"Una mezcla de
molestia y rabia"
Christian Schneider, administrador de
empresas y ejecutivo bancario
salvadoreño, vivió los atentados
al World Trade Center a 10 cuadras.
Erick
Lombardo Lemus / El Diario de Hoy
Yo
estaba en una reunión de
capacitación de banqueros en un edificio
que está ubicado a unas 10 cuadras del
World Trade Center.
Estábamos en el piso 17 de un edificio
cercano y, que es relavitamente pequeño,
cuando oímos la primera explosión.
El expositor de la capacitación se
detuvo. Nos quedamos inquietos y en silencio.
Luego, 15 minutos después vino la segunda
explosión que fue más fuerte. Era
el instante en que el segundo avión se
había estrellado con la torre que tiene
el observatorio para turistas.
La onda expansiva provocó un
movimiento como el de un fuerte temblor y eso
nos llamó la atención y nos
asustó a todos. Yo lo percibí como
un fuerte temblor quizás por que mi
subsconciente quedó familiarizado a los
terremotos.
De inmediato, vimos la enorme columna de humo
que empezó a salir de las torres gemelas.
No podía salir de mi asombro. El Wolrd
Trade Center estaba en llamas!
No sabía lo que estaba
pasando.
Cuando el humo iba subiendo lentamente,
empecé a ver como la gente se lanzaba
desde el piso 90. La torre tiene 107 pisos.
La gente quebraba las ventanas y se lanzaba
al vacío para escapar de morir asfixiado
o calcinado. Era terrible.
Desde acá, en el 17avo piso, pude
observar el caos que se empezó a vivir en
las calles. Todas las vías fueron
bloqueadas. Pero eso no fue todo. Lo peor fue
cuando los bomberos y los policías que
estaban en las operaciones de rescate tuvieron
que correr ante el colapso de una de las torres.
Eso fue una locura.
Lo que es impresionante es la cara de
impotencia de la gente en las calles de
Manhattan. Van caminando de un lado a otro sin
dirección. Hay que entender que el
ciudadano norteamericano no está
acostumbrado a este tipo de situaciones; sino a
vivir en un país seguro.
Talvez uno, como extranjero que ha vivido
situaciones de conflicto, tenga una
asimilación más rápida a
este tipo de hechos; pero el ciudadano promedio
estadounidense está desmoronado pues
ahora saben que el orgullo de la nación,
el orgullo de su arquitectura monumental se ha
venido abajo.
Mucha gente se ha refugiado en los bares y
permanece ahi viendo lo que la televisión
está transmitiendo. Ahi se han
estremecido más al saber que los
atentados han tocado el Pentágono.
Nosotros recibimos órdenes de no
abandonar el edificio, que tiene 20 pisos y unos
10 mil empleados, y estamos preocupados ya que
supimos que dos aviones caza sobrevolaban la
zona.
No sabemos por qué pero la gente
rumora que todavía ay otro avión
que no desciende y nuestra preocupación
es mayor porque estamos cerca del Rockefeller
Center.
Cuando le pregunto a Christian qué
sentimiento experimenta después de haber
sido testigo de estos atentados, hace una pausa,
reflexiona y agrega:
Ahora que veo en retrospectiva los hechos lo
que más me impacta es el momento cuando
se contrajo el edificio y empezó a
desmoronarse.
Es una sensación con una mezcla de
molestia y rabia ante un ataque de esta
naturaleza. Lógicamente, el dolor que
causa la muerte de miles de personas y pensar en
cuántos turistas estaban -en ese
instante- en el observatorio. Imaginar
cuántos niños estaban con sus
padres viendo la ciudad de New York y de repente
ver que un avión se viene contra ellos.
No lo puedo creer.
Y pensar que yo estuve el domingo en Wall
Street y en las torres gemelas, donde ahora ya
no hay nada. No termino de salir de mi
admiración.