Rolando
por ahí
¿Qué
harán hoy los diputados?
Rolando
Monterrosa
E-mail:
Rolando@elsalvador.com
Pese a que la mayoría de diputados de
oposición y oficialistas, dijo la semana
pasada que no apoyaría la Ley de Casinos,
aún se mueven las manitas en los pasillos
de palacio para "regular" (léase
legitimar) a los más recientes antros de
vicio, instalados en este país.
Todavía podrían salirse con la
suya los que están operando actualmente,
gracias a la complaciente voluntad de estos
"padres de la patria".
La ley que ya tiene el visto bueno de la
Comisión de Asuntos Municipales, hace la
salvedad de que en los casinos deberán
prevalecer "la moral, las buenas costumbres y
que no se causen perjuicios probados a la
comunidad".
Esto es casi como regular, bajo el mismo
principio, el funcionamiento de
prostíbulos, desnudos y semidesnudos de
las barra shows y otras actividades que
están, esencialmente, reñidas con
la moral y las buenas costumbres y que causan
daño a la comunidad.
En el caso de los casinos, el riesgo que
corre ésta no se limita al daño
directo que sufre el jugador compulsivo y su
familia, sino que también resulta
afectada la sociedad.
El juego de azar, según
estadísticas en Estados Unidos, ha
incrementado los hechos delictivos y los
suicidios. Los diarios reportan el caso de John
Lee, un estudiante de 19 años, del Saint
Paul College, quien perdió ocho mil
dólares en el casino "Jackpot Junction",
en Morton, Minnesota. El joven regresó a
su casa, se puso el cañón de una
escopeta en la boca y apretó el
gatillo.
En Minnesota, según informes locales,
a menos de una década de haber sido
legalizados los casinos, ha surgido una nueva
clase de delincuentes. Personas que nunca
habían violado la ley, están
cometiendo delitos tales como robos,
falsificaciones, prostitución,
narcotráfico e incurriendo en sobregiro y
mora de tarjetas de débito, para
financiar su adicción a los juegos de
azar.
También se corre el riesgo de ser
estafado y despojado. En Estados Unidos, las
tragaperras están bajo supervisión
estatal, para comprobar que los programas
computarizados que las hacen funcionar a
voluntad de los dueños, paguen premios
con una razonable mayoría de
posibilidades a los jugadores, en nuestro
país no hay garantía de que los
casinos no se queden con la tajada del
león.
¿Qué piensan hacer los diputados
hoy? ¿Pasar a la historia como la
tristemente célebre legislatura que
legalizó el juego y con ello
condenó a la ruina a millares de
personas? O. por el contario, ser bien
recordados como aquellos que cerraron las
puertas de un nuevo infierno.