Martes 11 de septiembre de 2001



























Fátima urge de ayuda económica

"Hay niños que se burlan de mí. Me gritan: ¡ahí viene la máscara; nos va a comer. Apártence! Todo por la enfermedad que tengo en la cara. Yo no les hago caso, los ignoro". (Fátima Guzmán).

Óscar Girón
Fotos: César Avilés

En una casa recién construida apenas con varas de bambú, lodo, plástico y láminas, ubicada en el cantón San Isidro de Panchimalco, San Salvador, se encuentra Fátima María Guzmán, una niña de 16 años que padece de una enfermedad extraña en su rostro.

Esta menor, que no sobrepasa el metro cincuenta de estatura, ha sido víctima de todos los ungüentos habidos y por haber recetados por los curanderos de su localidad, todo por causa de la inflamación que tiene en el lado izquierdo de su cara.

"Ahorita me la está tratando un brujo, me le ha dejado uno enjuagues de sal con limón para que le baje la masa de cebo que tiene en la cara. Porque eso es: una masa. A esta cipota le han hecho mal, no es enfermedad sencilla la que tiene. Esto es cosa de un hechizo", explica consternada Julia Guzmán, madre de la niña.

A sus 57 años, esta madre de diez hijos, comenta que a Tina -como le dice a Fátima, según ella por lo enredado del nombre-, la enfermedad le pegó hace cuatro años, debido una discusión que tuvo con un hombre que enamoraba a su hermana Alicia, quien la hechizó.

Julia dice haber tirado pisto sobre el mal que padece la última de sus vástagos. En cada visita que ha hecho a la Unidad de Salud de Panchimalco, al Hospital Rosales y a curanderos ha gastado más de quinientos colones, a pesar de la pobreza en la que viven.

"Somos pobres"

"Yo confío en los médicos. Me gustaría pasar consulta con ellos, pero en el campo se vive bien pobre, el dinero no alcanza, no puedo pasar consulta. Apenas hay para las tortillas. Lo que más deseo es curarme, pero no tengo papá para que me ayude a pagar los exámenes y la medicina. Sólo estoy con mi mamá y ella no trabaja", manifiesta Fátima.

Ella sostiene que su oficio consiste en acarrear agua, leña e ir hacer la masa; nunca ha jugado; no sale y las únicas amigas que posee son Sandra, Filomena y lSantos; pero a ellas sólo las ve cuando va camino al río y al molino.

Fátima se cuestiona que a lo mejor por su enfermedad casi no posee amigos, idea que ha tomado a pecho por la manera como los jóvenes y los niños se mofan cuando la ven pasar por las calle de San Isidro.

"Hay niños que se burlan de mí. Me gritan: ¡ahí viene la máscara, qué feo te miras. Nos va a comer; apártense! Todo por la hinchazón que tengo en la cara. Yo no les hago caso, los ignoro", asegura Fátima, mientras atiza unos leños para que estén rápido los tamales.

Depende del diagnóstico

La niña fue remitida de la Unidad de Salud de Panchimalco al Hospital Rosales. Su padrastro la llevó a pasar consulta el 21 de marzo pasado y fue registrada con el número 5179-01, pero no ingresada.

Ante esto, Sonia del Carmen Mejía, doctora que atendió ese día a Fátima, dijo que a la niña se le hizo una evaluación y se detectó un posible quiste dentígero, enfermedad que es bastante usual en menores de 17 años.

Sin embargo, este diagnóstico aún no es certero. Todavía falta realizarle unas pruebas de laboratorio a Tina, algunos de los cuales cuestan entre 100 y 160 colones.

La doctora Mejía explicó que estas son patologías muy complicadas de las que hay que llevar control semanal e implican gastos, porque es un proceso de recuperación lenta, que en el caso de Fátima puede durar de dos a tres años.

Los quistes dentígeros, explica la especialista, se dan por el incrustamiento de un diente en la cavidad bucal, es decir que no salen, y la misma cápsula retenida del diente forma el quiste.

Hasta el momento el patronato del Hospital Rosales se ha comprometido a exonerar los exámenes que se realicen en ese nosocomio a Fátima. Sólo queda el resto de las pruebas fuera de esa institución, por lo que la niña necesita la colaboración de personas altruistas.

Mientras tanto, "la Tina" se encuentra en su querido cantón, acompañada de cinco gallinas, un gallo y una casa que se ajusta cada día con lodo. Su enfermedad no le impide realizar los siete o quince viajes diarios para acarrear agua con su cántaro rojo.

Ayudémosla

La familia de Fátima requiere de la ayuda de personas de buen corazón que le ayuden a costear los gastos de los exámenes clínicos. Si usted quiere ayudarla, comuníquese a esta sección, en los teléfonos 271-0100 y 271-0122, extensión 1372.

Exámenes exentos de pago

Plan TX: exámenes de laboratorio: hemograma, VDRL, HIV, orina, TPT y TP.

Total aproximado a pagar Hospital Rosales ¢100, exentos por el patronato de ese centro.

Los más caros

Radiografías que van a orientar a los médicos sobre qué patología tiene Fátima.

Rx watters y panorámica cuestan unos ¢160 cada uno, y el CAFF ¢190.





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