Domingo 22 de julio de 2001


¿De dónde viene? De Nueva York
¿Qué oficio trae? Usted lo verá…
Algunos lectores me preguntan que si lo que escribo es producto de mi imaginación o si es la meritita verdad.

Lito Montalvo

Quiero decirles a aquellos incrédulos que si no me creen, sigan los pasos de la siguiente aventura y se darán cuenta de que no miento; al contrario, me quedo pachito.

Fui a visitar a un director general. Para empezar, hay que llegar en carro, aunque sea guarolita, y, si es posible, de saco y corbata. Yo llegué en mi reluciente moto traída de la India, pero me negaron la entrada, pues el parqueo es solamente para carros, según me dijo un chero con apariencia de policía pero que no lo era, más bien parecía capitán de aeronave, con un parche en la manga del uniforme con un nombre en inglés que, en letras doradas, decía "Milwakky Security Incorporates Corps." Las motos (están discriminadas, no lo dijo) allá afuera. Ni modo, dejé la moto en la acera, expuesto a una esquela o a un desmantelamiento, y seguí las instrucciones del "security man" hasta llegar a la entrada del edificio gubernamental donde me dirigía.

Me salió al paso otro de "security" quien, de manera militar (me imagino que fue guardia) y tratando de ser amable aunque sin conseguirlo, me preguntó:

¿En qué le puedo servir?

Lo miré de arriba abajo y supuse que en nada me serviría, mas no se lo dije.

-Busco al Director General.

-¿Tiene cita? (ni que fuera dentista, pensé, aunque tampoco lo dije)

-No, pero es mi amigo.

Me escudriñó con la mirada y me dijo: deje el casco aquí, y le daremos un numerito, luego allí en el escritorio deje un documento con foto, a cambio le darán otro que se pondrá en un lugar visible. Dejé mi apreciada y cara licencia de nuevo formato que SERTRACEN inconstitucionalmente nos obligó a cambiar (¡Bravo, Genaro, no se deje¡) y a cambio me dieron un ajado, chuco y maloliente gafete que decía VISITANTE. Ya descascado, discriminado y deslicenciado me encaminé a las gradas, pero antes todavía fui conminado a contestar: ¿Anda armado? (de mucha paciencia, pero tampoco se lo dije)

-Sólo de papel y lápiz . No me entendió, me mostró su metálica dentadura en una forzada sonrisa y me dejó al fin pasar.

A la entrada del tercer piso estaba otro retén, sólo que sin los cucuruchos rojos, un jovencito me preguntó a quemarropa -¿Qué quiere?

-Ver al Director.

Descolgó un teléfono, marcó tres números y dijo: -Aquí hay uno que quiere ver al Director.

Tapó el auricular y me preguntó -¿Cómo se llama?

-Don Lito, don Lito Montalvo.

Llegué cansado pero no derrotado donde la "secre" de la Asistente del Director. Le traté de enseñar mi dentadura en señal de paz y amistad, pero no ablandó ni un milímetro la mirada fría de la "secre" de párpados coloreados de azul profundo.

-¿De parte de quién viene?

Como no iba de parte de nadie, le contesté -Mire seño... la verdad es que vengo de parte de mí mismo.

La chica abrió más los párpados. -¿De dónde viene?

Inmediatamente se me vinieron a la mente los recuerdos agradables de mi niñez y, sin pensarlo dos veces, le dije -¿Que de dónde vengo? Pues de Nueva York, ¿Y qué oficio traigo? Usted lo verá.

La secre me miró incrédula. Se sacó el chicle de la boca, metió la mano debajo del escritorio, me imagino que para dejar descansar la goma un rato.

¿Y para qué lo quiere?

-Puede estar segura que no lo quiero ni para jugar fútbol con él ni para pedirle empleo ni para venderle una enciclopedia ni mucho menos una tarjeta de crédito. Simplemente quiero hablar con él.

Mire, me dijo ya irritada. Si trae una recomendación, démela para archivarla, o si trae una tarjeta de diputado. Si viene a poner en mal a alguien, dígamelo, porque yo llevo las estadísticas de las puestas de dedo, además nos divertimos mucho durante el "coffee break". Ahora, si viene a asesorarlo sobre lo que tiene que hacer como Director, pierde el tiempo, pues esos señores de las sillas llegaron antes que usted.

No la quise dejar que continuara, así que le dije &emdash;Mire, el Director es mi compadre, y por eso no traje traje ni corbata ni tarjeta de recomendación ni…

¿Compadre por alguna de las tres bodas de mi jefe, o por apadrinamiento de alguno de sus hijos?

-Compadres y punto.

-¿Cómo dijo que se llamaba?

-Don Lito, Lito Montalvo, le dije recalcando mi nombre con la esperanza de que me hubiera leído aunque sea una vez.

-No me suena, dijo campante la chica, dándome un golpe en mi ego plexo. Pero en fin, me dijo la chica que ya había recuperado el chicle, pase donde la verdadera secretaria del Director, que esta al final del pasillo, detrás de una puerta de vidrio polarizado, por donde usted no puede ver, pero allí de adentro sí lo verán a usted. Llegué a la puerta, toqué un timbre, sonó una chicharra en señal de que podía empujar la puerta. ¡Entré! La "secre" me espetó las mismas preguntas de un solo: ¿De dónde viene? ¿De parte de quién viene? ¿Para qué lo quiere?

-Mejor dígame si está o no?

El Lic. no está, ha salido a donde el Ministro.

Gracias, dije, dando la vuelta.

Espere, dijo la "secre", ¿no desea dejarle algún recado?

Si, dígale que vino don Lito de Nueva York, y sobre el oficio que traigo es ponerme a llorar, le dije, mientras el llanto llegó como tormenta de invierno después de prolongada canícula.

Era tarde cuando salí, y como el encargado de seguridad ya se había marchado, tuve que manejar con un gafete chuco y ajado en lugar de licencia. Menos mal no me paró la policía, porque no me hubieran creído este cuento.

Queridos lectores lejanos: Gracias cien por los 104 e-mail recibidos. Escríbanme a donLito@yahoo.com


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