Martes 11 de septiembre de 2001


Bonanza para algunos sectores; preocupación para otros
La economía en un día sin agua

Mientras a los vendedores de agua y de platos desechables les fue bien, los fabricantes de pan y propietarios de restaurantes debieron lidiar con costosas restricciones.

Guadalupe Trigueros
El Diario de Hoy

La producción y el comercio no tuvieron un día normal, ayer. Para algunos sectores significó un aumento en la demanda de los bienes que produce o de los servicios que ofrece. Para otros, en cambio, como los productores de pan, fue un lunes negro.

La actividad laboral fue normal en general, pero es difícil prever que seguirá así en los próximos cuatro días, cuando las reservas de agua se vayan agotando en las cisternas de empresas y establecimientos de comercio.

La restricción del servicio de agua, por causas técnicas, comenzó el pasado fin de semana. Los capitalinos y habitantes de Nueva San Salvador abarrotaron los supermercados, para aperarse de platos desechables, alimentos enlatados y agua purificada.

Las personas afectadas se volcaron a los mercados y a las ventas de depósitos plásticos para almacenar el vital líquido en sus casas y negocios.

En los restaurantes, desde el domingo, sólo se habilita una parte de los sanitarios y la comida se sirve en desechables.

La ropa en las lavanderías no ha dejado de lavarse, las cisternas han auxiliado a algunos durante las primeras horas del lunes, pero debieron llenarlas según el consumo. Lo mismo pasó con los lavadores de automóviles.

Histeria comercial

Los transportistas de agua potable tuvieron que hacer largas filas en los centros de abastecimiento, mientras los teléfonos de sus oficinas no cesaban de sonar. Los pedidos se incrementaron en la medida en que el día avanzaba.

Al mediodía, las filas en los autoservicios de comida rápida eran largas. Los pacientes clientes eran amas de casa que no deseaban cocinar, para ahorrar agua, o empleados que prefirieron una hamburguesa, en lugar de una sopa de dudoso origen.

A la misma hora, los semáforos dejaron de guiar el tráfico. Los lugares que tenían agua se quedaron sin ella durante unas horas, pues la falta de energía paralizó las bombas que funcionan con electricidad. Los insistentes pitos provocaron improperios.

Mientras, los fabricantes de hielo y de agua envasada no paralizaron la producción. Tampoco los concreteros que surten a las constructoras. Estos sectores almacenaron agua y adelantaron los pedidos para abastecerse.

Pero no a todos les funcionaron los planes. Los provedores de agua no alcanzaron a suplir la demanda de los grandes fabricantes de pan. Estos, al atardecer, debieron analizar la paralización de exportaciones, por falta de agua en sus cisternas.

El corte de agua potable estuvo a punto de colmar los ánimos de los consumidores de licor, en estos momentos condolidos por una ordenanza municipal que prohíbe ingerir bebidas alcohólicas desde la media noche. Las destilerías acudieron a los transportistas de agua para poder producir los pedidos de noviembre y diciembre, los meses de mayor demanda del producto. Las celebraciones navideñas estuvieron amenazadas por el corte del agua.

Hoy martes, será el segundo día hábil sin agua potable, y se desconoce qué más tendrán que hacer los afectados. Las autoridades dicen que la tubería dañada será reparada para garantizar 20 años de abastecimiento de agua.


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