La
Nota del Día
Guardando droga en vez de
destruirla
Ha sido proverbial que cuando las
autoridades capturan ladrones y les quitan lo
robado, las víctimas sólo en raras
ocasiones recuperan todo lo que perdieron. Y con
harta frecuencia, ni siquiera una aguja
Era de esperarse. Parte de un alijo de droga
que estaba en depósito en un tribunal se
esfumó, fechoría por la que se
investiga al personal del juzgado. Con
frecuencia, vehículos, dinero, droga
decomisada, artefactos y evidencias diversas
desaparecen de los tribunales, lo que entorpece
juicios y favorece a criminales.
Lo que a muchos nos sorprende es que se
guarde droga en los tribunales, en vez de ser
destruida con la mayor brevedad, después
de certificar su cuantía, naturaleza,
valor estimado y origen. Tan prueba debe ser un
kilo de cocaína, como el documento
testimonial y autenticado de que el
estupefaciente se encontró, se
pesó y se destruyó.
Muchos recuerdan una famosa y excelente
película de hace años, "Contacto
en Francia", que trata de la captura de un
cargamento de heroína y varios de los
contrabandistas, después de
persecuciones, tiroteos, mucha inteligencia
investigativa y los usuales muertos. Lo que no
aparece en la cinta, sin embargo, es que al cabo
de tantas peripecias, la droga terminó
siendo robada del cuartel de policía a
donde la llevaron.
Las tentaciones que esa clase de decomisos
presenta son irresistibles. A partir del momento
en que guardan estupefacientes en el tribunal,
sobra gente que maquina cómo robarla,
incluyendo los capos que la movían. El
decomiso se convierte, por culpa de
disposiciones legales tan poco sensatas, en una
papa caliente para todos.
Por desgracia sucede lo mismo con casi todo
decomiso. Ha sido proverbial que cuando las
autoridades capturan ladrones y les quitan lo
robado, las víctimas sólo en raras
ocasiones recuperan todo lo que perdieron. Y con
harta frecuencia, ni siquiera una aguja. El
principio aquel de "ladrón que roba a
ladrón merece cien años de
perdón" se aplica con rigor, pero a costa
de los ciudadanos perdidosos.
En vez de divagarse con ocurrencias, como lo
del polarizado, el aparato de seguridad
debería abocarse a esta clase de
irritantes problemas. Se tiene que legislar para
que una vez documentado un decomiso, no sea
necesario guardarlo físicamente. Lo
segundo, idear controles para que se anote lo
que cae en las capturas, para evitar que lo
rescatado no desaparezca. Es inaudito que haya
policías que juzguen como propio lo que
pertenece a otros. Las víctimas de los
asaltos salen dos veces trasquiladas.
Pagando rescate por
automóviles robados
Piénsese en lo que sucede con los
automóviles robados. En vez de
devolverlos de inmediato a sus dueños,
los remiten a predios donde otros ladrones los
van limpiando de cuanta cosa pueden acarrear.
Radiocaseteras, pertenencias diversas, adornos,
baterías, etcétera, desaparecen;
mientras más tiempo pasan en el predio,
antes de conciliar con los criminales, el
dueño de un auto robado sufre
pérdidas terribles.
Se llegó al colmo en esto que las
autoridades nicaragüenses exigen una
especie de rescate para devolver un
automóvil robado a sus dueños. En
una época el pago era superior a los dos
mil dólares, pero por gestiones entre
gobiernos accedieron a bajarlo por debajo de
mil, sin que haya ni fundamentos legales ni
menos morales, para tal proceder. En otros
casos, automóviles robados en El Salvador
circulan con libertad en otros países
centroamericanos, siendo una difícil
empresa recuperarlos. Se dio el caso de un auto
robado que se le quitó a un funcionario,
que protestó vehementemente por tan
grande barbaridad, ya que él "lo
había comprado en un lote".