Miércoles 8 de agosto de 2001


Esa tradición de la bajada

La bajada es una costumbre muy salvadoreña. Aunque su celebración litúrgica se constriñe a la capital, todos los habitantes de este país somos sus frecuentes partícipes, en activo o pasivo.

Por Cristian Villalta

Según el Diccionario Larousse, versión pedante del infalible Bristol (otra de nuestras enternecedoras tradiciones), entíendese por 'bajada' el camino "por donde se baja". Esa acepción no nos sirve, pero sí la otra donde se le define como "acción de bajar".

Bajar tiene dos sentidos. Uno, pueril, consiste en ir de un lugar a otro que está más bajo. El otro, innoble pero más nuestro es el de engañar, ver la cara de tonto, burlarse de.

¿Cómo no celebrar la bajada, incluso la del Divino Salvador del Mundo, si somos los campeones mundiales en eso de ser bajados?

Nos 'baja' el gobierno (con perdón de los lectores susceptibles, por el sabor vulgar del verbo). Lo hizo dolarizando, lo hace encareciendo la energía con la excusa de que no llueve lo suficiente, o disminuyendo en un quince por ciento el presupuesto de todas las carteras, excepto los de Salud, Educación y Seguridad Pública.

Nos 'bajan' los diputados con discursos altisonantes y prácticas de pistolero impune.

Nos 'bajan' nuestros líderes espirituales, enemigos de adquirir compromisos con la verdad justo en estos tiempos en que el mérito de hacerlo ya no raya, como antes, con el martirio.

Nos 'bajan' los empresarios de buses, subiéndole al pasaje a su antojo, sin un funcionario que diga pío, o al menos lo mantenga.

Nos 'bajan' los izquierdistas ortodoxos, haciéndose pasar por socialistas, y los socialistas, haciéndose pasar por renovadores, y los renovadores haciéndose pasar por derechistas, y los derechistas, haciéndose pasar por buenas gentes. Lo malo es que no hay buenas gentes ortodoxas.

Nos 'bajan' los sindicalistas que se rasgan las vestiduras, los policías con cara de yo no fui, los taxistas que hacen la carrera por menos, los niños bien que van a la Zona Rosa a socializar y no a drogarse, y las autoridades que les creen.

Todos se bajan a todos. La única bajada que vale la pena es la del Divino Salvador del Mundo, que no mintió al decir que la verdad nos hará libres. De todos los líderes de la historia, fue el único que, al final, no nos bajó.


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