Empate sin
gracia
En otro ensayo, Limeño y Firpo
empataron 0-0. Partido malo donde ninguno
encontró el ritmo que buscaba.
Roberto
Aguila
Estos
partidos de preparación resultan chatos.
La serie de pruebas a que recurren los
directores técnicos desembocan en la
incapacidad para encontrar el ritmo del partido,
la idea táctica y el funcionamiento
adecuado. En otras palabras, resultan en un
mascón de barrio. Así se mostraron
Limeño y Firpo en su partido de
preparación del domingo, en el Estadio
"José Ramón Flores", que
concluyó con un triste 0-0.
Milos Miljanic, el técnico pampero, no
se salió de su esquema 3-5-2, pero
recurrió a sustraer jugadores de sus
posiciones habituales para hacerlos jugar en
otras funciones. Por ejemplo, Rafael Barrientos
e Hídzar Henríquez, que
venían jugando de volante de
contención y volante izquierdo,
respectivamente, salieron conformando la
línea de tres zagueros junto a
Wílman González.
"Hago estas pruebas porque creo que los dos
me servirán mucho en el fondo. Sobre todo
Rafael Barrientos, porque es alto, marca bien y
no se sale de su posición",
explicó Miljanic. Lo cierto es que
Barrientos rindió bien en su nueva
posición, pero en el caso de
Hídzar nos quedan muchas dudas, porque da
la impresión que el jugador es más
útil como lateral, por la
proyección que ofrece en ataque.
Otro que parece más útil en el
fondo que como volante de contención es
Mauricio Quintanilla, que esta vez formó
pareja con Guillermo García en la labor
de recuperar balones y cimentar la salida.
Héctor Canjura y René Durán
siguen en lo suyo, auxiliados en la llegada por
Celio Rodríguez, que a nuestro juicio no
logra complementarse por mucha
disposición que demuestre para subir y
bajar.
En suma, Firpo no logró tener la
pelota y, a pesar de la movilidad desplegada por
los volantes para subir juntos, careció
de conexión plena con Elías Montes
y Fredy González Víchez, sus
hombres en punta. Fue firme defensivamente,
sobre todo por la gran tarde que tuvo Misael
Alfaro parando todo en el primer tiempo, y por
la solvencia de Mauricio Dos Santos en el
segundo.
Firpo mejoró en ataque con la
inclusión de Raúl Toro en la
función de 'pívote' del medio
campo, pero esta situación se mantuvo
firme hasta que le duró el gas. Con Toro
sin aire y sin tener la pelota, Firpo
volvió a su trajín sin
conexión y supeditado a lo que pudiera
hacer Nelson Montoya allá arrriba.
Lo poco de Limeño
Kiril Dojcinowski, el técnico de
Limeño, probó con la
inclusión de Pablo Leguizamo en el centro
de la zaga, y con Raúl Falero como
complemento de Josué Galdámez y
Rudy Corrales en el ataque. Por lo demás,
formó dos líneas defensivas de
mucha potencia con hombres como Edwin
González, Elmer Martínez.
Efraín Gutiérrez, Manuel Carranza
y el mismo Leguizamo, con las que pudo cimentar
la base ofensiva.
A partir de ahí realizó
incursiones de mucho peligro, utilizando a Deris
Umanzor y a Alexis Hernández como puente
de auxilio de los tres en ataque. En los
primeros quince minutos Limeño
atacó y probó en varias ocasiones
los reflejos de Misael Alfaro con potentes
disparos a gol. Pero todo ese fuego inicial se
fue apagando con el correr del tiempo, y a los
'20 dejó de existir en la medida en que
Firpo niveló las acciones.
Raúl Falero fue anulado, entrando muy
poco en juego, mientras que Leguizamo se
afirmaba más cuando Firpo tomaba el
control del partido. Como último hombre
de la zaga, el argentino se quedó con
muchos balones en una buena tarde.
Limeño terminó de desdibujarse
en el segundo tiempo, cuando Dojcinowski
recurrió a probar jugadores extranjeros
para su posible contratación.
Ensayó con los brasileños Leonardo
Tales Viana y Roberto Ramos y con el
hondureño José Moreira. Los dos
primeros son atacantes, y el tercero es volante
de marca. Al final nos dejaron la
impresión que ninguno establece una
palpable diferencia, ya sea por
inadaptación o falta de recursos.
Los otros cambios operados en la segunda
etapa, como Magdonio Corrales, Francisco Jovel
Alvarez y Elenilson Guardado, tampoco le
cambiaron la cara a Limeño. El equipo de
Kiril terminó oxigenado, pero sin
capacidad para vulnerar la defensiva pampera. Al
fin y al cabo era un ensayo donde el marcador no
cuenta.