Meditando
Avance
tecnológico contra desarrollo humano
María
Eugenia Vásquez Valiente*
La pregunta del millón ha sido:
¿Por qué se ha avanzado tanto en la
tecnología y no en el desarrollo, en la
evolución humana? Porque lejos de parecer
ir en ascendencia, parece que vamos de
caída.
Reflexionando sobre esta disyuntiva hasta
cierto punto irracional, porque es el hombre
mismo el que está haciendo avanzar la
tecnología, esto es, es obra humana la
tecnología, su nacimiento, su
crecimiento, su desarrollo y sus consecuentes
avances.
Sin embargo, es posible que exista una
explicación a esta incongruencia, a este
desaguisado. Si ordenamos las ideas, si
ordenamos las preguntas, las respuestas
puntuales sobre las mismas, podemos a lo mejor
encontrar un resultado aceptable:
Veamos, la mayoría de las ciencias se
desarrolla a partir de una serie de premisas que
no tienen oposición unas con las otras.
Dicho de otra manera, el agua tiene su
fórmula H20 y eso será cierto
acá en El Salvador y en la China; uno
más uno, será dos en cualquier
lugar del planeta... por el otro lado, las
costumbres, los usos, los convencionalismos
sociales, las definiciones humanas sobre
cómo hacer las cosas, cómo vivir
&emdash;y acá entra la ética y la
moral&emdash; suelen ser en muchas de las veces
diametralmente opuestas de país a
país, de raza a raza, de grupos sociales
a grupos sociales, y cada quien justifica "su
forma", "esa forma" de hacer las cosas, y es muy
posible que cada concepto, cada
afirmación sea válida y eficaz
para cada quien.
De tal manera que al vernos ante tantas
posibilidades, valederas posibilidades, de hacer
las cosas, es hasta cierto punto entendible que
el desarrollo humano camine más despacio
que el desarrollo tecnológico.
La globalización nos está
arrastrando a un entendimiento mundial, a un
entendimiento en el que en algún momento
vamos a converger todos; sin embargo, esa es
labor de los líderes, que el tiempo se
haga más corto para lograr la ansiada
armonización en donde cada quien, previo
conocimiento objetivo de sus virtudes, sus
defectos y sus limitaciones, aprenda a conocer
y, sobre todo, respetar las de los otros, aun
estando en franca oposición con la suya.
Suena utópico, ¿no? Pero me atrevo a
vaticinar que es posible... es posible, porque
hay muchas instituciones de corte humanista que
se mueven en casi todos los rincones de nuestro
querido planeta en donde se propone una idea
básica, ya sea ésta con nombre de
superación personal, de aprendizaje de
tal o cual disciplina, deporte, profesión
y de alguna manera se está aprendiendo a
convivir con otro tipo de formas de vivencia y
convivencia -háganme valer la
redundancia-.
Las ideologías son muchas, las formas
de querer hacer las cosas son muchísimas
más, pero el ser humano silvestre de
aquí y de cualquier lado busca si no lo
mismo, casi lo mismo, si bien es cierto de
diferente forma, pero casi lo mismo.
* Dra. en Derecho.