Lunes 13 de agosto de 2001


Santa Ana
Demasiados crímenes aún sin resolver

La balanza sigue inclinada a favor de los homicidas. Seis de siete casos de menores asesinados están archivados en la Fiscalía de Santa Ana

Rosemarié Mixco/
Wenceslao Martínez Hijo
El Diario de Hoy

Los niños fueron el objetivo de siete criminales. Algunos sufrieron más que otros, pero todos están muertos. Poco se sabe de las circunstancias en que fueron asesinados, mucho menos de la identidad de los responsables.

En apariencia, el miedo es el culpable de que los casos estén estancados. Investigadores y fiscales ven frustradas sus intenciones al chocar con la falta de colaboración de los ciudadanos. Comunidades enteras callan por temor a morir a manos de los homicidas. Las pistas que podrían aclarar los hechos son muy pocas.

Jeffrey Rafael Menjívar Polanco, de 15 años, murió la madrugada del 29 de junio del año pasado. Un grupo de "mareros" le asestó ocho puñaladas el mediodía del 28 de junio de 2000 en el Parque Francisco Menéndez.

El motivo del homicidio: el robo. Los pandilleros le envidiaban sus zapatos nuevos y su reloj de puño. El menor se negó a entregarlos y ese fue su error. El caso está sobreaveriguar.

En agosto de ese mismo año, Sandra Patricia Colindres, de 11 años, fue asesinada en un punto de asalto. Ella viajaba como pasajera en el pick up de su padre, Miguel Angel, quien conducía.

Los delincuentes atacaron el automotor en una de las calles del cantón Sabanetas, en Chalchuapa, Santa Ana. Una de las balas hirió al conductor, quien perdió el control y volcó.

Curiosos se acercaron al carro y auxiliaron a Miguel Angel, quien al tratar de ayudar a su hija se dio cuenta de que estaba muerta. Aún no han identificado a los homicidas.

El 7 de noviembre de 2000, una granada explotó en una humilde vivienda del cantón Cantarrana, en la periferia de la cabecera santaneca. Dentro departían siete personas. La explosión causó heridas en seis de ellas y mató a Cristian Adonay Campos Segura, de 7 años. En un inicio, la Policía responsabilizó a grupos de "maras " que operan en esa zona de la ciudad Santa Ana. Se investiga el caso.

Antes de las fiestas navideñas de ese año, las autoridades fiscales conocieron de otro homicidio. Erick Alexander Ramírez, de 14 años, fue asesinado en un punto de asalto. Los delincuentes estaban en el caserío Los Elizondos, de Coatepeque.

El joven viajaba en un pick up junto con otras personas. Los asaltantes dispararon contra el automotor, porque su conductor no detuvo la marcha. Una bala perforó una de las llantas traseras del vehículo y cuatro más hicieron blanco en el cuerpo del adolescente. Del caso poco se sabe, de las investigaciones menos.

Antes del quinto mes

El domingo 29 de abril de 2001, se reportó el extravío de la joven Sandra Guadalupe Lemus, de 16 años. La menor fue asesinada la noche de ese día, a 50 metros de su casa, en la ciudad Metapán, Santa Ana.

La Policía encontró el cadáver. No se ha establecido el móvil del asesinato: no hubo robo ni abusos ni maltrato. Sólo un balazo en la cabeza.

La Fiscalía no ha avanzado en la investigación del caso. Los resultados de la autopsia practicada a la niña aún se desconocen. Se ignora el nombre del asesino.

Diecisiete días después, en la avenida Fray Felipe de Jesús Moraga, entre la 15a. y 17 a. calles Poniente, de Santa Ana, Misael de Jesús Castellanos mató a Yesenia del Carmen Mendoza Galindo, de 8 años.

La niña miraba un programa de televisión en la sala del comedor Carmencita. El homicida llegó al negocio, bebió una cerveza y luego se paró en la entrada y disparó varias veces hacia el interior del local.

La pequeña quedó muerta sobre el sofá donde estaba sentada. Una turba persiguió al responsable con deseos de lincharlo, pero este logró refugiarse en un puesto policial. Hoy enfrenta detención provisional y espera un juicio por homicidio.

Entre los últimos crímenes que han indignado a la población santaneca está el de Carlos Ernesto Martínez Vega, de 4 años. El pequeño se extravió la noche del 12 de junio, en el cantón Loma Alta.

El cadáver del menor fue localizado en la finca El Sinaí, contiguo a la hacienda donde vivía con sus padres. Cerca de su cuerpo, los investigadores encontraron una rosa plástica de pétalos rojos y blancos y una cinta de zapato de adulto.

Diez días después, los fiscales recibieron los resultados de la autopsia practicada al cadáver de Carlos Ernesto. El homicida le metió una piedra en su garganta que le provocó asfixia. La presión dentro del cuello provocó que la roca se fragmentara. Los tímpanos del niño estallaron antes de morir.

Los forenses efectuaron un hisopado rectal al cadáver del niño, para verificar si había sido agredido sexualmente. Los resultados fueron negativos. Las averiguaciones continúan.


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