Domingo 2 de septiembre de 2001


Hablar bien
"Me regala...?
Teresa Guevara de López

No sé cuándo se incorporó en el mal castellano que hablamos los salvadoreños la expresión "me regala" a todo nivel. Asistentes y secretarias, recepcionistas, telefonistas del sector público y privado la usan todo el día: me regala su firma, su nombre, su teléfono, su pasaporte. Y los clientes por igual: me regala una Coca-Cola, ese libro, dos libras de azúcar, esa revista. Y es el colmo del bayunquismo el llevarla a cuestas en la maleta al salir de las fronteras patrias, de tal modo que ya es anécdota conocida, cuando una compatriota en España llegó a un bar y al decir "me regala una Coca-Cola" recibió como respuesta un indignado "aquí no se regala nada: se vende", de la persona a cargo, que lógicamente creía que se estaban burlando de ella.

Da vergüenza leer correspondencia de empresas serias como los bancos, referirse a que nuestro crédito o nuestra cuenta fueron "aperturados" (porque quizá decir "abiertos", que es lo correcto, les suena poco profesional). Y en los periódicos que "una nueva sucursal será aperturada". La frase "lo que es" aumenta la pobreza verbal de muchos locutores de radio y TV: "estamos en lo que es el Estadio Cuscatlán"; "nos referimos a lo que es el caos vehicular en el centro de San Salvador"; "es importante señalar lo que es la falta de atención a los problemas de la niñez".

La manera de decir la hora correctamente, cuando faltan unos minutos, se perdió hace tiempo y ya nos parece normal oír que nos esperan "10 a las 8" o que los niños entran al colegio "20 a las 7" porque "al cuarto a las 7 se toca el timbre". Absurdo porque a las 8 no son las 10, sino que debe decirse a las 8 menos 10, a las 7 menos 20 y a las 7 menos cuarto. O al 10 para las 8, al 20 para las 7 o al cuarto para las 7. Esta última irregularidad la hemos heredado de las traducciones directas del inglés, en que la preposición "to", que se usa para indicar minutos antes de la hora, tiene en castellano el doble significado de "a" o "para".

¡Qué pena destrozar a sabiendas y sin ningún remordimiento una lengua tan rica como la nuestra, que fue preservada por los españoles, transmitida y enriquecida con cantidad de palabras nuevas, frescas, olorosas con todo el sabor, el aroma y los colores del trópico! Durante la Conquista, (que tantos critican y de la que tan poco saben) la lengua fue un factor importante como lo demuestra la extensa legislación que desde el Descubrimiento hasta el siglo XVIII establecieron las autoridades españolas. En 1550, Carlos V dictó una disposición por la cual debía enseñarse el español en América, encomendándose esa tarea a las órdenes dominica, franciscana y agustina. Felipe II, en 1580, dispuso que el Evangelio fuera explicado en el habla de los indígenas, para lo cual los curas recibirían sus órdenes sagradas una vez que aprobaran un curso completo en la lengua de los indios. Este bilingüismo provocó la segregación racial en los oficios religiosos, ya que se establecieron unas parroquias para españoles y otras para indios. Para remediarlo, a fines del siglo XVI el Consejo de Indias propuso la enseñanza obligatoria del español en las aldeas y poblaciones aborígenes a niños y adultos. Felipe II se opuso a ese criterio, por no parecerle conveniente que se apremiara a los naturales a dejar su lengua original. Esta controversia se extendió hasta el reinado de Carlos III, quien en 1770 determinó que el castellano era la lengua oficial en todos los territorios descubiertos.

Pero en esos doscientos años el milagro se había realizado porque el idioma de los conquistadores se había extendido en un vasto territorio en que destacaban cinco diferentes zonas lingüísticas: el arahuaco, en el Caribe; el Náhuatl y el maya-quiché, en América Central; el quechua, en la zona andina; el tupí-guaraní, en el Río de la Plata y el mapuche, en la zona chilena. Esto permitió a Cristóbal Colón registrar en su diario las primeras voces americanas procedentes del Caribe: batata, maíz, ají canoa. Cortés reporta chile, elote, cacahuete, chocolate. Pizarro encontrará caucho, choclo, llama, vicuña. La región rioplatense aportará ananás, jaguar, ñandú; Chile dirá laucha, boldo, poncho, con lo que se terminará de cerrar este rompecabezas multicolor que es una de las grandes riquezas de la América Hispana, que junto con el verde de sus árboles, el azul de sus lagos y la inmensidad de sus volcanes, hace de nuestros pueblos tan grandes en territorio, tan distintos en costumbres, tan pequeños en diferencias, pero todos con el privilegio de podernos comunicar en un mismo idioma.

Que ha dado al mundo de las letras figuras tan extraordinarias como el inca Garcilaso de la Vega, hijo del capitán Sebastián Garcilaso de la Vega y de la princesa inca Chimpu-Ocllo. O las glorias de México, Sor Juana Inés de la Cruz y Juan Ruiz de Alarcón, primeros ejemplos de la unión de dos razas igualmente grandes, en una sola lengua. No la destrocemos, más bien cuidémosla y tratemos de conservarla para poder trasladarla orgullosamente a nuestros hijos como su mejor herencia.


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