Domingo 22 de julio de 2001


Meditando
Avance tecnológico contra desarrollo humano
María Eugenia Vásquez Valiente*

La pregunta del millón ha sido: ¿Por qué se ha avanzado tanto en la tecnología y no en el desarrollo, en la evolución humana? Porque lejos de parecer ir en ascendencia, parece que vamos de caída.

Reflexionando sobre esta disyuntiva hasta cierto punto irracional, porque es el hombre mismo el que está haciendo avanzar la tecnología, esto es, es obra humana la tecnología, su nacimiento, su crecimiento, su desarrollo y sus consecuentes avances.

Sin embargo, es posible que exista una explicación a esta incongruencia, a este desaguisado. Si ordenamos las ideas, si ordenamos las preguntas, las respuestas puntuales sobre las mismas, podemos a lo mejor encontrar un resultado aceptable:

Veamos, la mayoría de las ciencias se desarrolla a partir de una serie de premisas que no tienen oposición unas con las otras. Dicho de otra manera, el agua tiene su fórmula H20 y eso será cierto acá en El Salvador y en la China; uno más uno, será dos en cualquier lugar del planeta... por el otro lado, las costumbres, los usos, los convencionalismos sociales, las definiciones humanas sobre cómo hacer las cosas, cómo vivir &emdash;y acá entra la ética y la moral&emdash; suelen ser en muchas de las veces diametralmente opuestas de país a país, de raza a raza, de grupos sociales a grupos sociales, y cada quien justifica "su forma", "esa forma" de hacer las cosas, y es muy posible que cada concepto, cada afirmación sea válida y eficaz para cada quien.

De tal manera que al vernos ante tantas posibilidades, valederas posibilidades, de hacer las cosas, es hasta cierto punto entendible que el desarrollo humano camine más despacio que el desarrollo tecnológico.

La globalización nos está arrastrando a un entendimiento mundial, a un entendimiento en el que en algún momento vamos a converger todos; sin embargo, esa es labor de los líderes, que el tiempo se haga más corto para lograr la ansiada armonización en donde cada quien, previo conocimiento objetivo de sus virtudes, sus defectos y sus limitaciones, aprenda a conocer y, sobre todo, respetar las de los otros, aun estando en franca oposición con la suya. Suena utópico, ¿no? Pero me atrevo a vaticinar que es posible... es posible, porque hay muchas instituciones de corte humanista que se mueven en casi todos los rincones de nuestro querido planeta en donde se propone una idea básica, ya sea ésta con nombre de superación personal, de aprendizaje de tal o cual disciplina, deporte, profesión y de alguna manera se está aprendiendo a convivir con otro tipo de formas de vivencia y convivencia -háganme valer la redundancia-.

Las ideologías son muchas, las formas de querer hacer las cosas son muchísimas más, pero el ser humano silvestre de aquí y de cualquier lado busca si no lo mismo, casi lo mismo, si bien es cierto de diferente forma, pero casi lo mismo.

* Dra. en Derecho.


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