graves
de hormigas en mi jardín, llamo a una
compañía de fumigación; si
mi vecino se molesta y me sale con disparos, la
próxima vez llamo a la
Policía".
Para él, las tareas de
fumigación no pueden calificarse como
operaciones de guerra, pero considera que hay
una "doble moral" en el Plan Colombia: "Es el
reflejo de la política oficial de ese
país, no es una imposición del
gobierno estadounidense".
La posición anterior se aleja de la
del salvadoreño Leonel Gómez,
analista especializado en la política
norteamericana en Centroamérica. Para
Gómez, la contratación de
oficiales salvadoreños es reflejo de la
ausencia de voluntad política por parte
de Washington en el combate contra el
narcotráfico. "Yo le veo poblemas
éticos. Están contratando carne de
cañón, que además les sale
barata". Según cree, este tipo de
prácticas ya en el pasado han dado pobres
resultados. "Vietnam es el más
patético de los ejemplos".
Por su parte, William Walker, profesor de
Historia y Relaciones Internacionales de la
Florida International University, cree que el
uso de pilotos centroamericanos en Colombia, con
la aprobación del gobierno
norteamericano, puede convertir un conflicto
civil local en un conflicto con
características regionales.
"Esto demuestra el compromiso de Estados
Unidos por querer enfrentar el problema de las
drogas, como siempre ha sido el caso, desde
fuera de Estados Unidos", afirma. "Convertir el
conflicto colombiano en un conflicto 'by proxy',
es decir, que unos segundos hagan el trabajo a
través de la delegacion del poder, no
debería sorprender a nadie. Desde el
colapso de Estados Unidos en Indochina se ha
seguido una politica de 'dos proyecciones'
siempre que ha sido posible".
Ello ocurre mediante el empleo de le fuerza
de manera limitada, mediante conflictos de baja
intensidad, y logrando que otros provean la
fuerza militar para el combate. "Esta
práctica sigue la doctrina de Nixon,
diseñada para usarse en otros lugares,
excepto en Asia", explica Walker.
"Pero en Latinoamérica, donde los
conflictos han sido de larga duracion, como es
el caso de Colombia, si se logra que los
latinoamericanos se combatan a sí mismos,
es más factible conseguir fondos del
Congreso para asistencia militar", opina.
Walker considera como un axioma que a los
extranjeros contratados para un conflicto, debe
llamárseles "mercenarios", y se pregunta:
"¿El Presidente Pastrana ha puesto en venta
la soberanía de su nación a unos
extranjeros, debido a que sus esfuerzos para
finalizar el conflicto han fracasado?"
"Desde la era de Reagan", señala
Walker, "cuando fracasó en solucionar los
conflictos en Centroamérica mediante la
fuerza,Washington ha tratado de usar la guerra
en contra de las drogas como una manera de
continuar su hegemonía en la
región". Según él, el
esfuerzo ha sido un éxito.
"Cada Jefe de Estado que mencione el problema
de las drogas como una amenaza a la seguridad
nacional está aceptando la
hegemonía de Estados Unidos", afirma.
"Cada Jefe de Estado que militarice el combate
contra las drogas con ayuda de Los Estados
Unidos cede a la hegemonía de Estados
Unidos, más económica que
política. Y lo más importante
quiza: es cultural".
"La opinión pública estaba
dividida en lo que se refería a
Centroamérica, contrario al caso de la
lucha antidrogas, donde el pueblo norteamericano
la apoya. Entonces se apoyará una
política exterior que se dirija a
combatir a las drogas, cueste lo cueste",
continúa Walker.
Finalmente el analista estadoundense
señala que pagar a extranjeros para que
peleen en Colombia se ha convertido en una
manera perversa, de la realizacion de un ideal
panamericano: "Dejemos pelear a los
latinoamericanos por los valores y metas
estadounidenses que ellos mismos han
adoptado".