Martes 11 de septiembre de 2001


"Una mezcla de molestia y rabia"

Christian Schneider, administrador de empresas y ejecutivo bancario salvadoreño, vivió los atentados al World Trade Center a 10 cuadras.

Erick Lombardo Lemus / El Diario de Hoy

Yo estaba en una reunión de capacitación de banqueros en un edificio que está ubicado a unas 10 cuadras del World Trade Center.

Estábamos en el piso 17 de un edificio cercano y, que es relavitamente pequeño, cuando oímos la primera explosión. El expositor de la capacitación se detuvo. Nos quedamos inquietos y en silencio. Luego, 15 minutos después vino la segunda explosión que fue más fuerte. Era el instante en que el segundo avión se había estrellado con la torre que tiene el observatorio para turistas.

La onda expansiva provocó un movimiento como el de un fuerte temblor y eso nos llamó la atención y nos asustó a todos. Yo lo percibí como un fuerte temblor quizás por que mi subsconciente quedó familiarizado a los terremotos.

De inmediato, vimos la enorme columna de humo que empezó a salir de las torres gemelas. No podía salir de mi asombro. El Wolrd Trade Center estaba en llamas!

No sabía lo que estaba pasando.

Cuando el humo iba subiendo lentamente, empecé a ver como la gente se lanzaba desde el piso 90. La torre tiene 107 pisos.

La gente quebraba las ventanas y se lanzaba al vacío para escapar de morir asfixiado o calcinado. Era terrible.

Desde acá, en el 17avo piso, pude observar el caos que se empezó a vivir en las calles. Todas las vías fueron bloqueadas. Pero eso no fue todo. Lo peor fue cuando los bomberos y los policías que estaban en las operaciones de rescate tuvieron que correr ante el colapso de una de las torres. Eso fue una locura.

Lo que es impresionante es la cara de impotencia de la gente en las calles de Manhattan. Van caminando de un lado a otro sin dirección. Hay que entender que el ciudadano norteamericano no está acostumbrado a este tipo de situaciones; sino a vivir en un país seguro.

Talvez uno, como extranjero que ha vivido situaciones de conflicto, tenga una asimilación más rápida a este tipo de hechos; pero el ciudadano promedio estadounidense está desmoronado pues ahora saben que el orgullo de la nación, el orgullo de su arquitectura monumental se ha venido abajo.

Mucha gente se ha refugiado en los bares y permanece ahi viendo lo que la televisión está transmitiendo. Ahi se han estremecido más al saber que los atentados han tocado el Pentágono.

Nosotros recibimos órdenes de no abandonar el edificio, que tiene 20 pisos y unos 10 mil empleados, y estamos preocupados ya que supimos que dos aviones caza sobrevolaban la zona.

No sabemos por qué pero la gente rumora que todavía ay otro avión que no desciende y nuestra preocupación es mayor porque estamos cerca del Rockefeller Center.

Cuando le pregunto a Christian qué sentimiento experimenta después de haber sido testigo de estos atentados, hace una pausa, reflexiona y agrega:

Ahora que veo en retrospectiva los hechos lo que más me impacta es el momento cuando se contrajo el edificio y empezó a desmoronarse.

Es una sensación con una mezcla de molestia y rabia ante un ataque de esta naturaleza. Lógicamente, el dolor que causa la muerte de miles de personas y pensar en cuántos turistas estaban -en ese instante- en el observatorio. Imaginar cuántos niños estaban con sus padres viendo la ciudad de New York y de repente ver que un avión se viene contra ellos. No lo puedo creer.

Y pensar que yo estuve el domingo en Wall Street y en las torres gemelas, donde ahora ya no hay nada. No termino de salir de mi admiración.


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