Domingo 22 de julio de 2001


De actualidad.
Retos éticos en la era de la globalización
Teresa Guevara de López

Los ojos del mundo están en este momento en Génova, donde tiene lugar la Cumbre G-8 que hace a los habitantes del primer mundo protestar como lo hacen los del tercero, contra la globalización y las multinacionales. El título de este artículo fue el tema del simposio organizado en Barcelona del 3 al 6 de julio, en el IESE, de la Universidad de Navarra, al que asistieron más de cien profesores de importantes universidades de todo el planeta, que junto a un selecto grupo de empresarios compartieron inquietudes y experiencias para lograr hacer de este mundo un sitio más humano. En muchas de las intervenciones los planteamientos de la Encíclica Centesimus Annus, escrita por Juan Pablo II hace diez años, sirvieron como un marco de referencia para analizar los retos que trae consigo esta nueva era para el mundo.

El Dr. Prakash Sethi, Director Académico de Programas Ejecutivos de Zicklin School of Business de la City University of New York, puso en evidencia la necesidad de códigos de conducta para empresas multinacionales en naciones en vías de desarrollo, al analizar los resultados actuales: el comercio entre EE.UU. y China se ha multiplicado por 6 en los últimos 10 años y las inversiones norte americanas en ese país han pasado de 32 a 56 millardos de dólares, mientras que los avances en el desarrollo de las instituciones democráticas y el crecimiento económico de China distan mucho de estar en la misma proporción. Las multinacionales sostienen que acatan estrictamente todas las leyes y normas de los países donde trabajan y que actúan responsablemente, pero muchas veces los hechos indican lo contrario, especialmente con relación a la legislación laboral, el medio ambiente y las normas sobre higiene y seguridad. Aunque generen más puestos de trabajo y mejores condiciones de vida que las previamente imperantes en dichos países, también es cierto que los trabajadores pueden no tener otra alternativa que aceptar cualquier salario que les ofrezcan con tal de tener un empleo. La marcada diferencia entre el salario hora de un trabajador de una multinacional en su país de origen y el de los países donde éstas operan es abismal.

El Prof. Pat Utomi, ex director gerente de Volkswagen en Nigeria y director académico de Lagos Business School afirma que el impacto de la tecnología en el entorno laboral y las exigencias de la globalización se manifiestan con más intensidad en las economías del tercer mundo y amenazan con destruir el respeto por la dignidad de la persona, los valores familiares y el espíritu de servicio. Insiste en que el establecimiento de valores cristianos y la humanización de las empresas puede ser el reto de nuestra era. En este momento crucial en que se están impulsando notables mejoras de productividad y producción a gran escala en bienes y servicios, debemos identificar los conflictos personales de muchos individuos para encontrar sentido en un mundo que plantea cada vez más dificultades para lograr la autorrealización.

El Dr. Bernardo Villegas, director de la Escuela de Economía Política de la Universidad de Asia y del Pacífico, en Manila, explicó cómo los empresarios filipinos, conscientes de la capacidad que tienen para ayudar a sus respectivas comunidades y en colaboración estrecha con organismos oficiales y apoyados por organizaciones extranjeras, han promovido programas tendientes a erradicar la pobreza, entre los cuales vale destacar: 1) Educación básica y formación técnica, creando escuelas técnicas según el sistema "dual vocational", perfeccionado por los alemanes y "family farms" creando escuelas rurales para los hijos de los campesinos, siguiendo modelos franceses y españoles. 2) Microcrédito para los pobres según el modelo Grameen desarrollado por Muhammad Yunus, economista de Bangladesh, apoyados por ONG alemanas y españolas mediante programas para mejorar los conocimientos de gestión de pequeños empresarios, especialmente mujeres que constituyen más del 90% de los receptores de los microcréditos. 3) Vivienda social para los pobres aportando soluciones creativas en financiación, tecnología y materiales de construcción. 4) Programas de salud y nutrición enfocados hacia los niños, especialmente los de la calle, en la que participan numerosos estudiantes universitarios como trabajo de voluntariado. Punto determinante en la mayoría de las participaciones fue cómo la búsqueda de la excelencia en las organizaciones ha inspirado declaraciones de visión y valores fundamentales, tanto de amistad en el trabajo como de compromiso con la familia, para impulsar una cultura empresarial ganadora. Un futuro sostenible de creciente productividad debe, por tanto, prestar atención a los valores cristianos que fomentan la familia y la amistad como una forma de reforzar el trabajo. Un reto ambicioso que puede ser asumido por los empresarios salvadoreños.


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