Lunes 13 de agosto de 2001


La Nota del Día
 

¿Puede moralizarse con multas y castigos?

"…(se) prohíbe el consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública, canchas o centros deportivos de uso público, zonas verdes, parques, abarroterías, expendios, gasolineras, supermercados, tiendas mayoristas y otros. En este caso, el infractor recibirá una multa de 100 colones, cuando sea la primera vez, y de 200 colones, la segunda ocasión. …Cuando sea reincidente, la multa ascenderá a 500 colones, pero ésta es permutable con trabajo de beneficio social a la comunidad…"

Ordenanza municipal de Soyapango

Los munícipes de Soyapango creen posible moralizar a su comunidad a fuerza de decretos, multas, capturas y trabajos forzados, sin importarles las consecuencias en sufrimiento que eso puede representar para algunos sectores y para las víctimas del alcoholismo. Para la mayoría de nosotros la existencia de expendios y la degradación humana que eso acarrea nos repugna, nos preocupa y nos duele profundamente.

Toda sociedad, desde la más pobre hasta la opulenta, se ve confrontada por una realidad terrible: hay individuos que no logran integrarse a la vida común y se hunden en el abandono total.

En Soyapango, al igual que en Nueva York, Ginebra, Calcuta y Osaka, hay espacios que ocupan las comunidades de vagabundos, alcohólicos y pordioseros, que nadie puede rescatar y apenas se pueden ayudar.

Esta infortunada gente sólo cuenta con dos apoyos: el que se dan unos a otros, por frágil y precario que sea, y la ayuda que, en forma esporádica o habitual, reciben de sus parientes. Los pobres seres se buscan entre sí; además, en esos entornos se encuentran individuos del más modesto origen, hasta miembros de familias "acomodadas" que cayeron en la desgracia. No hay familia en El Salvador sin su oveja descarriada que termina en los más sucios arrabales. Nosotros perdimos a varios amigos que de un día a otro se esfumaron sin dejar rastro.

¿Qué piensan hacer los esclarecidos munícipes de Soyapango, con sus multas y encarcelamientos? De seguro que en lo más recóndito de sus corazones quisieran que el "Trueno" les hubiera resuelto ese problema terrible de los bolitos en sus calles. ¿Acaso creen que los bolitos tendrán el dinero para pagar las multas, o resistirían los trabajos forzados "de beneficio social a la comunidad"? ¿Es que nadie les ha ilustrado sobre el alcoholismo como enfermedad? Y no sólo respecto al alcoholismo, sino también la drogadicción y la derrota sicológica del ser humano. Que se quiera ordenar un centro urbano es una cosa, pero pretender que todo quede pulido y brillante es otra. A menos, desde luego, que se establezcan campos de concentración para reeducarlos, como en China comunista.

Cierres forzados y comités de vigilancia

Las mismas familias de los vagabundos y viciosos no saben qué hacer con sus parientes en desgracia, pues ni el rigor ni los castigos ni el rechazo pudo corregirlos. Tampoco pueden recogerlos en los hogares por el ejemplo que darían a los niños y el desquiciamiento de sus propias vidas.

Encima de esto, nos gustaría saber ¿en qué otros lugares de Centro-América se ordena el cierre de bares, locales y comederos a las once de la noche, y que además haya tenido éxito? En Guatemala se intentó pero las ordenanzas no resistieron el acoso de las mordidas y los compadrazgos. Así como vamos, de ocurrencia en ocurrencia y de rigor en rigor, en poco tiempo tendremos comités de vigilancia para cada barrio.


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