Sábado 21 de julio de 2001


La Nota del Día
 

El trabajo vence al subdesarrollo

En el trabajo, como bien lo señala el Presidente, está la clave de nuestro desarrollo. Por tanto hay que eliminar los impedimentos al trabajo

El desarrollo económico y los problemas de la pobreza en el tercer mundo se plantearán en la reunión del G-8, este viernes, en Génova, a la que asistirá el presidente Flores como uno de los cinco invitados especiales. El evento se realiza en medio de un enorme aparato de seguridad, montado por las amenazas y presencia de los "enloquecidos sin fronteras", que en número de cien mil están descendiendo sobre el gran puerto, cuna de Colón.

El milagro del desarrollo intriga a grandes sectores de la humanidad, así como a políticos, pensadores, revoltosos, revolucionarios, economistas y tontos de capirote. Asombra el número de personas que con toda seriedad afirman que la falta de prestaciones es culpable del retraso del tercer mundo, confundiendo efectos con causas. Otros quieren arrasar con lo que encuentran (Pol Pot, los sandinistas, Mao, el "Sendero Luminoso", etcétera), para así construir una sociedad pura, sin egoísmos y henchida de amor, sobre una montaña de cadáveres y escombros.

Las mamás que buscan el bien de sus hijos, por instinto les pasan el secreto de la prosperidad: estudia mucho, sé responsable, no caigas en vicios, busca un buen trabajo y cuida a tu familia. Se informa que en términos similares lo planteará el presidente Flores al G-8: el trabajo es la clave esencial para el desarrollo. Se necesita vitalmente que los países ricos abran sus mercados a la producción del tercer mundo, y nos apoyen con créditos blandos. Es además esencial que haya un buen manejo de la cosa pública.

La parte de la responsabilidad que le corresponde a los estados, es asegurar y fortalecer la seguridad jurídica y la personal. Sin claras "reglas del juego" se propicia la anarquía y la pobreza; no en balde se dice que la fertilidad de los campos depende de buenas leyes, más que de condiciones climatológicas.

Libérese la agricultura de la reforma

El "buen manejo de la cosa pública" que menciona el presidente Flores se refiere primordialmente a la eficiente prestación de los servicios que corresponde brindar a los gobiernos. La función del Estado no es tanto dar empleo, cuanto cuidar que se promueva el empleo y se dé seguridad a las personas y empresas para hacer lo suyo. El Estado es el gran catalizador y el gran impulsor; pero es un pésimo médico, un mediocre maestro, un fracasado constructor, un pícaro como empresario y un desastre como labriego. Estos quehaceres productivos debe delegarlos a los ciudadanos, quienes con su iniciativa, su interés por ganar dinero, su diligencia y sus buenos instintos, generen bienestar.

En el trabajo, como bien lo señala el Presidente, está la clave de nuestro desarrollo. Por tanto hay que eliminar los impedimentos al trabajo. Uno de ellos es la desbordada inseguridad que ahora se sufre; el otro, la serie de limitaciones constitucionales y legales a la formación y operación de empresas. En esto último, el desorden y devastación causados a la agricultura por la reforma agraria pesa como una enorme piedra sobre El Salvador y sus destinos. Estamos ante el riesgo de una grave desocupación rural por culpa del desplome de los precios del café y ahora la sequía, pero seguimos con un encadenamiento de la tierra a esquemas fallidos y estúpidos. Será una tarea patriótica de partidos políticos y sectores pensantes superar el impasse de la reforma.


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