Miércoles 8 de agosto de 2001


Riesgos que debemos evitar
La acción ciudadana que necesitamos
Raymundo A. Rodríguez Barrera*

A veces pareciera que la sociedad salvadoreña se encuentra en un franco proceso de desarticulación y de deterioro, ante la incontenible recurrencia de secuestros, asesinatos, asaltos a mano armada, robos, hurtos, violaciones, casos de maltrato intrafamiliar, accidentes de tránsito, irrespeto a las normas de tránsito terrestre, falta de cumplimiento de obligaciones civiles y mercantiles, corrupción, etc., etc.; circunstancias que de manera directa o indirecta están generando en la ciudadanía honrada actitudes de desesperante inseguridad, acompañadas de estados anímicos de desesperanza y de angustia, que van desde un simple temor razonable a situaciones de verdaderas paranoias, que de alguna manera están entrampando las nuevas iniciativas de inversión y desestimulando la voluntad de continuar en el hacer cotidiano productivo de algunos sectores de la población activa, con el grave riesgo de que se profundice el desarraigo afectivo por la Patria, que más y más gente pierda su identidad con el país, y que la mayoría de los ciudadanos se incline por desertar de todo, ante la trágica disyuntiva de continuar viviendo en el país, armado hasta los dientes y en vigilia permanente.

El lamentable y repugnante rapto y posterior asesinato de un menor de nueve años, ocurrido recientemente, llevado a cabo por un grupo de facinerosos organizados, todos de mediana edad, sin un verdadero oficio u ocupación acreditable, y probablemente provenientes de sectores marginales, a quienes la justicia deberá hacerlos pagar con severidad por tan execrable delito, debe movernos a reflexionar detenidamente a todos los que conformamos este conglomerado social salvadoreño, a efecto de dar paso a nuestras fuerzas morales que nos identifican como país y a que tomemos la disposición de concurrir con nuestra particular contribución ciudadana a impulsar los verdaderos cambios que nuestro país necesita para erradicar la violencia, vencer a la impunidad, acabar con la marginación social, terminar con la desigualdad jurídica, extirpar la corrupción, sanear las instituciones públicas, vencer los resabios del pasado conflicto bélico y todo lo que sigue siendo su consecuencia, y hacer desaparecer todos aquellos factores que contaminan con inmoralidad la conciencia ciudadana y que envilece la actividad social.

Necesitamos que el cuerpo social no sólo se consterne ante tanto hecho delictivo, es preciso que no se acobarde y que se amalgame dentro de una acción civil organizada, valiente, visionaria y propositiva, que impulse los cambios morales que desde hace algunos años pide a gritos el país; cambios que deben modificar actitudes, comportamientos, compromisos, conceptos arcaicos, visiones y misiones socio-económicas, arquetipos políticos y toda concepción que conlleva lastres de deshumanización y de injuria social.

No sigamos permitiendo que la nobleza de nuestro pueblo se deteriore, fortalezcámosle la esperanza y la certidumbre de que la acción conjunta de todos los salvadoreños, tiene la capacidad de civilizar y armonizar todas las interrelaciones grupales sociales, en la medida en que se rescaten con honestidad y valentía los paradigmas y valores esenciales que con culpa o sin culpa nuestra, hemos permitido que se desvanezcan de alguna manera, en perjuicio de la salud de todo el cuerpo social.

Unámonos todos en una campaña sin tiempo en contra de todo lo que nos parezca antisocial y dañino al bien común. Combatamos los factores endógenos y exógenos que buscan infectar nuestra convivencia pacífica. Liberémonos de todo lo que implique claudicación moral.

* Dr. en Derecho.


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