La
Nota del Día
¿Puede moralizarse
con multas y castigos?
"
(se) prohíbe el consumo de
bebidas alcohólicas en la vía
pública, canchas o centros deportivos de
uso público, zonas verdes, parques,
abarroterías, expendios, gasolineras,
supermercados, tiendas mayoristas y otros. En
este caso, el infractor recibirá una
multa de 100 colones, cuando sea la primera vez,
y de 200 colones, la segunda ocasión.
Cuando sea reincidente, la multa
ascenderá a 500 colones, pero ésta
es permutable con trabajo de beneficio social a
la comunidad
"
Ordenanza municipal de Soyapango
Los munícipes de Soyapango creen
posible moralizar a su comunidad a fuerza de
decretos, multas, capturas y trabajos forzados,
sin importarles las consecuencias en sufrimiento
que eso puede representar para algunos sectores
y para las víctimas del alcoholismo. Para
la mayoría de nosotros la existencia de
expendios y la degradación humana que eso
acarrea nos repugna, nos preocupa y nos duele
profundamente.
Toda sociedad, desde la más pobre
hasta la opulenta, se ve confrontada por una
realidad terrible: hay individuos que no logran
integrarse a la vida común y se hunden en
el abandono total.
En Soyapango, al igual que en Nueva York,
Ginebra, Calcuta y Osaka, hay espacios que
ocupan las comunidades de vagabundos,
alcohólicos y pordioseros, que nadie
puede rescatar y apenas se pueden ayudar.
Esta infortunada gente sólo cuenta con
dos apoyos: el que se dan unos a otros, por
frágil y precario que sea, y la ayuda
que, en forma esporádica o habitual,
reciben de sus parientes. Los pobres seres se
buscan entre sí; además, en esos
entornos se encuentran individuos del más
modesto origen, hasta miembros de familias
"acomodadas" que cayeron en la desgracia. No hay
familia en El Salvador sin su oveja descarriada
que termina en los más sucios arrabales.
Nosotros perdimos a varios amigos que de un
día a otro se esfumaron sin dejar
rastro.
¿Qué piensan hacer los
esclarecidos munícipes de Soyapango, con
sus multas y encarcelamientos? De seguro que en
lo más recóndito de sus corazones
quisieran que el "Trueno" les hubiera resuelto
ese problema terrible de los bolitos en sus
calles. ¿Acaso creen que los bolitos
tendrán el dinero para pagar las multas,
o resistirían los trabajos forzados "de
beneficio social a la comunidad"? ¿Es que
nadie les ha ilustrado sobre el alcoholismo como
enfermedad? Y no sólo respecto al
alcoholismo, sino también la
drogadicción y la derrota
sicológica del ser humano. Que se quiera
ordenar un centro urbano es una cosa, pero
pretender que todo quede pulido y brillante es
otra. A menos, desde luego, que se establezcan
campos de concentración para reeducarlos,
como en China comunista.
Cierres forzados y
comités de vigilancia
Las mismas familias de los vagabundos y
viciosos no saben qué hacer con sus
parientes en desgracia, pues ni el rigor ni los
castigos ni el rechazo pudo corregirlos. Tampoco
pueden recogerlos en los hogares por el ejemplo
que darían a los niños y el
desquiciamiento de sus propias vidas.
Encima de esto, nos gustaría saber
¿en qué otros lugares de
Centro-América se ordena el cierre de
bares, locales y comederos a las once de la
noche, y que además haya tenido
éxito? En Guatemala se intentó
pero las ordenanzas no resistieron el acoso de
las mordidas y los compadrazgos. Así como
vamos, de ocurrencia en ocurrencia y de rigor en
rigor, en poco tiempo tendremos comités
de vigilancia para cada barrio.