¿De
dónde viene? De Nueva York
¿Qué
oficio trae? Usted lo verá
- Algunos lectores me preguntan que si
lo que escribo es producto de mi
imaginación o si es la meritita
verdad.
Lito
Montalvo
Quiero
decirles a aquellos incrédulos que si no
me creen, sigan los pasos de la siguiente
aventura y se darán cuenta de que no
miento; al contrario, me quedo pachito.
Fui a visitar a un director general. Para
empezar, hay que llegar en carro, aunque sea
guarolita, y, si es posible, de saco y corbata.
Yo llegué en mi reluciente moto
traída de la India, pero me negaron la
entrada, pues el parqueo es solamente para
carros, según me dijo un chero con
apariencia de policía pero que no lo era,
más bien parecía capitán de
aeronave, con un parche en la manga del uniforme
con un nombre en inglés que, en letras
doradas, decía "Milwakky Security
Incorporates Corps." Las motos (están
discriminadas, no lo dijo) allá afuera.
Ni modo, dejé la moto en la acera,
expuesto a una esquela o a un desmantelamiento,
y seguí las instrucciones del "security
man" hasta llegar a la entrada del edificio
gubernamental donde me dirigía.
Me salió al paso otro de "security"
quien, de manera militar (me imagino que fue
guardia) y tratando de ser amable aunque sin
conseguirlo, me preguntó:
¿En qué le puedo servir?
Lo miré de arriba abajo y supuse que
en nada me serviría, mas no se lo
dije.
-Busco al Director General.
-¿Tiene cita? (ni que fuera dentista,
pensé, aunque tampoco lo dije)
-No, pero es mi amigo.
Me escudriñó con la mirada y me
dijo: deje el casco aquí, y le daremos un
numerito, luego allí en el escritorio
deje un documento con foto, a cambio le
darán otro que se pondrá en un
lugar visible. Dejé mi apreciada y cara
licencia de nuevo formato que SERTRACEN
inconstitucionalmente nos obligó a
cambiar (¡Bravo, Genaro, no se deje¡)
y a cambio me dieron un ajado, chuco y
maloliente gafete que decía VISITANTE. Ya
descascado, discriminado y deslicenciado me
encaminé a las gradas, pero antes
todavía fui conminado a contestar:
¿Anda armado? (de mucha paciencia, pero
tampoco se lo dije)
-Sólo de papel y lápiz . No me
entendió, me mostró su
metálica dentadura en una forzada sonrisa
y me dejó al fin pasar.
A la entrada del tercer piso estaba otro
retén, sólo que sin los cucuruchos
rojos, un jovencito me preguntó a
quemarropa -¿Qué quiere?
-Ver al Director.
Descolgó un teléfono,
marcó tres números y dijo:
-Aquí hay uno que quiere ver al
Director.
Tapó el auricular y me preguntó
-¿Cómo se llama?
-Don Lito, don Lito Montalvo.
Llegué cansado pero no derrotado donde
la "secre" de la Asistente del Director. Le
traté de enseñar mi dentadura en
señal de paz y amistad, pero no
ablandó ni un milímetro la mirada
fría de la "secre" de párpados
coloreados de azul profundo.
-¿De parte de quién viene?
Como no iba de parte de nadie, le
contesté -Mire seño... la verdad
es que vengo de parte de mí mismo.
La chica abrió más los
párpados. -¿De dónde
viene?
Inmediatamente se me vinieron a la mente los
recuerdos agradables de mi niñez y, sin
pensarlo dos veces, le dije -¿Que de
dónde vengo? Pues de Nueva York, ¿Y
qué oficio traigo? Usted lo verá.
La secre me miró incrédula. Se
sacó el chicle de la boca, metió
la mano debajo del escritorio, me imagino que
para dejar descansar la goma un rato.
¿Y para qué lo quiere?
-Puede estar segura que no lo quiero ni para
jugar fútbol con él ni para
pedirle empleo ni para venderle una enciclopedia
ni mucho menos una tarjeta de crédito.
Simplemente quiero hablar con él.
Mire, me dijo ya irritada. Si trae una
recomendación, démela para
archivarla, o si trae una tarjeta de diputado.
Si viene a poner en mal a alguien,
dígamelo, porque yo llevo las
estadísticas de las puestas de dedo,
además nos divertimos mucho durante el
"coffee break". Ahora, si viene a asesorarlo
sobre lo que tiene que hacer como Director,
pierde el tiempo, pues esos señores de
las sillas llegaron antes que usted.
No la quise dejar que continuara, así
que le dije &emdash;Mire, el Director es mi
compadre, y por eso no traje traje ni corbata ni
tarjeta de recomendación ni
¿Compadre por alguna de las tres bodas
de mi jefe, o por apadrinamiento de alguno de
sus hijos?
-Compadres y punto.
-¿Cómo dijo que se llamaba?
-Don Lito, Lito Montalvo, le dije recalcando
mi nombre con la esperanza de que me hubiera
leído aunque sea una vez.
-No me suena, dijo campante la chica,
dándome un golpe en mi ego plexo. Pero en
fin, me dijo la chica que ya había
recuperado el chicle, pase donde la verdadera
secretaria del Director, que esta al final del
pasillo, detrás de una puerta de vidrio
polarizado, por donde usted no puede ver, pero
allí de adentro sí lo verán
a usted. Llegué a la puerta, toqué
un timbre, sonó una chicharra en
señal de que podía empujar la
puerta. ¡Entré! La "secre" me
espetó las mismas preguntas de un solo:
¿De dónde viene? ¿De parte de
quién viene? ¿Para qué lo
quiere?
-Mejor dígame si está o no?
El Lic. no está, ha salido a donde el
Ministro.
Gracias, dije, dando la vuelta.
Espere, dijo la "secre", ¿no desea
dejarle algún recado?
Si, dígale que vino don Lito de Nueva
York, y sobre el oficio que traigo es ponerme a
llorar, le dije, mientras el llanto llegó
como tormenta de invierno después de
prolongada canícula.
Era tarde cuando salí, y como el
encargado de seguridad ya se había
marchado, tuve que manejar con un gafete chuco y
ajado en lugar de licencia. Menos mal no me
paró la policía, porque no me
hubieran creído este cuento.
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