Domingo 2 de septiembre de 2001


Reportaje especial Revista Vértice

Soldados en cielo ajeno
Las alas salvadoreñas del Plan Colombia

En los últimos meses, personas vinculadas a la controvertida empresa estadounidense de fumigación DynCorp llegaron al país a la búsqueda de pilotos experimentados de helicópteros de la Fuerza Aérea. Su intención es que éstos participen en las arriesgadas operaciones de irrigación de veneno a plantíos ilegales que se desarrollan dentro del Plan Colombia. A pesar de los peligros que conllevan estas acciones, la posibilidad real de un atractivo salario aparece como la principal razón que ya ha llevado a algunos a aceptar la oferta.

Ana Lidia Rivera

No se instalaron en una oficina ni comenzaron a repartir solicitudes. Las relaciones que se establecieron entre pilotos salvadoreños y asesores militares estadounidenses durante la guerra bastaron para que a algunos oficiales de la Fuerza Aérea Salvadoreña (FAS) les naciera la oferta de un contrato por dos años: siete mil dólares mensuales (61 mil 250 colones), es decir 168 mil dólares en 24 meses (un millón 470 mil colones), por pilotar los helicópteros que custodian las operaciones de fumigación de glifosato en Putumayo y Caquetá, en el sur de Colombia, donde además de coca y amapola existe una nutrida presencia de guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes.

No importó el riesgo. Fruto de estos contactos, dos ex oficiales de la FAS, con amplia experiencia en vuelos de combate, ganada durante el conflicto, se encuentran en estos momentos participando de esas operaciones de la mano de la empresa fumigadora DynCorp, contratada por el Departamendo de Estado norteamericano para esta tarea.

Los contactos funcionan por múltiples vías además de la relación con los estadounidenses. Oficiales colombianos que coincidieron con pilotos salvadoreños durante entrenamientos en bases militares norteamericanas también han hecho sus ofertas. Un ex capitan de la FAS, que en la actualidad tiene su propio negocio, comenta que un oficial colombiano procedente de Estados Unidos le hizo hace unos meses el ofrecimiento, en términos confidenciales. Él lo rechazó.

"No acepté porque, gracias a Dios tengo una buena posición con mi empresa. Pero no puedo decir que de ese agua no beberé", explica.

Según el oficial, cuyo nombre no será revelado, como el de ninguno de los involucrados en este reportaje, este tipo de contactos funciona siempre bajo un estricto carácter confidencial. "No es que mandés tu currículum", bromea. Para este oficial, que muestra ambigüedad a la hora de valorar la determinación de sus dos colegas pilotos que ya se encuentran en Colombia, 7 mil dólares mensuales no compensan una separación familiar y el riesgo que implica una guerra.

"Puedo hacerlo en una guerra por mi país, como lo hice por diez años, pero esto es como si se tratara de mercenarios". Sin embargo, el oficial, que no pasa de los 35 años y en cuya oficina lucen numerosos diplomas de especialización en manejo de helicópteros, se detiene en su comentario y reflexiona sobre la posible razón que llevó a sus compañeros a involucrarse en aquella empresa.

"Creo que está mal ocupado el término. Realmente, creo que el factor económico es lo que los ha llevado a tomar esa decisión, porque no estamos hablando de operaciones comerciales, sino de operaciones de guerra en otro país", razona. "No están haciendo ningún mal; al contrario, están aportando su experiencia a una causa justa, como es la lucha contra el narcotráfico".

Considera que la experiencia en operaciones aéreas de helicópteros en El Salvador superó incluso a la del conflicto del Vietnam, por lo que afirma que los pilotos salvadoreños se cotizan bien en el mercado. "Aqui se mejoraron las operaciones nocturnas; se hicieron misiones que no se hicieron en Vietnam; nos cualificamos en el uso de los visores infrarrojos y en evitar el impacto de misiles tierra-aire. Tácticamente, nos pulimos. Y eso se cotiza", afirma.

Con esperanza

Muchos pilotos, dentro y fuera de la FAS, se entusiasman al pensar lo que significaría para ellos ser contratatados por DynCorp.

Un oficial de pilotos en servicio activo, actualmente jefe de una unidad, declaró recientemente a un medio de prensa estadounidense que espera un posible contrato con la empresa. Hace un año, según relató el oficial, vino al país el asesor militar norteamericano David Campbell, a quien conoció en una base militar de Alabama y que ahora se encuentra destacado en Colombia. "Buscan pilotos con 3 mil horas de vuelo y con experiencia de combate", le explicó.

En las declaraciones, el oficial reconoce que la razón principal que lo llevaría a participar en el Plan Colombia es económica. "Cuando volábamos en El Salvador, durante la guerra, lo hicimos por valores patrióticos, para vencer al comunismo. Ahora es por dinero".

