Hablar
bien
"Me regala...?
Teresa
Guevara de López
No
sé cuándo se incorporó en
el mal castellano que hablamos los
salvadoreños la expresión "me
regala" a todo nivel. Asistentes y secretarias,
recepcionistas, telefonistas del sector
público y privado la usan todo el
día: me regala su firma, su nombre, su
teléfono, su pasaporte. Y los clientes
por igual: me regala una Coca-Cola, ese libro,
dos libras de azúcar, esa revista. Y es
el colmo del bayunquismo el llevarla a cuestas
en la maleta al salir de las fronteras patrias,
de tal modo que ya es anécdota conocida,
cuando una compatriota en España
llegó a un bar y al decir "me regala una
Coca-Cola" recibió como respuesta un
indignado "aquí no se regala nada: se
vende", de la persona a cargo, que
lógicamente creía que se estaban
burlando de ella.
Da vergüenza leer correspondencia de
empresas serias como los bancos, referirse a que
nuestro crédito o nuestra cuenta fueron
"aperturados" (porque quizá decir
"abiertos", que es lo correcto, les suena poco
profesional). Y en los periódicos que
"una nueva sucursal será aperturada". La
frase "lo que es" aumenta la pobreza verbal de
muchos locutores de radio y TV: "estamos en lo
que es el Estadio Cuscatlán"; "nos
referimos a lo que es el caos vehicular en el
centro de San Salvador"; "es importante
señalar lo que es la falta de
atención a los problemas de la
niñez".
La manera de decir la hora correctamente,
cuando faltan unos minutos, se perdió
hace tiempo y ya nos parece normal oír
que nos esperan "10 a las 8" o que los
niños entran al colegio "20 a las 7"
porque "al cuarto a las 7 se toca el timbre".
Absurdo porque a las 8 no son las 10, sino que
debe decirse a las 8 menos 10, a las 7 menos 20
y a las 7 menos cuarto. O al 10 para las 8, al
20 para las 7 o al cuarto para las 7. Esta
última irregularidad la hemos heredado de
las traducciones directas del inglés, en
que la preposición "to", que se usa para
indicar minutos antes de la hora, tiene en
castellano el doble significado de "a" o
"para".
¡Qué pena destrozar a sabiendas y
sin ningún remordimiento una lengua tan
rica como la nuestra, que fue preservada por los
españoles, transmitida y enriquecida con
cantidad de palabras nuevas, frescas, olorosas
con todo el sabor, el aroma y los colores del
trópico! Durante la Conquista, (que
tantos critican y de la que tan poco saben) la
lengua fue un factor importante como lo
demuestra la extensa legislación que
desde el Descubrimiento hasta el siglo XVIII
establecieron las autoridades españolas.
En 1550, Carlos V dictó una
disposición por la cual debía
enseñarse el español en
América, encomendándose esa tarea
a las órdenes dominica, franciscana y
agustina. Felipe II, en 1580, dispuso que el
Evangelio fuera explicado en el habla de los
indígenas, para lo cual los curas
recibirían sus órdenes sagradas
una vez que aprobaran un curso completo en la
lengua de los indios. Este bilingüismo
provocó la segregación racial en
los oficios religiosos, ya que se establecieron
unas parroquias para españoles y otras
para indios. Para remediarlo, a fines del siglo
XVI el Consejo de Indias propuso la
enseñanza obligatoria del español
en las aldeas y poblaciones aborígenes a
niños y adultos. Felipe II se opuso a ese
criterio, por no parecerle conveniente que se
apremiara a los naturales a dejar su lengua
original. Esta controversia se extendió
hasta el reinado de Carlos III, quien en 1770
determinó que el castellano era la lengua
oficial en todos los territorios
descubiertos.
Pero en esos doscientos años el
milagro se había realizado porque el
idioma de los conquistadores se había
extendido en un vasto territorio en que
destacaban cinco diferentes zonas
lingüísticas: el arahuaco, en el
Caribe; el Náhuatl y el
maya-quiché, en América Central;
el quechua, en la zona andina; el
tupí-guaraní, en el Río de
la Plata y el mapuche, en la zona chilena. Esto
permitió a Cristóbal Colón
registrar en su diario las primeras voces
americanas procedentes del Caribe: batata,
maíz, ají canoa. Cortés
reporta chile, elote, cacahuete, chocolate.
Pizarro encontrará caucho, choclo, llama,
vicuña. La región rioplatense
aportará ananás, jaguar,
ñandú; Chile dirá laucha,
boldo, poncho, con lo que se terminará de
cerrar este rompecabezas multicolor que es una
de las grandes riquezas de la América
Hispana, que junto con el verde de sus
árboles, el azul de sus lagos y la
inmensidad de sus volcanes, hace de nuestros
pueblos tan grandes en territorio, tan distintos
en costumbres, tan pequeños en
diferencias, pero todos con el privilegio de
podernos comunicar en un mismo idioma.
Que ha dado al mundo de las letras figuras
tan extraordinarias como el inca Garcilaso de la
Vega, hijo del capitán Sebastián
Garcilaso de la Vega y de la princesa inca
Chimpu-Ocllo. O las glorias de México,
Sor Juana Inés de la Cruz y Juan Ruiz de
Alarcón, primeros ejemplos de la
unión de dos razas igualmente grandes, en
una sola lengua. No la destrocemos, más
bien cuidémosla y tratemos de conservarla
para poder trasladarla orgullosamente a nuestros
hijos como su mejor herencia.