La
Nota del Día
El trabajo vence al
subdesarrollo
En el trabajo, como bien lo señala el
Presidente, está la clave de nuestro
desarrollo. Por tanto hay que eliminar los
impedimentos al trabajo
El desarrollo económico y los
problemas de la pobreza en el tercer mundo se
plantearán en la reunión del G-8,
este viernes, en Génova, a la que
asistirá el presidente Flores como uno de
los cinco invitados especiales. El evento se
realiza en medio de un enorme aparato de
seguridad, montado por las amenazas y presencia
de los "enloquecidos sin fronteras", que en
número de cien mil están
descendiendo sobre el gran puerto, cuna de
Colón.
El milagro del desarrollo intriga a grandes
sectores de la humanidad, así como a
políticos, pensadores, revoltosos,
revolucionarios, economistas y tontos de
capirote. Asombra el número de personas
que con toda seriedad afirman que la falta de
prestaciones es culpable del retraso del tercer
mundo, confundiendo efectos con causas. Otros
quieren arrasar con lo que encuentran (Pol Pot,
los sandinistas, Mao, el "Sendero Luminoso",
etcétera), para así construir una
sociedad pura, sin egoísmos y henchida de
amor, sobre una montaña de
cadáveres y escombros.
Las mamás que buscan el bien de sus
hijos, por instinto les pasan el secreto de la
prosperidad: estudia mucho, sé
responsable, no caigas en vicios, busca un buen
trabajo y cuida a tu familia. Se informa que en
términos similares lo planteará el
presidente Flores al G-8: el trabajo es la clave
esencial para el desarrollo. Se necesita
vitalmente que los países ricos abran sus
mercados a la producción del tercer
mundo, y nos apoyen con créditos blandos.
Es además esencial que haya un buen
manejo de la cosa pública.
La parte de la responsabilidad que le
corresponde a los estados, es asegurar y
fortalecer la seguridad jurídica y la
personal. Sin claras "reglas del juego" se
propicia la anarquía y la pobreza; no en
balde se dice que la fertilidad de los campos
depende de buenas leyes, más que de
condiciones climatológicas.
Libérese la
agricultura de la reforma
El "buen manejo de la cosa pública"
que menciona el presidente Flores se refiere
primordialmente a la eficiente prestación
de los servicios que corresponde brindar a los
gobiernos. La función del Estado no es
tanto dar empleo, cuanto cuidar que se promueva
el empleo y se dé seguridad a las
personas y empresas para hacer lo suyo. El
Estado es el gran catalizador y el gran
impulsor; pero es un pésimo
médico, un mediocre maestro, un fracasado
constructor, un pícaro como empresario y
un desastre como labriego. Estos quehaceres
productivos debe delegarlos a los ciudadanos,
quienes con su iniciativa, su interés por
ganar dinero, su diligencia y sus buenos
instintos, generen bienestar.
En el trabajo, como bien lo señala el
Presidente, está la clave de nuestro
desarrollo. Por tanto hay que eliminar los
impedimentos al trabajo. Uno de ellos es la
desbordada inseguridad que ahora se sufre; el
otro, la serie de limitaciones constitucionales
y legales a la formación y
operación de empresas. En esto
último, el desorden y devastación
causados a la agricultura por la reforma agraria
pesa como una enorme piedra sobre El Salvador y
sus destinos. Estamos ante el riesgo de una
grave desocupación rural por culpa del
desplome de los precios del café y ahora
la sequía, pero seguimos con un
encadenamiento de la tierra a esquemas fallidos
y estúpidos. Será una tarea
patriótica de partidos políticos y
sectores pensantes superar el impasse de la
reforma.