Sorpresa

La información sobre lo que pasa entre algunos de los miembros de la FAS tomó por sorpresa a su principal jefe, el coronel Milton Andrade.

Este veterano de la guerra, fundador del Escuadron de Helicópteros en los años ochenta, reconoce que los pilotos que en su momento solicitaron la baja para participar en el Plan Colombia &endash;"si es que lo han hecho", matiza&endash;, actuaron a título personal; "La institución castrense no tiene en absoluto nada que ver", afirma.

Según el jefe de la FAS, no es la primera vez que sus pilotos solicitan la baja para irse a trabajar al sector privado. Ocurre frecuentemente con la aerolínea nacional de Transporte Aéreos de Centro América (TACA), donde en la actualidad vuelan más de 50 pilotos provenientes de la FAS.

Igual fenómeno se da con los mecánicos de aviación de la FAS, que también son atraídos por los salarios que les ofrece esta empresa. El oficial se lamenta por la pérdida de su gente, por un lado por la experiencia que atesoran, y por otro por la inversión estatal en ellos. Los costos de la formación completa de los pilotos de ala fija (aviones) y rotativa (helicópteros) ronda los 250 mil dólares (dos millones 187 mil 500 colones).

"Cada vez que TACA adquiere aviones, nosotros temblamos, porque sabemos que gente pedirá la baja". Andrade retoma el tema sobre las razones que llevaron a sus pilotos a pedir la baja en el caso de Colombia; "hay que analizar de forma individual los casos para poder entender sus razones", señala, "pero de lo que sí estoy seguro es de que lo que están haciéndo no es ilícito". Hecha esta aclaración, afirma que cree que la decisión está bien.

Otro sorprendido por la contratación de oficiales salvadoreños por DynCorp para el Plan Colombia es el recién nombrado agregado militar de Colombia en el país, teniente coronel Noel Nieto Polanco. El militar aseguró a Vértice que las operaciones son realizadas por agentes netamente colombianos. "La verdad es que nosotros no sabemos de eso; no sé nada relacionado con esa empresa". "Además, los asesores estadounidenses sólo capacitan a nuestra gente", afirma, "y ayudan en el mantenimiento del equipo militar".

¿Qué es DynCorp?

En la página web de la embajada de los Estados Unidos en Colombia, DynCorp Aerospace Technologies aparece como una empresa privada de fumigación.

De Colombia llegan, anualmente, 300 toneladas de cocaína pura a las calles de las ciudades norteamericanas, y DynCorp fue contratada por el Departamento de Estado para el programa de irrigación aérea que tiene como propósito erradicar el 50 por ciento de los cultivos ilegales en ese país, por un período de seis años.

Pero, en las últimas semanas, la publicación de una extensa investigación en la revista colombiana Semana, sobre irregularidades en la contratación de esta empresa y el involucramiento de algunos de sus miembros en el tráfico y consumo de heroína y cocaína, plantea muchas interrogantes.

La investigación de Semana, titulada "Mercenarios", consigna que en mayo de 2000 la Policía Aeroportuaria destacada en El Dorado, en Bogotá, inspeccionó una carga que iba a ser enviada a Estados Unidos. Los policías hallaron una caja de cartón con dos frascos marcados "AOAP". Contenían un líquido viscoso que despertó sospechas. Se determinó realizar un narcotest con una efectividad del cien por cien. El reporte oficial estableció la presencia de heroína.

Lo que más sorprendió a las autoridades fue el remitente de ese paquete: DynCorp. Los frascos tenían como destino la base aérea de Patrick, en Florida. A pesar de la gravedad del hecho, la historia no se conoció hasta un año después, a través del diario canadiense "The Nation". El artículo se fundamentó en un documento interno de la DEA, publicado después de que el periódico acudiera a una ley que ampara la libertad de información en EE.UU.

El hallazgo de El Dorado se judicializó, pero la fiscal que lleva el caso aún no se ha pronunciado. El pasado julio, la embajadora estadounidense en Colombia y ex embajadora en nuestro país, Anne Patterson, negó la veracidad de la información. El contenido de los frascos, según la diplomática, era aceite para helicópteros.

Pero sobre DynCorp pesa también la sombra de la muerte de uno de sus paramédicos, Michael Demons, de 29 años. Según los informes publicados, Demons, asentado en la base militar de Tres Esquinas, en Caquetá, Colombia, falleció tras sufrir un ataque cardiaco. Las pruebas forenses demostraron que la causa de la muerte había sido una sobredosis de cocaína. Los documentos de medicina legal desaparecieron.

"Semana" plantea, además, que DynCorp no está bajo el control de ninguna entidad colombiana. Sus únicas relaciones formales en Colombia son con la NAS, la oficina que canaliza los recursos aprobados por el Congreso de Estados Unidos. El Departamento de Estado condicionó la ayuda a la presencia de DynCorp.

