Martes 11 de septiembre de 2001


Un cojo que sabía mucho

La adversidad nos hace personas más sabias, o al menos debería. En "El cojo bueno", del guatemalteco Rodrigo Rey Rosa, trata de un joven al que secuestran y le cortan un pie. El joven, Juan Luis Luna, se va del país (Guatemala) hacia Marruecos a rehacer su vida, pero para su desgracia el destino le tiene preparado un encuentro con el pasado.

Por Telena

La historia escrita por Rey Rosa conmueve. Te sentís secuestrado, impotente. No lo podés ayudar a él, al secuestrado, no lo podés rescatar y tampoco podés curar sus heridas.

¿Entonces, qué hacés? Seguís leyendo, y al seguir descubrís que no sólo Juan Luis sale con vida sino que encima debe enfrentar a sus fantasmas (que resultan ser reales).

Pero sobre todo te conmueve su actitud después del secuestro, porque no quiere ni busca venganza. Más bien quiere lo que todos, víctimas o no de un secuestro, queremos: una explicación (digo, si la justicia ya quedó descartada).

Es además, "El cojo bueno" una historia que se lee rápido, casi con angustia pero cuando llegás al final entendés que más que bueno, éste es un cojo sabio.

Yo no sé por qué al leer esta novela recordé los últimos secuestros: el del padre, el del niño que mataron y cuya familia huyó del país, el de la señora de Torres y tantos más. Algunos con finales felices y otros no. Pero sin duda historias sin finales, que se seguirán repitiendo como una maldición que no se nombra.

A lo mejor necesitamos rescatarnos a nosotros mismos. A lo mejor necesitamos perdonarnos y perdonar. Es decir, cada vez que hay un secuestro lo condenamos, y casi, pedimos venganza. Pero no podemos caminar así.

Cuando terminé de leer "El cojo bueno" me quedé confundida toda la noche. Sentí, por un lado, alegría por la actitud del secuestrado pero a la vez tristeza por lo que le había pasado. Me dije qué países tan hechos... No, si él se tenía que haber vengado. Aquí la justicia por gusto. Y luego me arrepentía; no, mejor así, mejor que los perdonaste Juan Luis. Tenés razón.

Y entonces me sentí Juan Luis. No -me dije- si es como si a mí me lo hubieran hecho, como si se lo hicieran a cada uno de nosotros, a todo el país.

¿Por qué tenemos que vivir así? Si tan solo cada uno pudiera hacer algo al respecto. Si tan solo las heridas sanaran.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'01] [Portada] [Planeta Alternativo]


Copyright 1995 - 2001. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com