Seamos
responsables
Los tres sobres
Pedro
Roque*
Oyendo
la radio el pasado miércoles por la
mañana, escuché que llamó
por teléfono un grupo de ex alumnos de un
Instituto Nacional, quejándose de que
aún no habían recibido los
títulos de bachiller correspondientes al
año pasado.
El locutor llamó
telefónicamente al Director del Instituto
para preguntarle sobre el asunto, quien le
respondió amablemente, que evidentemente
los alumnos aún no habían recibido
sus títulos, pero sí las notas,
que son lo que necesitan para el ingreso en la
universidad. Además, dijo el Director,
que tiene dificultades con la papelería y
que son los problemas de la
administración anterior, ya que él
sólo tiene cinco meses en el cargo y que
en cinco meses no se pueden arreglar los
problemas de los últimos quince
años
Al oír esta conversación
inmediatamente me acordé del cuento de
"Los tres sobres". Resulta que el director de
una empresa que había sido sustituido, le
dijo al que lo sustituía en su
conversación de despedida, que en la
gaveta derecha del escritorio le dejaba tres
sobres numerados del uno al tres. También
le explicó, que cuando viniera la primera
avalancha de problemas, reclamaciones de los
clientes, los proveedores y las preguntas de la
junta directiva sobre qué es lo que
sucede, que abriera el sobre número uno y
que ahí encontraría la respuesta.
Cuando después de algunos meses viniera
la segunda avalancha que la buscara en el sobre
número dos y más adelante, cuando
se presentara la tercera, que abriera el tercer
sobre.
Y así... llegada la primera ola de
dificultades y teniendo que ir a explicar a la
junta directiva qué sucede, se
acordó de las recomendaciones de su
antecesor y abrió el primer sobre:
evidentemente, en la hoja dentro del sobre
estaba la respuesta que decía "Dile a la
junta directiva que todos estos problemas son
las consecuencias de la mala
administración de tu antecesor".
Después de algunos meses, que las
cuentas seguían sin cuadrar, cuando se
presentó el siguiente alud de problema e
insatisfacciones y nuevamente el director fue
llamado por la junta directiva, se acordó
de su antecesor y fue en busca del segundo
sobre. La nota que encontró decía:
"Explícales que los cambios que
estás introduciendo aún no han
dado los resultados esperados, pero que en un
plazo razonable, cuando las aguas vuelvan a su
cauce, los verán"...
Como la situación no mejoró, la
junta directiva después de algunos meses
llamó nuevamente al director para que
explicara la situación, este se
volvió a acordar de su antecesor y
abrió el tercer sobre donde
encontró la siguiente
recomendación: "Ahora dimite y escribe
otros tres sobres para tu sucesor".
Oyendo al Director del Instituto, quien que
me motivó este artículo, con todos
mis respetos y consideraciones me permito
recomendarle a él y a otros que
recientemente han sido nombrados o asignados en
nuevos cargos en las empresas privadas o
instituciones del gobierno, que asuman los
problemas, debilidades y fortalezas ligadas a
sus nuevas responsabilidades como propias, pues
por eso es que quien tiene la potestad de
hacerlo los ha nombrado, confiando en que
harán las cosas bien o mejor que el
anterior.
Por consideración a sus clientes o a
los ciudadanos, no se aferren a la estrategia y
táctica de los tres sobres, pues el final
de su caso puede ser, "irse o que lo vayan" sin
haber aportado nada y quedar en la historia del
lugar, como uno más que pasó por
el cargo, sin hacer, ni dejar hacer...
De forma más generalizada, mi
recomendación para quienes se encuentran
en el tramo entre el primero y el segundo sobre
y sienten que no van a poder con las
responsabilidades que les han encargado, es que
mejor valientemente lo discutan con sus jefes o
soliciten ayuda especializada, pues implantar
cambios voluntariosos pero poco prácticos
puede resultar muy caro. Y si usted se encuentra
ya en el tramo entre el segundo y el tercer
sobre, haga un análisis valiente de si
los cambios que está introduciendo son
los que de verdad hacen falta. Tenga en cuenta
que cada cambio que introduzca generará
conductas diferentes a las establecidas y
conocidas, tanto en los clientes, como en los
empleados. Lo razonable en este caso, siempre y
cuando esté seguro que lo que hace es lo
correcto, es prepararse para dar respuestas
amables y contundentes sobre lo que va a cambiar
y de su forma de dirigir y gerenciar.
Independientemente que las cosas cuando uno
acepta un nuevo reto, nunca son ni están
como quisiéramos, yo siempre he pensado y
actuado cuando he asumido un nuevo cargo y
ahora, como consultor cuando entramos a una
empresa con mi equipo, que los problemas por
resolver son consecuencia de decisiones
anteriores que seguramente tuvieron un lado
bueno; que son los problemas que debo resolver,
que para que los resuelva es que me han
contratado y que mirar hacia atrás
solamente será bueno, para buscar las
causas de los problemas y concluir las
soluciones oportunas en el presente y en el
futuro. Siempre pienso que quienes dirigieron
antes, lo hicieron con buena voluntad y que si
no consiguieron lo que se propusieron, no fue
porque no quisieron, sino por efectos o causas
ajenas a su voluntad que no pudieron superar.
Esta es la razón por la cual los
presidentes o las juntas directivas cambian a
los directores y gerentes.
Conclusión: echar la culpa al
antecesor de los problemas que usted tiene que
resolver, sólo desprestigia al sucesor y
a quien lo puso.
Mejor póngase a trabajar en serio
desde el principio, con una visión
acertada sobre la dirección en que debe
conducir la empresa, implantando sistemas
robustos y cambios razonables que mejoren la
calidad, la productividad y la rentabilidad,
pero como consecuencia de cambios razonables en
la organización y la reorientación
de la conducta de la gente que trabaja para la
empresa. ¿Qué piensa usted al
respecto?