Un buen
negocio
Un gol memorable de Paulo Wanchope y la
actuación del arquero tico Erick Lonnis
le dieron el lunes a Costa Rica un empate 1-1
con Uruguay que dejó casi clasificados a
ambos seleccionados.
EFE y
AP
Uruguay y Costa Rica igualaron hoy 1-1 un
partido iluminado por un golazo del
centroamericano Paulo Wanchope del que se
hablará durante mucho tiempo y que
dejará una marca inalterable en la Copa
América de Colombia 2001.
La
obra cumbre del moreno jugador del Manchester
City inglés en este torneo hizo levantar
de sus asientos al público que
asistió hoy al estadio Atanasio Girardot
y que le aplaudió durante todo el
encuentro y le ovacionó cuando, tras el
pitido final, se retiró a los
vestuarios.
El empate pone a ambos equipos en
situación de hacer planes para los
cuartos de final y supone un buen resultado para
Uruguay, que debió soportar los embates
de un ambicioso equipo costarricense, decidido a
dar la nota en esta competición.
El balón tardó 18 minutos en
llegar a una de las dos porterías, cuando
el portero costarricense Erick Lonis paró
un remate de cabeza de Carlos María
Morales que tenía destino de gol. El
mismo jugador uruguayo volvió a inquietar
a la defensa centroamericana al '25.
Antes de ello, Costa Rica había
logrado darle al balón un mejor destino
en el centro del campo, con dos o tres toques
cortos y la inmediata búsqueda de Medford
por la derecha y Wanchope por el centro,
abastecidos por Carlos Castro desde la banda
izquierda, donde el uruguayo Carlos Díaz
era fácilmente superado.
No obstante, los costarricenses se acercaron
poco y nada al portero rioplatense Gustavo
Munúa y flaquearon cuando los Morales,
Richard y Carlos María, lograron
vincularse futbolísticamente.
Golazo
Pero poco antes de la media hora de juego
Wanchope avisó que estaba dispuesto a
hacer un zafarrancho en el área uruguaya,
con dos entradas que casi terminan con choques
frontales entre los defensas centrales Sorondo y
Bizera.
Avisó
y cumplió, porque al ' 28 eludió
dos veces a la defensa de Uruguay en una jugada
individual como las que no se habían
visto hasta ahora en la Copa América, y
en la que los rivales pasaban a su lado sin
poder quitarle la pelota.
El toque de gracia de la gran obra de arte de
la jornada lo dio el delantero tico con un
remate suave, fino, delicado, como si tuviera un
guante y no una bota en su pie derecho, que
impulsó el balón sobre el palo
izquierdo de Munúa, que se había
adelantado desesperadamente para frenarle.
El balón lucía mejor en los
pies de los costarricenses, porque había
en ellos impulsos creativos, aunque no
prosperaran la mayor parte de sus intentos
ofensivos.
Presión
Lonnis volvió a lucirse al apurar a
Andrés Martínez y tapar con un pie
su remate de media vuelta hacia el final del
primer tiempo.
La presión de Uruguay rindió
dividendos a poco de comenzado el complemento,
en que la defensa tica marcó a los
grandotes en un centro de Rodrigo Lemos y
dejó que Carlos Morales anotase de cabeza
junto al segundo palo.
A esa altura Rolando Fonseca entró por
Medford y se convirtió en un verdadero
azote para la defensa uruguaya avanzando por la
derecha.
Su ingreso inclinó la balanza en favor
del equipo tico, que pudo haber ganado si
Fonseca y Gómez tenían mejor
puntería. Dos remates de Fonseca a poco
de ingresar y uno de Gómez desde
posiciones muy ventajosas salieron apenas
desviados.