Martes 17 de julio de 2001


Sentido común
FOVIAL: un fondo sin fondos
RICARDO RIVAS

Pareciera ser que en El Salvador, para disfrutar de una carretera segura y bien señalizada, hay que pasar por ella en los primeros seis meses después de su inauguración. Luego, aquello se convierte en un desbarajuste: baches por doquier, vallas separadoras convertidas en chiribisqueros, derechos de vía desechos o reconvertidos en patios secadores de café o maíz , hombros de carreteras utilizados como parqueos de carros chocados, llanterías, pupuserías o ventas de coco helado. ¿ Y la señalización? ¡Ay, la señalización! Algunas veces es necesario jugar a la "INTUICIÓN" de Willie Maldonado: "ERA MALA" puede ser: "FRONTERA GUATEMALA".

"..ERA...OY", "FRONTERA EL POY". Y así.

Ahora que muchos salvadoreños aprovecharán las vacaciones de agosto para descansar en Guatemala, valdría la pena observar la diferencia entre nuestras carreteras y las del vecino país. A mí me pasó hace poco: al solo pasar la frontera uno nota que está en otro país. Las carreteras de "Guate" dan gusto; modestas pero decentes: sin baches, bien señalizadas y ornamentadas, con buenos drenajes y derechos de vía limpios y adecuados. Si nuestras carreteras -más anchas y modernas que las de "Chapinlandia"- son un monumento permanente al abandono, allá son un verdadero ejemplo de eficiencia. La diferencia se llama: Fondo Vial.

En Guatemala, al igual que en el resto de países centroamericanos y algunos de Asia y Latinoamérica, el Fondo de Conservación Vial ha sido la solución para resolver los problemas derivados de una red vial en constante deterioro. En esos países la conclusión ha sido la misma: si los fondos de los que dispone el gobierno para el mantenimiento de carreteras y caminos son siempre mucho menores al grado y velocidad con que éstos se deterioran, es necesario encontrar un mecanismo eficiente y transparente que capte e invierta recursos destinados exclusivamente para el mantenimiento preventivo de las obras ya ejecutadas. Ese es el FOVIAL.

Veamos el caso nuestro: si el país dispone de $190 millones para mantener nuestras vías de acceso pero la demanda real es de $ 800 millones -sin contar con "pequeños" imprevistos como terremotos, tormentas tropicales, una que otra negligencia de algún contratista, etc.-, por más que hagan micos y pericos, nuestra red vial seguirá con cara de agonía. Además, a los salvadoreños, todos, el asunto nos cuesta un ojo de la cara. La CEPAL-GTZ ha calculado que en El Salvador el impacto económico de no contar con una red vial en buen estado alcanza el 2% del Producto Interno Bruto (2,107.4 millones de colones en 1998). Un informe del MOP concluye que, si El Salvador creció a tasas menores del 3% anual -como ha sido el caso en los últimos dos años-, "dicho crecimiento ha sido absorbido por los sobrecostos derivados de la red vial en mal estado". Visto de otra forma, si el "Mitch" le costó al país 5,560 millones, eso quiere decir que sólo en concepto de carreteras mal mantenidas, al país lo golpea un "Mitch" cada dos años y medio.

El Fondo Vial no puede esperar. Este es un negocio en el que todos ganamos: los ciudadanos ahorramos en los costos y en la operación de nuestros vehículos, en el nivel de seguridad y en la comodidad. La población en general tiene más accesibilidad a centros de producción agrícola, industrial, así como a centros educativos y de salud (la inaccesibilidad margina, la accesibilidad desarrolla). Los productores reducen sus costos de operación y aumentan su competitividad, beneficiándonos de ello los consumidores. Las exportaciones aumentan. El empleo crece. La economía del país se dinamiza y nos metemos a la globalización como Dios manda.

Aquí en El Salvador nadie con dos dedos de frente ha cuestionado el Fondo Vial; de hecho, su ley de creación ya fue aprobada y el FOVIAL ha sido integrado. En lo que no se han puesto de acuerdo es en su financiamiento. El punto no es tanto ¿quién paga la cuenta? -en todas partes del mundo el que paga la cuenta es el que usa las carreteras- , si no ¿de dónde se va a sacar para pagar la cuenta?

En otros países el financiamiento proviene de un impuesto vinculado a la venta de la gasolina y el diesel. En Guatemala, es un quetzal por galón de combustible. Aquí se discutió un recargo a la gasolina en momentos en que ésta alcanzaba precios récord y, como era de esperar, la Asamblea no lo aprobó, dejando al Fondo Vial sólo con el "Vial", pero sin el "Fondo".

El tiempo pasa y las carreteras y caminos del país continúan en su deterioro natural. Los ciudadanos, cansados de pagar tantas tasas, recargos e impuestos, difícilmente soltaríamos un peso más de lo que ya pagamos, así fuese por una buena y necesaria razón como la del Fondo Vial. Sin embargo, percibo que si el gobierno posa su mirada en el subsidio al diesel -que también sale de nuestros bolsillos y que en la práctica ha demostrado ser un instrumento poco transparente y eficiente- y lo replantea y reorienta de manera tal que contribuya al financiamiento del FOVIAL, seguramente todos estaríamos más dispuestos a contribuir con este mecanismo de conservación vial tan necesario y urgente para el país.


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