Martes 3 de julio de 2001


De escapes y escapatorias

Hoy, no sé por qué se me hizo hasta frívolo escribir de libros. Y es que, mi estimado lector, digo "se me hizo frívolo" porque antes de escribir imaginé una columna en la que, como siempre, diría que los libros son el escape perfecto de la realidad, que sin quererlo ellos se han convertido en psicólogos, maestros, padres, consejeros, amigos, referencia del mundo y para algunos en cerebros de alquiler.

Por Telena

Iba a escribir (que vergüenza) de manera terrible. Una desgracia. Iba a escribir de los libros que todos, o casi todos, deberíamos leer para bien de nuestras pobres neuronas. Algo así como "llévese de vacaciones a su cerebro y paséelo por un estimulante libro", pero no. Al final me pareció ofensivo para los lectores. Sí, porque apuesto a que usted lee.

Entonces empecé a dar vueltas, a pensar ideas pero no vino ninguna. No las culpo. Mi mente está, últimamente, en otra parte.

Como muchos, pensé en abandonar el país. La violencia, como siempre, la violencia.

Y para no echarle la culpa a una sola cosa también pensé en la situación económica. Luego, para que le hiciera compañía a la economía recordé a los muy conocidos terremotos. Sí, ellos también tienen la culpa. ¿Por qué no? Hay quienes se van del país por falta de oportunidades, porque nos pasa como a los árboles cerca de la Matías Delgado: no los dejaron crecer.

Porque yo puedo escribir mucho sobre la lectura y los libros pero a veces no estoy segura si sirve de algo en un país donde las casas de valor histórico caen antes de ser reconstruídas, donde hay libros excelentes de escritores salvadoreños que no son leídos y donde el espacio, en general, para la cultura es poco.

Pero claro, están aquellas personas que no necesitan motivos para marcharse del país.

Sea cual sea la razón es triste desalojar un país, especialmente si es bello como éste y si su gente es, por naturaleza, de alma sencilla y alegre.

Es triste tener que marcharse pero también es triste vivir así. Vivir sin espacios, vivir con miedo, vivir sin anhelos y cada día con más rabia y frustración.

Al final, me imagino que estoy en una inmensa novela cuyo descenlace desconozco. ¿Cómo escapar de lo que no existe?

¿Seré uno de esos personajes que desaparecen en medio del relato o uno de esos que se quedan y resisten? ¿Seré uno de esos personajes alegres o uno lúgubre? ¿Cuál personaje cree que es usted?


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