Miércoles 8 de agosto de 2001


La Nota del Día
 

Marcando el paso entre torbellinos

Con Viera Altamirano la discusión fue obligada a apoyarse en argumentos y a ser fuerte con estilo y gracia

En una de sus más incisivas frases, Napoleón Viera Altamirano, fundador de EL DIARIO DE HOY y del periodismo moderno de El Salvador, reiteraba su independencia de los de arriba y de los de abajo, de las arbitrariedades y motivaciones del poder, como de las apetencias, la demagogia y la sinrazón de masas y agitadores. Siempre se necesitó inteligencia, arrojo y sabiduría para navegar entre los arrecifes de Escila y los torbellinos del Caribdis.

La libertad de expresión, sustento último de la democracia y del Orden de Derecho, no la recibimos como un don del Poderoso, sino que se conquista con sacrificios, perseverancia y una gran dosis de sensatez. Palmo a palmo se disipan las tinieblas y se marca el camino que luego otros siguen, con frecuencia sin valorar o terminar de comprender lo que se ha logrado. Lo que es ahora una libertad ciudadana natural y común, es fruto de luchas, resistencia a la censura y empeño en defender principios.

Pero la libertad de expresión siempre es cuestionada, siempre está bajo ataque y siempre se quiere manipular para someter, indoctrinar y servir a intereses sectarios. Se pretende asimismo que los órganos de difusión se deben supeditar a movimientos y reglamentaciones por encima de lo que sus dueños, directores y editores establecen y deciden, como si sobre el actuar ciudadano, en las sociedades libres, unos cuantos estuvieran facultados para dictar al resto lo que tiene que hacer.

Nunca, hay que reconocer, hay absoluta libertad ni absoluta dictadura. El responsable de una publicación siempre tiene compromisos con principios y siempre tiene que escoger entre versiones sobre hechos y diferencias de opinión y enfoques. En las salas de redacción hay opiniones diferentes sobre lo que es importante, o respecto al ángulo más apropiado para enfocar una noticia o postura. También se evita lastimar innecesariamente a personas y grupos y, muchas veces, se tiene que escoger entre el menor de varios males. Un editor sabe que una noticia cierta puede quebrar a un banco que, las más de las veces, sale del problema sin poner en riesgo a sus accionistas y depositantes. Ya se dio el caso del comentario malvado de un presentador, que provocó una quiebra y estuvo a punto de generar pánico en el sistema financiero. Los diarios responsables se cuidan de no gritar fuego dentro de un teatro abarrotado de gente.

Espacio para lo sensato, no lo disparatado

Ese tan precario balance entre empujar con fuerza para progresar, moderar a los exaltados, criticar sin dinamitar y ser independiente de los de arriba y los de abajo caracterizó la larga trayectoria de Napoleón Viera Altamirano, cuyo Vigésimocuarto Aniversario de su muerte se cumple hoy ocho de agosto. El periodismo de valía cogió forma con él, superando la desinformación, la diatriba y el insulto personal que caracterizaba el enfrentamiento entre sectores e individuos. Con Viera Altamirano la discusión fue obligada a apoyarse en argumentos y a ser fuerte con estilo y gracia.

Esa apuesta por lo racional, lo patriótico y lo decente terminó por definir el tono de lo que se publica y lo que se deja de lado. Los contenidos de los diarios y de los medios responsables se decantan, tienen que ceñirse a la sensatez. Hay una obligación ética de dar espacio a la opinión de valor, como de rechazar lo truculento y lo disparatado.


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