Según el contrato, personal de DynCorp va en helicópteros acompañando las operaciones de fumigación. Se trata, oficialmente, de pilotos y médicos, no de artilleros. Estos contratistas dan apoyo a operaciones antinarcóticos, y nunca entran en combate.

Pero, a diferencia de los casi 200 asesores militares de Estados Unidos en el país, los hombres de DynCorp no tienen órdenes de evitar combates. Los pilotos ingresan a Colombia con visa de turistas y permanecen 15 días en bases militares. Pasados los 15 días, salen del país para descansar dos semanas, y regresan de nuevo.

¿Soldados de fortuna?

Se hacen diversos análisis de la participación de oficiales no colombianos en este complejo conflicto.

El Director del Centro Latinoamericano y del Caribe de la Florida International University, Eduardo Gamarra, estima que son contratados como profesionales. "Yo no los clasificaría como mercenarios. Son gente especializada que realiza un trabajo especializado", dice, y hace una analogía: "Si tengo problemas graves de hormigas en mi jardín, llamo a una compañía de fumigación; si mi vecino se molesta y me sale con disparos, la próxima vez llamo a la Policía".

Para él, las tareas de fumigación no pueden calificarse como operaciones de guerra, pero considera que hay una "doble moral" en el Plan Colombia: "Es el reflejo de la política oficial de ese país, no es una imposición del gobierno estadounidense".

La posición anterior se aleja de la del salvadoreño Leonel Gómez, analista especializado en la política norteamericana en Centroamérica. Para Gómez, la contratación de oficiales salvadoreños es reflejo de la ausencia de voluntad política por parte de Washington en el combate contra el narcotráfico. "Yo le veo poblemas éticos. Están contratando carne de cañón, que además les sale barata". Según cree, este tipo de prácticas ya en el pasado han dado pobres resultados. "Vietnam es el más patético de los ejemplos".

Por su parte, William Walker, profesor de Historia y Relaciones Internacionales de la Florida International University, cree que el uso de pilotos centroamericanos en Colombia, con la aprobación del gobierno norteamericano, puede convertir un conflicto civil local en un conflicto con características regionales.

"Esto demuestra el compromiso de Estados Unidos por querer enfrentar el problema de las drogas, como siempre ha sido el caso, desde fuera de Estados Unidos", afirma. "Convertir el conflicto colombiano en un conflicto 'by proxy', es decir, que unos segundos hagan el trabajo a través de la delegacion del poder, no debería sorprender a nadie. Desde el colapso de Estados Unidos en Indochina se ha seguido una politica de 'dos proyecciones' siempre que ha sido posible".

Ello ocurre mediante el empleo de le fuerza de manera limitada, mediante conflictos de baja intensidad, y logrando que otros provean la fuerza militar para el combate. "Esta práctica sigue la doctrina de Nixon, diseñada para usarse en otros lugares, excepto en Asia", explica Walker.

"Pero en Latinoamérica, donde los conflictos han sido de larga duracion, como es el caso de Colombia, si se logra que los latinoamericanos se combatan a sí mismos, es más factible conseguir fondos del Congreso para asistencia militar", opina.

Walker considera como un axioma que a los extranjeros contratados para un conflicto, debe llamárseles "mercenarios", y se pregunta: "¿El Presidente Pastrana ha puesto en venta la soberanía de su nación a unos extranjeros, debido a que sus esfuerzos para finalizar el conflicto han fracasado?"

"Desde la era de Reagan", señala Walker, "cuando fracasó en solucionar los conflictos en Centroamérica mediante la fuerza,Washington ha tratado de usar la guerra en contra de las drogas como una manera de continuar su hegemonía en la región". Según él, el esfuerzo ha sido un éxito.

"Cada Jefe de Estado que mencione el problema de las drogas como una amenaza a la seguridad nacional está aceptando la hegemonía de Estados Unidos", afirma. "Cada Jefe de Estado que militarice el combate contra las drogas con ayuda de Los Estados Unidos cede a la hegemonía de Estados Unidos, más económica que política. Y lo más importante quiza: es cultural".

"La opinión pública estaba dividida en lo que se refería a Centroamérica, contrario al caso de la lucha antidrogas, donde el pueblo norteamericano la apoya. Entonces se apoyará una política exterior que se dirija a combatir a las drogas, cueste lo cueste", continúa Walker.

Finalmente el analista estadoundense señala que pagar a extranjeros para que peleen en Colombia se ha convertido en una manera perversa, de la realizacion de un ideal panamericano: "Dejemos pelear a los latinoamericanos por los valores y metas estadounidenses que ellos mismos han adoptado".


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