Jueves 28 de junio de 2001


Rolando por ahí
¿Qué harán hoy los diputados?
Rolando Monterrosa

E-mail: Rolando@elsalvador.com

Pese a que la mayoría de diputados de oposición y oficialistas, dijo la semana pasada que no apoyaría la Ley de Casinos, aún se mueven las manitas en los pasillos de palacio para "regular" (léase legitimar) a los más recientes antros de vicio, instalados en este país. Todavía podrían salirse con la suya los que están operando actualmente, gracias a la complaciente voluntad de estos "padres de la patria".

La ley que ya tiene el visto bueno de la Comisión de Asuntos Municipales, hace la salvedad de que en los casinos deberán prevalecer "la moral, las buenas costumbres y que no se causen perjuicios probados a la comunidad".

Esto es casi como regular, bajo el mismo principio, el funcionamiento de prostíbulos, desnudos y semidesnudos de las barra shows y otras actividades que están, esencialmente, reñidas con la moral y las buenas costumbres y que causan daño a la comunidad.

En el caso de los casinos, el riesgo que corre ésta no se limita al daño directo que sufre el jugador compulsivo y su familia, sino que también resulta afectada la sociedad.

El juego de azar, según estadísticas en Estados Unidos, ha incrementado los hechos delictivos y los suicidios. Los diarios reportan el caso de John Lee, un estudiante de 19 años, del Saint Paul College, quien perdió ocho mil dólares en el casino "Jackpot Junction", en Morton, Minnesota. El joven regresó a su casa, se puso el cañón de una escopeta en la boca y apretó el gatillo.

En Minnesota, según informes locales, a menos de una década de haber sido legalizados los casinos, ha surgido una nueva clase de delincuentes. Personas que nunca habían violado la ley, están cometiendo delitos tales como robos, falsificaciones, prostitución, narcotráfico e incurriendo en sobregiro y mora de tarjetas de débito, para financiar su adicción a los juegos de azar.

También se corre el riesgo de ser estafado y despojado. En Estados Unidos, las tragaperras están bajo supervisión estatal, para comprobar que los programas computarizados que las hacen funcionar a voluntad de los dueños, paguen premios con una razonable mayoría de posibilidades a los jugadores, en nuestro país no hay garantía de que los casinos no se queden con la tajada del león.

¿Qué piensan hacer los diputados hoy? ¿Pasar a la historia como la tristemente célebre legislatura que legalizó el juego y con ello condenó a la ruina a millares de personas? O. por el contario, ser bien recordados como aquellos que cerraron las puertas de un nuevo infierno.


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