"Me salvé de
milagro"
Raúl Gallegos es un periodista
salvadoreño que laboró en El
Diario de Hoy. Actualmente vive en Nueva York
pues labora ahí en una publicación
especializada que se llama "Seminario de
Mercados Emergentes". A Raúl le
corresponde visitar las Torres Gemelas, todos
los días. Ahí están algunos
de los principales banqueros del mundo que son
sus fuentes de información. Cree que
muchos de ellos murieron. Incluso, algunos de
sus periodistas compañeros. El siguiente
es su relato escrito, hoy, martes a las 10
a.m.
El Diario de Hoy /
Raúl Gallegos / Especial para El Diario
de Hoy
Nueva York. ¿Qué podría
advertir de todo lo que está pasando
aquí? No puedo escribir más que
estamos en shock. Está en ¨shock" un
país. Está en "shock" una ciudad.
Todos estamos en "shock".
Escribo esto al mediodía de Nueva York
( 10 a.m., hora de El Salvador). Me encuentro en
el apartamento de una compañera editora
de la publicaciòn en la que laboro como
periodista. Pueden estar seguros que, aunque no
se tengan ni cifras ni detalles sobre los
muertos, en esas torres estaban algunos de los
principales banqueros del mundo. Lo puedo
asegurar yo que a diario visitaba esas torres
porque allí encontraba a mis principales
fuentes económicas.
Es más: quizá me salvé
de milagro porque me correspondía visitar
esas torres aunque a una hora más tarde.
Ahora, en estos momentos, rezamos por mis
compañeros periodistas: es probable que
algunos de ellos se encontraran allí, a
la hora de los impactos, pues allí se
llega temprano a realizar coberturas
periodísticas.
¿Por qué se trabaja ahí
temprano? Porque los mercados financieros abren
sus operaciones muy temprano. Además, por
la diferencia de horas con el resto de los
mercados financieros mundiales, los banqueros y
periodistas están obligados a acudir
ahí, incluso, al amanecer. Sin duda,
ahí estaban los banqueros. Ahí
estaban los periodistas. Ahí estaba
muchísima gente. De eso no tengo
duda.
Cuando ocurrió la explosión,
iba hacia a la oficina del semanario financiero
en el que trabajo que está localizada
cerca del edificio Rockefeller. Exactamente a la
par de la catedral de San Patricio. No
escuché nada porque, como se trata de un
tren subterráneo, lo que ocurre afuera es
parte del silencio. Pero, si hubiese seguido mi
rutina de llegar temprano a ese lugar,
posiblemente se habría encontrado con la
muerte.
Rapidamente la ciudad entera se enteró
de lo que sucedió en las torres gemelas.
Entonces comenzó el caos en las calles.
Al principio la gente corría. Con el paso
del tiempo, las marchas de ordenaron mejor. La
mayoría de las personas se quedaron en la
casas mirando, atónitas, la
televisión.
Al llegar a mi oficina, mis compañeros
estaban perplejos. Algunos subidos al
último piso del edificio en que se
encuentra el semanario para mirar todo lo que
acontecía en la ciudad. De verdad, mi
cabeza no podía creer lo que miraban mis
ojos. El humo se levantaba por la ciudad. Las
ambulancias y coches de bomberos dominaban
Manhattan. La gente se movilizaba sin saber
adonde ir. Una verdadera locura. Eso es lo que a
la hora de escribir esta historia está
ocurriendo en Nueva York.
Afino mis ojos. Miro de lejos las dos torres
gemelas. Están llenas de humo. Se miran
dos grandes agujeros. Después, ante los
ojos del mundo, buena parte de los edificios se
desploman.
No hay un ser humano que no esté
asustado aquí. Recuerdo a mis fuentes de
información. Recuerdo a los banqueros. Me
pregunto: ¿Cuántos de ellos
estarán ahí? ¿Cuántos
compañeros periodistas estarán
ahí?. Las calles están
enloquecidas. No hay autobuses. No hay nada.
Miles de policías corren por las calles.
Sospecho que muchos de ellos no saben ni
qué hacer. Esto es un gran hormiguero
humano en el que todos están guardados en
sus casas, en cualquier sitio, en cualquier
rincón. Todo, absolutamente todo,
está atascado.
Después de ver todo aquello, seis
periodistas que laboran en el semanario
decidimos retirarnos al apartamento de una
editora. Seguimos perplejos. Al igual que todos
los habitantes de esta enorme ciudad, seguimos
lo que acontece en la televisión. A los
estdounidenses los despertó los peores
atentados terroristas que han sucedido en su
larga historia.
Realmente estoy preocupado por mis
compañeros. Por momentos agradezco que no
correspondiera estar ahí a la hora que
suelo llegar. Y , si alguien se preguntara
qué va a pasar con el mundo, la
única respuesta que puedo darles es esta:
nadie sabe, nadie sabe. Si está
preocupado por las finanzas internacionales o el
precio del petróleo, mi respuesta es la
misma: nadie sabe, nadie sabe.