Sentido
común
FOVIAL: un fondo sin
fondos
RICARDO
RIVAS
Pareciera
ser que en El Salvador, para disfrutar de una
carretera segura y bien señalizada, hay
que pasar por ella en los primeros seis meses
después de su inauguración. Luego,
aquello se convierte en un desbarajuste: baches
por doquier, vallas separadoras convertidas en
chiribisqueros, derechos de vía desechos
o reconvertidos en patios secadores de
café o maíz , hombros de
carreteras utilizados como parqueos de carros
chocados, llanterías, pupuserías o
ventas de coco helado. ¿ Y la
señalización? ¡Ay, la
señalización! Algunas veces es
necesario jugar a la "INTUICIÓN" de
Willie Maldonado: "ERA MALA" puede ser:
"FRONTERA GUATEMALA".
"..ERA...OY", "FRONTERA EL POY". Y
así.
Ahora que muchos salvadoreños
aprovecharán las vacaciones de agosto
para descansar en Guatemala, valdría la
pena observar la diferencia entre nuestras
carreteras y las del vecino país. A
mí me pasó hace poco: al solo
pasar la frontera uno nota que está en
otro país. Las carreteras de "Guate" dan
gusto; modestas pero decentes: sin baches, bien
señalizadas y ornamentadas, con buenos
drenajes y derechos de vía limpios y
adecuados. Si nuestras carreteras -más
anchas y modernas que las de "Chapinlandia"- son
un monumento permanente al abandono, allá
son un verdadero ejemplo de eficiencia. La
diferencia se llama: Fondo Vial.
En Guatemala, al igual que en el resto de
países centroamericanos y algunos de Asia
y Latinoamérica, el Fondo de
Conservación Vial ha sido la
solución para resolver los problemas
derivados de una red vial en constante
deterioro. En esos países la
conclusión ha sido la misma: si los
fondos de los que dispone el gobierno para el
mantenimiento de carreteras y caminos son
siempre mucho menores al grado y velocidad con
que éstos se deterioran, es necesario
encontrar un mecanismo eficiente y transparente
que capte e invierta recursos destinados
exclusivamente para el mantenimiento preventivo
de las obras ya ejecutadas. Ese es el
FOVIAL.
Veamos el caso nuestro: si el país
dispone de $190 millones para mantener nuestras
vías de acceso pero la demanda real es de
$ 800 millones -sin contar con "pequeños"
imprevistos como terremotos, tormentas
tropicales, una que otra negligencia de
algún contratista, etc.-, por más
que hagan micos y pericos, nuestra red vial
seguirá con cara de agonía.
Además, a los salvadoreños, todos,
el asunto nos cuesta un ojo de la cara. La
CEPAL-GTZ ha calculado que en El Salvador el
impacto económico de no contar con una
red vial en buen estado alcanza el 2% del
Producto Interno Bruto (2,107.4 millones de
colones en 1998). Un informe del MOP concluye
que, si El Salvador creció a tasas
menores del 3% anual -como ha sido el caso en
los últimos dos años-, "dicho
crecimiento ha sido absorbido por los
sobrecostos derivados de la red vial en mal
estado". Visto de otra forma, si el "Mitch" le
costó al país 5,560 millones, eso
quiere decir que sólo en concepto de
carreteras mal mantenidas, al país lo
golpea un "Mitch" cada dos años y
medio.
El Fondo Vial no puede esperar. Este es un
negocio en el que todos ganamos: los ciudadanos
ahorramos en los costos y en la operación
de nuestros vehículos, en el nivel de
seguridad y en la comodidad. La población
en general tiene más accesibilidad a
centros de producción agrícola,
industrial, así como a centros educativos
y de salud (la inaccesibilidad margina, la
accesibilidad desarrolla). Los productores
reducen sus costos de operación y
aumentan su competitividad,
beneficiándonos de ello los consumidores.
Las exportaciones aumentan. El empleo crece. La
economía del país se dinamiza y
nos metemos a la globalización como Dios
manda.
Aquí en El Salvador nadie con dos
dedos de frente ha cuestionado el Fondo Vial; de
hecho, su ley de creación ya fue aprobada
y el FOVIAL ha sido integrado. En lo que no se
han puesto de acuerdo es en su financiamiento.
El punto no es tanto ¿quién paga la
cuenta? -en todas partes del mundo el que paga
la cuenta es el que usa las carreteras- , si no
¿de dónde se va a sacar para pagar
la cuenta?
En otros países el financiamiento
proviene de un impuesto vinculado a la venta de
la gasolina y el diesel. En Guatemala, es un
quetzal por galón de combustible.
Aquí se discutió un recargo a la
gasolina en momentos en que ésta
alcanzaba precios récord y, como era de
esperar, la Asamblea no lo aprobó,
dejando al Fondo Vial sólo con el "Vial",
pero sin el "Fondo".
El tiempo pasa y las carreteras y caminos del
país continúan en su deterioro
natural. Los ciudadanos, cansados de pagar
tantas tasas, recargos e impuestos,
difícilmente soltaríamos un peso
más de lo que ya pagamos, así
fuese por una buena y necesaria razón
como la del Fondo Vial. Sin embargo, percibo que
si el gobierno posa su mirada en el subsidio al
diesel -que también sale de nuestros
bolsillos y que en la práctica ha
demostrado ser un instrumento poco transparente
y eficiente- y lo replantea y reorienta de
manera tal que contribuya al financiamiento del
FOVIAL, seguramente todos estaríamos
más dispuestos a contribuir con este
mecanismo de conservación vial tan
necesario y urgente para el país.