Martes 17 de julio de 2001


Tema del momento
La lucha es larga, comencemos ya
Francisco Díaz Rodríguez*

Quienes hablando de la delincuencia dicen "no se puede más, esto ya es invivible", por desgracia se equivocan: puede ser peor y tendremos que seguir viviéndolo. Ejemplos hay muchos, cercanos y lejanos, con nuestra querida Colombia a la cabeza. Y las cosas serán tanto más graves, cuanto más tardemos en hacer lo que se debe, como se debe, empecinados sólo en lo legal. El problema es tan grave y de tal complejidad y tamaño, que se requieren acciones coordinadas de carácter nacional para enfrentarlo.

Hasta agosto de 1995, según lo expuse ante los ministros de Defensa y de Seguridad Pública del momento, las acciones de respuesta eran cuatro: del gobierno, reforzar a la PNC con el Ejército; de los políticos, endurecer las penas y lanzar una "ley especial" que de nada sirvió; las alcaldías, reeditar mediante ordenanzas, que tampoco sirvieron, las obsoletas leyes de peligrosidad y contra la vagancia; de la sociedad, medidas de autodefensa que iban desde cerrar colonias, calles o pasajes, hasta la tenebrosa "Sombra Negra". Seis años después, sólo podríamos agregar los programas de prevención social del delito, una acción policial más decidida y la depuración parcial de la PNC y de la FGR.

Es claro que todo eso ha sido insuficiente. ¿Qué debemos hacer entonces? Sin pretender la última palabra ni incluir los temas socio económicos de fondo, me atrevo a proponer diez grandes líneas de acción.

Primera. Compromiso nacional de recuperación de los valores cívicos y la probidad. Liderado por el Presidente de la República, se trata de una gigantesca acción de divulgación, promoción y reconocimiento a la práctica de valores cívicos y probidad, involucrando a todas las esferas dirigenciales del Gobierno central, de los gobiernos locales y de la sociedad en general en todo el país: ministros, diputados, magistrados, jueces, concejales, autónomas, partidos políticos, militares de todo rango; Iglesia Católica e iglesias cristianas de toda denominación; dueños y directores de medios de comunicación; periodistas y editorialistas; comunidad universitaria en general; gremios e instituciones de la empresa privada; colegios y gremios profesionales; organizaciones civiles privadas de todo tipo; cooperativas, sindicatos e instituciones de trabajadores públicos y privados; clubes de servicio, organizaciones deportivas, estudiantiles y juveniles de toda especie.

Segunda. Combate a la corrupción. El Estado debe esclarecer públicamente el meollo de los numerosos y graves escándalos de todo tipo que han quedado como si nada, y perseguir y juzgar a sus responsables. Deben crearse las figuras penales que indica la Convención Interamericana contra la Corrupción, recientemente suscrita, e investigarse con especial atención el contrabando, el narcotráfico y el lavado de dinero, en donde se sabe están involucradas altas personalidades.

Tercera. Operación caminante. El patrullaje conjunto de la PNC y el Ejército se debe generalizar a escala nacional, con procedimientos claros, por tiempo definido y sometido a supervisión de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos.

Cuarta. Inversión y reingeniería en la FGR. La estructura organizacional de la FGR sigue siendo la misma de antes de las reformas constitucionales de 1991 y legales de 1998; se debe reestructurar íntegramente de acuerdo con la realidad legal y funcional actual. Un plan intensivo de capacitación para agentes fiscales en técnicas de investigación fiscal del delito, y de selección y capacitación de nuevos fiscales, es urgente, lo mismo que mejorar instalaciones y equipos.

Quinta. Tecnificación de la PNC. Una plan semejante, de emergencia, concentrado especialmente en la calificación técnica y ética del personal, con énfasis en la investigación del delito, es igualmente urgente en la PNC.

Sexta. Información estadística. A la fecha no existe un solo sistema fiable, consistente y adecuado para recoger, medir e investigar el fenómeno de la delincuencia. ¿Increíble, verdad?

Séptima. Reingeniería judicial. La eficiencia judicial necesaria no será posible mientras no se modifiquen las macro y las micro estructuras administrativas actuales, y mientras no exista una auténtica carrera judicial, administrada apropiadamente, temas sobre los cuales he abundado antes.

Octava. Los programas de prevención social del delito, como el que desarrolla el Consejo Nacional del Seguridad Pública, con énfasis en la juventud, deben profundizarse y generalizarse en todo el país.

Novena. Las leyes penales deben ser revisadas de manera integral y técnica, consultando a jueces, fiscales, acusadores, policías, defensores públicos y privados, víctimas, instituciones y programas de asistencia legal y facultades de Derecho. No se debe continuar con reformas atomizadas y a la carrera.

Décima. Sistema penitenciario. Los retrocesos ocurridos desde la supresión del Ministerio de Justicia se deben revertir, y se debe invertir esfuerzo y dinero para que las cárceles lleguen a ser instrumentos de readaptación social, no lo que son ahora.

Hemos perdido y estamos perdiendo tanto tiempo, que en defensa de la transición democrática, bien vale parafrasear una expresión célebre de Camilo Torres: "La lucha es larga, comencemos ya".


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