Martes 17 de julio de 2001


La Nota del Día
 

Guardando droga en vez de destruirla

Ha sido proverbial que cuando las autoridades capturan ladrones y les quitan lo robado, las víctimas sólo en raras ocasiones recuperan todo lo que perdieron. Y con harta frecuencia, ni siquiera una aguja

Era de esperarse. Parte de un alijo de droga que estaba en depósito en un tribunal se esfumó, fechoría por la que se investiga al personal del juzgado. Con frecuencia, vehículos, dinero, droga decomisada, artefactos y evidencias diversas desaparecen de los tribunales, lo que entorpece juicios y favorece a criminales.

Lo que a muchos nos sorprende es que se guarde droga en los tribunales, en vez de ser destruida con la mayor brevedad, después de certificar su cuantía, naturaleza, valor estimado y origen. Tan prueba debe ser un kilo de cocaína, como el documento testimonial y autenticado de que el estupefaciente se encontró, se pesó y se destruyó.

Muchos recuerdan una famosa y excelente película de hace años, "Contacto en Francia", que trata de la captura de un cargamento de heroína y varios de los contrabandistas, después de persecuciones, tiroteos, mucha inteligencia investigativa y los usuales muertos. Lo que no aparece en la cinta, sin embargo, es que al cabo de tantas peripecias, la droga terminó siendo robada del cuartel de policía a donde la llevaron.

Las tentaciones que esa clase de decomisos presenta son irresistibles. A partir del momento en que guardan estupefacientes en el tribunal, sobra gente que maquina cómo robarla, incluyendo los capos que la movían. El decomiso se convierte, por culpa de disposiciones legales tan poco sensatas, en una papa caliente para todos.

Por desgracia sucede lo mismo con casi todo decomiso. Ha sido proverbial que cuando las autoridades capturan ladrones y les quitan lo robado, las víctimas sólo en raras ocasiones recuperan todo lo que perdieron. Y con harta frecuencia, ni siquiera una aguja. El principio aquel de "ladrón que roba a ladrón merece cien años de perdón" se aplica con rigor, pero a costa de los ciudadanos perdidosos.

En vez de divagarse con ocurrencias, como lo del polarizado, el aparato de seguridad debería abocarse a esta clase de irritantes problemas. Se tiene que legislar para que una vez documentado un decomiso, no sea necesario guardarlo físicamente. Lo segundo, idear controles para que se anote lo que cae en las capturas, para evitar que lo rescatado no desaparezca. Es inaudito que haya policías que juzguen como propio lo que pertenece a otros. Las víctimas de los asaltos salen dos veces trasquiladas.

Pagando rescate por automóviles robados

Piénsese en lo que sucede con los automóviles robados. En vez de devolverlos de inmediato a sus dueños, los remiten a predios donde otros ladrones los van limpiando de cuanta cosa pueden acarrear. Radiocaseteras, pertenencias diversas, adornos, baterías, etcétera, desaparecen; mientras más tiempo pasan en el predio, antes de conciliar con los criminales, el dueño de un auto robado sufre pérdidas terribles.

Se llegó al colmo en esto que las autoridades nicaragüenses exigen una especie de rescate para devolver un automóvil robado a sus dueños. En una época el pago era superior a los dos mil dólares, pero por gestiones entre gobiernos accedieron a bajarlo por debajo de mil, sin que haya ni fundamentos legales ni menos morales, para tal proceder. En otros casos, automóviles robados en El Salvador circulan con libertad en otros países centroamericanos, siendo una difícil empresa recuperarlos. Se dio el caso de un auto robado que se le quitó a un funcionario, que protestó vehementemente por tan grande barbaridad, ya que él "lo había comprado en un lote".


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