Domingo 2 de septiembre de 2001


"El secuestro es brutal"

Tras abandonar el hospital donde estaba internado, el padre Esquivel dijo que los plagios son una práctica inhumana. Advirtió que no denunciará a los hombres que lo secuestraron

Wilfredo Moreno
El Diario de Hoy

A eso de las 8:00 a.m., los periodistas esperaban con ansias que el padre Rogelio Esquivel, quien fue liberado el pasado lunes por sus secuestradores, apareciera públicamente después de que fuera dado de alta en el hospital.

Pero fue hasta las 9:35 a.m. que el padre Esquivel, párroco de la iglesia Inmaculada Concepción, de Nueva San Salvador, emprendió su camino de retorno a su parroquia, que lo espera con los brazos abiertos.

El sacerdote llevaba un traje color negro y su semblante era sereno. Al salir del nosocomio decidió visitar el Santísimo Sacramento en la iglesia Sagrado Corazón de María. Ahí oró por unos minutos en compañía de otros sacerdotes.

Personas que se sintieron que se lo encontraron por el camino decidieron acompañarlo y orar junto a él. "Es grandioso, acabo de venir de la iglesia y me encuentro con él (el padre)", dijo Enrique Patiño, creyente católico.

El secuestro es cruel

Mientras conversaba con los periodistas, el padre Esquivel dijo que "el secuestro es cruel, brutal, da pánico y da temor".

"Este acontecimiento es doloroso, terrible, cruel, tengo miedo, no estoy recuperado y hay traición de los sentido", reiteró.

Y es que las secuelas del plagio tendrán que se superadas con el tiempo.

Esquivel rehusó revelar detalles de cómo se logró su liberación.

Y es que el cura considera que debe darse una interpretación diferente a los acontecimientos y no verlos por los detalles.

"Tenemos que aprender a leer la historia. El dolor le da profundidad a la vida. Una vida sin dolor es superficial. Sepamos interpretar por qué suceden las cosas".

Para el padre Esquivel, el secuestro sufrido fue una lección y un llamado a una mayor imitación de Cristo.

Comentó que el último día que estuvo cautivo ordenó a sus secuestradores que se pusieran de rodillas. Luego, les puso las manos para bendecirlos y les dijo: los amo y en el nombre del Señor los perdono".

Los plagiarios, incluso, le regalaron una Biblia, de la que algunos textos los compartió con ellos.

Un rosario hecho con fibra de yute, también le fortaleció su fe.

El plagio, dijo Esquivel, le ayudó a ver el perdón como "la semilla del futuro".

No obstante, sostuvo que por vivir en un estado de derecho, las autoridades están en la obligación de perseguir a los que violan las leyes.

El padre Esquivel dijo que no denunciará a los secuestraron, ya que nunca los reconoció.

Una multitudinaria masa de feligreses celebraron su regreso al templo que dirige.


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