Martes 14 de agosto de 2001


Sentido común
Septiembre y noviembre
Ricardo Rivas*

Stalin decía que implantar el socialismo en Polonia era tan complicado como ensillar una vaca -y tenía razón-. La metáfora me asalta la cabeza, cuando me percato de la desazón con la que algunos conciudadanos perciben las elecciones internas de ARENA y el FMLN, programadas para septiembre y noviembre, respectivamente. Al tenor de tan respetables opiniones, casi casi que sería más fácil ensillar la vaca de Stalin a esperar que algo bueno pueda resultar de esos procesos. Aunque uno entiende los motivos de semejante zozobra, pienso que aún existen buenas y suficientes razones para seguir, con sana expectativa, los sucesos políticos que ambos institutos tienen en agenda para esos meses.

Comencemos por hacer un reconocimiento tácito con el que muy pocos podrían estar en desacuerdo: El Salvador de hoy ya no es El Salvador de antes, ni de antes de la guerra ni de antes de la paz. El país ha cambiado, y para bien. Sólo alguien con "ojo" o "pujo" escaparía a tan evidente observación.

Unos más, otros menos, los partidos políticos también han cambiado. De hecho, el lío que hoy se tienen ARENA y del FMLN tiene que ver con este tema y con las presiones que de ahí resultan; presiones por todos lados, unos para cambiar y otros para no hacerlo. En ARENA, la pugna es generacional y se da entre los que condujeron el partido durante la guerra y los que le conducen -o le pretenden conducir- en la paz. En el Frente, donde ese espacio generacional aún no se abre, la disputa por la dirección se plantea entre los que hicieron la guerra, y los que también hicieron la guerra. De ahí, quizá, el desempate en favor de ARENA.

Si las cosas le salen bien al partido en el gobierno, esta no sería la primera vez que ARENA se adelanta a sus adversarios políticos, y logra, sin mayores traumatismos, anteponer la modernidad y la cohesión institucional por delante de los pleitos internos y de quienes pretenden anquilosarse por los siglos de los siglos, en las marquesinas partidarias. El primer movimiento en este sentido se dio en 1989 con Alfredo Cristiani: el jaque fue de d'Aubuisson a la Democracia Cristiana. El segundo vino nueve años después con Francisco Flores: el jaque fue de Flores al FMLN y a algunas estructuras de su mismo partido. Ahora ARENA se prepara a efectuar el tercero y no menos importante de sus movimientos, y aunque -al menos en apariencia- el humo blanco parezca revolotear circunspecto sobre las cabezas de dos de sus líderes tradicionales, algo nos dice que el ungido terminará siendo un tercero. La manija de ARENA la tiene el presidente Flores.

Por el lado del Frente, las cosas están menos claras. El traqueteo sigue siendo entre ex comandantes y, sobre la dirigencia nacional, aún es prematuro advertir la posibilidad de un refrescamiento parecido al que se dio hace casi un año en el COENA. Eso nos lleva a pensar que, en el FMLN, la manija aún no tiene dueño.

La presión generacional por un cambio en la forma de hacer las cosas en política ya es inevitable. La cuestión no es tanto de edades cuanto de criterios. Todos somos hijos de una época concreta, de un lugar concreto y de un conjunto único de relaciones. Lo que fue bueno ayer, no tiene necesariamente por qué serlo ahora. Además, mucho de lo positivo y negativo del ayer, ya ni siquiera existe en la mente de las nuevas generaciones. Eso explica, en parte, el porqué una clase política que funciona en el ayer, se esté topando con la indiferencia de quienes vivimos en el hoy.

La amenaza para nuestras democracias ya no son los polos ideológicos, tan contrarios a la naturaleza misma de la gente; ahí están el comunismo y el fascismo para parar de contar. Ahora el peligro latente se llama populismo, y eso es lo que nos puede caer encima si nuestros partidos le apuestan a la esclerosis política.

El Salvador no necesita de "especialistas" en derecha o izquierda, lo que necesitamos son salvadoreños con el impulso ético suficiente para comprometerse con sus ideales. Además de lealtad a los principios, se requiere también de voluntad, fuerza, autoorganización, cooperación solidaria y, sobre todo, capacidad para entender que ni los abolengos partidarios ni la experiencia política sirven de mucho, si al final de cuentas no son empleados para resolver los problemas concretos de la gente.

Nunca antes unas elecciones internas sirvieron para advertir con meridiana claridad y anticipación el futuro político de ARENA y el FMLN, como las programadas para septiembre y noviembre próximo. Si triunfa la modernidad, triunfaremos todos. Si no, perderemos todos.


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