Para
ver llover
Unos consejos para la
sequía
No hay agua. El chorro no es muy elocuente
que digamos en estos días. Aquí
entre nos, en mi casa no hay agua desde que
Morales Erlich tenía pelo, y por eso la
noticia del corte en el servicio del 'vital
líquido' no me asusta
particularmente.
Por Cristian
Villalta
Miserias
personales aparte, otras buenas gentes sí
están afligidas con esta seca coyuntura
(no me refiero, ergo, a la de mis huesos). A
continuación, algunos consejos ortodoxos
y otros no tanto para sobrevivir al ocio de los
empaques:
1. Sí, usted es muy amigable, de los
que abraza a sus colegas, y da palmaditas en la
espalda. Ni modo, hágase
misántropo por cinco días y no le
dé la mano a nadie. Es por puras razones
de higiene, sobre todo si entre su
círculo de cheros figuran vendedores de
minuta o sorbete de carretón. Pueden
hacerse excepciones para los amigos con
piscina.
2. Tape bien los recipientes donde piensa
guardar agua. Los criaderos de zancudos pueden
convertir su próximo fin de semana en una
salida de emergencia hacia la unidad de salud.
Por supuesto, tape los cumbos una vez llenos, no
antes (consejo para diputados).
3. Si tiene carro, incluso con placas
nacionales, lávelo con agua de la pila.
Si tiene perro, báñelo con agua de
la pila. Si tiene jardín, riéguelo
con agua de la pila. Es difícil meter el
carro, al perro y al jardín a la
regadera.
4. Hay otros consejos, en realidad poco
llamativos, pero de igual relevancia. No importa
dónde compre el agua, ni si viene
envasada, trate siempre de hervirla.
Lávese las manos en la medida de sus
posibilidades. Póngale peculiar cuidado
al agua que toman sus niños. Lo que ahora
sólo parece una ligereza de ANDA puede
convertirse en una crisis de insalubridad con la
suficiente cuota de indolencia.
En realidad este problema del agua no es cosa
de chiste. El Salvador viene chineando esta tara
desde hace dos décadas. Tampoco crea que
el domingo, cuando abra el chorro y diga
"¡ya vino!", todo estará
terminado.
Ojalá eduquemos a las próximas
generaciones dentro de una cultura de
austeridad. Parece cosa de ecologistas
trasnochados, pero costumbres tan nuestras como
la de lavar el carro en efusión de
mangueras o enjabonar los platos mientras el
grifo sigue abierto pueden, multiplicadas por
100,000, acentuar la insuficiencia. Si usted,
querido lector, no es constructor, ponga una
gotita de su parte.