Martes 11 de septiembre de 2001


Sentido común
Cuando el río suena…
RICARDO RIVAS*

Ha venido Steve Forbes y ha dicho que el país va bien. Alvin Toffler, que ya había venido antes, insinuó lo mismo. Enrique Iglesias, del BID, lo dice cada vez que puede y que viene. Bush no oculta su admiración por Francisco Flores y ya es obvio que le tiene en su lista de "mis favoritos". Nuestro Presidente cautiva a sus audiencias en el exterior y, de paso, hace buenas migas con media humanidad. Quienes vienen de afuera nos han contado que El Salvador suena, y suena bien. Los organismos internacionales apuestan por el "Pulgarcito" y algunos hasta se atreven a decir que somos algo así como un modelo, o modelito, no sé, para otras naciones pobres y emproblemadas con guerras y demás. Aquí en el país existen distintos grados de percepción sobre el tema. Los que más ruido hacen son los que tienden a exagerar las cosas. Así, mientras a algunos amigos se les enrolla la lengua en elogios hablando de este nuevo "tigre" centroamericano, a otros se les hace nudo la lengua pero para chiflarles "la vieja": "¿Cuál "Tigre" -parecen decir-, a lo mucho menino aguacatero".

Unos y otros le apuestan a la hipérbole, y a medida que se acercan las campañas políticas tienden a subir el tono de sus exageraciones: o somos el nuevo Singapur o estamos a punto de convertirnos en la nueva Burkina Faso; o la dolarización nos roqueteó casi a la altura de los países industrializados, o el cambio de moneda nos convirtió en un triste apéndice de la Reserva Federal. Y así. El resto -la mayoría-, somos ligeramente más conservadores en nuestras apreciaciones y el tema lo solemos ver desde una perspectiva más realista. Ni tigre ni gato. En fin, al margen de lo que cada quien crea o le convenga creer, en lo que todos estamos de acuerdo es que a la respetable afición, el pistillo cada vez nos alcanza menos.

Para comprender la situación económica de la familia salvadoreña no es necesario leer profundos tratados de densimetría microeconómica o internarse en los últimos informes de coyuntura que periódicamente prepara FUSADES. Basta con vivir aquí, salir a la calle y mirar a nuestro alrededor. Hablar con la gente, escuchar al amigo, al colega, al pariente. Leer los diarios, ver la televisión y oir la radio. Fijarnos en lo que decimos. Vernos la cara en el espejo. La situación no está pintando bien, por lo menos, para la mayoría de salvadoreños. No nos engañemos. Muchos no han aguantado o no han podido salir adelante y se han tenido que marchar a engrosar el ejército de hermanos lejanos; otros ya se lo están pensando.

Esto no es ficción, es la realidad. Sabemos que no somos los únicos, que el mundo está complicado, que hay cosas que no podemos controlar, que nuestros vecinos están peor, que hemos sido más prudentes que otros, que el gobierno hace lo que puede, etc. ...pero igual, el agua sigue subiendo y la humedad se comienza a sentir en lo profundo de nuestras fosas nasales. Algo más habrá que hacer. Si bien es cierto muchos de los argumentos que nos dan, además de abundantes y sensatos son perfectamente comprensibles, no menos cierto es que se están volviendo insuficientes. El tiempo apremia.

Para hablar de estas cosas con honestidad y franqueza, es necesario desprenderse de tics ideológicos o falsas apariencias de neutralidad, y decir las cosas tal cual le parecen a uno. Si no, en lugar de practicar una sano ejercicio de libertad de expresión ciudadana -que es para lo que sirven estos espacios de opinión-, se cae en el riesgo de hacer una pura politiquería partidista asolapada. El país, en términos generales, se ha manejado con prudencia y eficiencia. Tomando en cuenta de dónde venimos y cómo quedamos después de tanta catástrofe bélica y natural, podemos decir que hemos caminado más eficientemente que otras naciones hacia la modernización y fortalecimiento institucional. Lastimosamente, en otras áreas no hemos sido lo suficientemente eficientes ni diligentes, y eso, quiera que no, es un bulto que cargamos todos, que nos dobla la espalda, y nos sienta, y nos aplasta, y no nos deja caminar como quisiéramos. Hablamos de la probidad con la que se viene manejando la cosa pública. Aquí, en donde la pobreza y la miseria cachetea al más pintado, aún suceden cosas que dan vergüenza.

Cada licitación amañada, cada "favor" recibido, cada "regalito" aceptado, cada "negocio" relacionado, cada "premiecito" otorgado , es una bofetada a la dignidad de cada uno de nosotros. El Órgano Ejecutivo, que es adonde se mueve el grueso de los recursos del Estado, ha dado muestras de querer acabar con la cultura del "chanfle", la mamandurria y la corrupción; desafortunadamente los resultados aún son insuficientes. Los miembros del presente gabinete de gobierno, conformado en su mayoría por gente honesta, que ha demostrado querer hacer las cosas distinto y bien, deberían ser los más interesados en identificar quiénes se están valiendo de su cargo para enriquecerse ilícitamente. Por estos pocos se va a dañar el prestigio de todos. Por ellos van a pagar justos por pecadores. Por ellos se les está bajando el promedio al grupo. Éstas serán las muestras a tomar para ser explotadas en detrimento del sistema de libertades por el que tanto hemos luchado todos los salvadoreños.

Para convertirnos en el país que queremos y podemos ser, conviene que el gobierno mismo dé una lección pública a los que tienen la manía de ver al Estado como un botín al que hay que saquear. El gobierno mismo tiene los medios y los recursos para averiguar esos casos particulares sobre los cuales, la "respetable" insistentemente comenta. Es pura cuestión de voluntad. De todas formas, cuando el río suena tanto…


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